Olvidar el móvil y el email: propósito veraniego ante el ‘Síndrome del Ejecutivo’

El mes de julio marca para la mayoría de trabajadores la llegada o la aproximación de las vacaciones. Pero frente a la no contenida alegría de muchos, se observa el desconsuelo de unos pocos. ¿Dónde está el problema? Se trata del llamado ‘Síndrome del Ejecutivo’, el miedo a abandonar el puesto de empleo ante el esfuerzo por controlar el volumen de trabajo que se pueden reencontrar después.

Las personas que sufren el ‘Síndrome del Ejecutivo’ “son ambiciosas y perfeccionistas, pero son gente triste y aburrida. Les da mucha pereza irse de vacaciones, por lo que no las planean hasta el último momento y cuando salen necesitan una gran actividad para olvidarse de la actividad del trabajo, con lo cual en vez de descansar se estresan todavía más”. Así los define Fernando Miralles, doctor en Psicología y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo-CEU, que da las claves para comprender las causas y consecuencias de esta dolencia, así como las medidas que hay que tomar para su superación.


 


Este problema, a pesar de lo que pueda pensarse, está cada vez más extendido. Sus raíces se encuentran en el actual modelo sociocultural y sus principales causas son el desconocimiento de nosotros mismos, la vida en una sociedad extremadamente competitiva en la que sólo se mide a la gente por su trabajo, estudios y perfil sociocultural; y el incumplimiento de nuestro horario laboral que logra inmiscuirse y comerse a la vida personal.


 


La gente que lo padece “está constantemente enganchada al móvil y mira el correo electrónico varias veces al día para estar conectada con su puesto de trabajo por el miedo a que cuando vuelva tenga que realizar un esfuerzo excesivo para volver a controlarlo”, apunta Miralles, que explica que ”por ello, en las reuniones con los amigos y familiares, su única conversación es hablar de su puesto de trabajo, de lo bien que se lo pasa en él y de lo coordinado que lo tiene todo”.


 


Estas personas, entre las posibles consecuencias, sufren de ansiedad, hipertensión, colesterol alto, problemas gastrointestinales, pérdida de cabello y dermatitis. Asimismo, son claros candidatos al denominado estrés posvacacional ante el miedo a lo que se van a encontrar a la vuelta al trabajo. El sentido de la vida está excesivamente basado en nuestro puesto de trabajo actual”, lamenta Miralles. “No hay discontinuidad entre trabajo, familia y vida personal, y esto va mermando la capacidad de la persona”, añade.


 


Para superar el ‘Síndrome del Ejecutivo’, Fernando Miralles recomienda tres cosas: “tener un momento de soledad a día” para separar la vida personal del trabajo e invertir algo de tiempo en nosotros mismos; independizarse del reloj durante las vacaciones –“que la persona se levante cuando ya no tiene sueño, se acueste cuando esté cansado y que coma cuando tenga hambre”, subraya-; y hacer gimnasia diaria, como mínimo durante quince minutos al día.


 


 


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Más información:


 


Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo-CEU


 


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