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Queremos aprovechar las vacaciones con tanto frenesí que al final no descansamos

En lo próximos días millones de españoles se reincorporarán a sus puestos de trabajo con la desagradable sensación de que no han descansado. Y es que, obsesionados con aprovechar las vacaciones, muchos habrán apretado al máximo su agenda de actividad

Publicado en Histórico Noticias
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Los psicólogos aseguran que el estrés vacacional es un trastorno adaptativo natural que se produce por el cambio brusco que supone pasar del relax vacacional a las exigencias que implica volver a asumir las responsabilidades y rutina de nuestra vida diaria. Es cierto que existe un fundamento psicológico y se dan una serie de síntomas como la ansiedad o la desmotivación.



Esta reacción emocional es lógica ya que durante el período vacacional se pierde la rigidez de la vida cotidiana y después es necesario un período de adaptación para ajustarse de nuevo a la disciplina de los horarios y las obligaciones. Este trastorno adaptativo no lo sufren todas las personas, depende un poco de la situación en la que se encuentren.



Si este período de desajuste perdura en el tiempo, habría que analizar si hay otro causante del estrés, ya que este estado no sería debido a las vacaciones sino a otro problema subyacente que existía antes de irnos. Podríamos estar sufriendo estrés laboral. Ante este problema, consideran los psicólogos, sería importante buscar posibles soluciones para que la situación no se vuelva crónica y no lleve a padecer otro tipo de trastornos psicológicos más graves como la depresión o la ansiedad, además de los problemas físicos que están relacionados con las situaciones de estrés mantenido.



Llenar el día de actividades


Desde ISEP afirman que en los últimos años intentamos aprovechar de tal modo el período vacacional que incluso apretamos la agenda más que cuando estamos en nuestra vida normal. Esta situación tiene consecuencias evidentes: añade estrés y hace que las vacaciones pierdan su función esencial de descanso y divertimento.



Además, a todo esto hay que sumar las consecuencias de vivir durante el período vacacional colas interminables en aeropuertos, retenciones en carretera, aglomeraciones en playas o restaurantes.


Con todo esto, lo más aconsejable a nivel psicológico y emocional es no tomarse períodos de descanso excesivamente largos. Es mejor distribuir las vacaciones -con períodos no más largos de quince días-, lo cual permite a uno  desconectar al tiempo que no supondrá un período de desajuste tan brusco a la vuelta. También es importante quitarse de la cabeza el tener que realizar numerosas actividades, ya que esto, según los psicólogos, genera estrés y no descanso.  


 


Más información:



ISEP



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