“Sólo las universidades innovadoras y flexibles avanzarán en el escenario que plantea el Estatuto del Estudiante”

Previsiblemente el año que viene quedará aprobado el Estatuto del Estudiante. Un nuevo marco regulatorio cuyo principal objetivo es otorgar un papel activo al estudiante dentro de la vida universitaria. Producto del paso que la universidad ha experimentado hacia Bolonia, la creación del Consejo del Estudiante Universitario será el aspecto más fundamental que conlleve su aprobación.

Será al año que viene, o al menos eso es lo que se espera en la comunidad universitaria docente y estudiantil. La aprobación del Estatuto del Estudiante prevista para el pasado 23 de diciembre se perdió entre las prisas propias de las fechas y el anuncio de un inminente saqueo al bolsillo de los consumidores por parte de las eléctricas.

La aprobación de este nuevo marco regulatorio supone cumplir con uno de los objetivos principales de la Ley Orgánica de Modificación de la Ley de Universidades (LOMLOU) en lo que se refiere a la participación de los estudiantes en la política universitaria. Así, se ampliarán los derechos de los estudiantes universitarios y se recompensará su participación activa en la vida universitaria. Entre los aspectos más importantes que engloba dicho estatuto está la creación del primer órgano de participación de los estudiantes, el Consejo del Estudiante Universitario. Pero sobre todo, este estatuto es producto de la inmersión de la universidad española de lleno en el Espacio Europeo de Educación Superior.

Marta Arroyo, vicerrectora de la Universidad Europea de Madrid, resalta cómo gracias a este nuevo marco se define el papel que debe jugar el estudiante dentro de la universidad. De hecho, asegura, “se insiste en la importancia de que el estudiante sea sujeto activo dentro de su etapa de aprendizaje”. Hay que recordar que el Estatuto del Estudiante se enmarca en la aplicación completa del Espacio Europeo de Educación Superior en la universidad española, que confiere, precisamente, estos valores y principios de actuación del alumnado. Sin embargo, entre las múltiples novedades que incluye, se podría decir que existe un aspecto que se revela fundamental, y es la configuración como tal del Consejo del Estudiante Universitario, un marco en el que se definirán las nuevas relaciones entre los estudiantes, las administraciones —Administración General del Estado y autonómicas— y las propias instituciones universitarias. [Ver cursos de Gestión]

Este consejo constituye el primer órgano en el que estudiantes de las 72 universidades españolas y los representantes de las principales asociaciones de alumnos representarán a toda la comunidad universitaria ante las administraciones. “Hasta ahora no había habido un órgano que articulara su participación, y sobre todo que les diera voz. Y si, tal y como inspira Bolonia y el EEES, el estudiante debe adquirir importancia como sujeto activo y representa el centro de toda la actividad formativa, es necesario dotarle de voz”, afirma Arroyo.

Fiel reflejo del espíritu Bolonia en el que la universidad española se encuentra inmersa, el Consejo del Estudiante Universitario dará buena cuenta de las decisiones del Ejecutivo y de las propuestas del alumnado. Informará de aquellas políticas en materia universitaria que ponga en marcha el Gobierno, ejercerá como interlocutor del ante la comunidad de estudiantes universitario, y debatirá las propuestas de mejora y también las quejas del alumnado. Asimismo, servirá de cauce para que tanto el ministro de Educación como el secretario de Universidades se pronuncien sobre cualquier asunto que lo requieran, y además, el Ministerio de Educación lo tendrá como órgano de referencia de consulta, añadido al cuerpo de técnicos que ya dispone para esos menesteres.

Sin embargo, no sólo de dar voz a los estudiantes se trata. El Estatuto de los Estudiantes intentará reformar aspectos de la vida universitaria que todavía continúan amparados en regulación preconstitucional. Tal es el caso del Régimen de Disciplina Académica y el desarrollo del seguro escolar. Ambos asuntos siguen recogidos en marcos regulatorios preconstitucionales  -el Decreto de 8 de septiembre de 1954 y la Ordendel 11 de agosto de 1953, respectivamente-. “En estos casos, el estatuto no puede entrar a desarrollar nada, porque ambas temáticas precisan de normas con rango de ley para poder ser actualizadas y el estatuto posee rango de Real decreto”. Las intenciones de la administración son las de trabajar para desarrollar un proyecto de ley e iniciativas a las administraciones para actualizar estos aspectos”, asegura Arroyo.

Aspectos tangibles

Pero en donde se verá la eficacia del Estatuto será en aquellas propuestas que afecten de manera directa y práctica en la vida del estudiante. A propósito de esto, Arroyo recuerda el capítulo que se dedica en el documento al tema de las becas. Puntualiza que el Estatuto, a este respecto, habla de una forma bastante genérica. “Se incidirá en la progresividad de las mismas y sobre la situación socioeconómica del estudiante y de sus necesidades reales, se tratará de adecuar su suficiencia y se velará por su equidad”, explica. Sin embargo, Arroyo recuerda que, al fin y al cabo, la convocatoria de becas y ayudas dependen de su publicación por parte de la Administración estatal y autonómica, además, por supuesto, de la propia que generan las universidades.

En definitiva, el Estatuto del Estudiante es la ley que seguirá la administración y la universidad como institución para incorporar al estudiante a la gestión el desarrollo de las universidades; “es Bolonia, es el Espacio Europeo de Educación Superior, es el desarrollo del papel del estudiante en ese nuevo espacio educativo”. Arroyo considera un buen síntoma la puesta en marcha de régimen que potencia el papel de los estudiantes. Sin embargo, advierte, el resultado dependerá de si “la universidad ha trabajado, trabaja  y que lo haga en un futuro de acuerdo con los principios y valores por los que se rige el EEES”. Arroyo enumera que sólo aquellas universidades ágiles, innovadoras, flexibles; que, además, desde la dirección se comprometan con este modelo, con este nuevo tipo de formación competencial, conseguirán avanzar en el desarrollo de este nuevo escenario que incorpora nuevos actores”,  plantea. “Si la universidad desde su dirección proyecta este mensaje y trabaja en esta dirección, el mensaje calará entre los estudiantes”, aventura.

Para ello será necesario que los planes de formación del profesorado se lleven a cabo; “es fundamental dar el paso de la enseñanza al aprendizaje. Es saber manejarse en inglés, la práctica obligatoria, fomentar la acción tutorial, la movilidad internacional, incidir en la cooperación al desarrollo. Son muy importantes esas metodologías en las que el alumno piense cómo se resuelve un problema, un caso; es necesario activar al estudiante”. Y para que el estudiante sea un sujeto activo hay que formarle. Ahora sólo hay que espera a que la universidad española dé la talla.

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