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“Los libros de texto tienen la sorprendente capacidad de inventar teorías científicas”

Tres prestigiosos docentes dieron ayer el pistoletazo de salida a un curso de la UPV/EHU que quiere hacer reflexionar sobre la educación científica. A modo de preámbulo, los ponentes han planteado graves cuestiones que derivan en un escenario muy poc

Publicado en Histórico Noticias
Foto de “Los libros de texto tienen la sorprendente capacidad de inventar teorías científicas”

El 31 de octubre de 1992 Juan Pablo II rehabilitaba las teorías de Galileo, 359 años después de que fuera condenado. Este dato, por muy curioso que pudiera parecer, se sustenta en una idea, “aún hoy vigente”, que relega a la ciencia a un segundo plano “en ese falso debate entre el humanismo y el conocimiento científico”. “No hay diferencias entre humanismo y ciencia. Transmitir a la sociedad la importancia de la ciencia es fundamental para el desarrollo de nuestras sociedades, para la democracia”.


 


Estas palabras, pronunciadas por Jenaro Guisasola y Félix Ares y acompañadas por la exposición posterior del astrónomo Bernat Martínez titulada “¿Para que puede servir la educación en la astronomía?”, han servido ayer para inaugurar el curso ‘Educación Científica para un Mundo Global’ organizado por los XXV Cursos de Verano de la UPV/EHU en colaboración con Miramón Kutxaespacio de la Ciencia.


 


Según Martínez, “la astronomía cumple el cometido de aunar ciencia y humanismo”. La astronomía, como “la ciencia que estudia lo más grande”, se acerca al conocimiento de lo cotidiano: “todo el mundo sabe algo sobre astronomía porque lo ha observado, porque está ahí”. Pero, “¿qué tipo de astronomía conocemos? ¿Cómo la hemos aprendido?”.


 


En palabras de este asesor pedagógico, “los libros de texto actuales no favorecen la observación astronómica”. Un estudio realizado por Martínez para el Centro de Profesores de Alicante (CEFIRE) muestra  como “los libros de texto tienen la sorprendente capacidad de construir e inventar teorías científicas que no son ciertas”. “Se intenta engañar a los alumnos”. La terminología que se utiliza en muchos de estos libros, por ejemplo, está basada en “ideas de observación espontánea”. “Muchos libros de texto confunden altura con distancia. Dan a entender que el calentamiento de la tierra depende de la cercanía del sol, y esto no es cierto”. Los puntos de vista (de una brújula, de un mapa) que se dibujan en estos textos también contiene “grandes errores”: “las brújulas se utilizan en horizontal para abarcar las tres dimensiones; los libros de texto la dibujan en dos y de una manera incorrecta. Se puede dibujar de una manera frontal, desplegada”.


 


Conocer significa analizar, razonar y transmitir ideas con eficacia. Esta es una de las máximas del proyecto educativo PISA. Este objetivo, según este asesor pedagógico, debe de ser completado con la búsqueda de nuevos métodos de aprendizaje que favorezcan el cambio de actitudes respecto a las ciencias. “Los niños muestran un interés casi generalizado para con las ciencias pero este interés, con los años de escolaridad, se va haciendo cada vez más negativo”.


 


Y es que según Martínez “el aprendizaje tiene que ser una actividad consciente”, una actividad que empieza por el contexto y basada en la observación. “La educación científica sirve para conocer y participar en debates históricos cruciales”.


 


“Representamos modelos de hace 200 años”. Según Martínez la educación científica que transmitimos a nuestros más jóvenes tiene más de superstición que de racional. Martínez critica la “falta de implicación” de los padres y los profesores en este proceso: “los entornos familiares no despiertan el interés por las ciencias y los profesores no ayudan a reflexionar sobre lo aprendido”. Martínez reconoce que es sencillo equivocarse a la hora de ofrecer las pautas observacionales necesarias para generar conocimiento científico, pero la razón de ser de esta carencia la sitúa en “la falta de interés en fomentar la capacidad de observación y análisis a nuestros jóvenes”.