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Los investigadores españoles no son valorados por su propio país pero sí por los de acogida

Según el estudio anual INNOVACEV, la situación en la que se encuentran los científico de nuestro país no es nada fácil. España no parece saber valorarles y la única escapatoria es desarrollar una carrera prometedora en el extranjero, donde apoyan la

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Si los científicos españoles fueran examinados dos veces con un mismo examen y con diferentes jueces, no sacarían la misma nota. Y es que su labor, ya sea por ignorancia o por desconocimiento, pasa totalmente desapercibida por su propio país, que le otorga un suspenso de un 4,1. Esta es la razón por la que muchos de ellos prefieren desarrollar su carrera en el extranjero y la prueba está en que los países de acogida les aprueban con un 6,1. Esta infravaloración es una de las principales conclusiones del estudio anual INNOVACEV, realizado por el Centro de Estudios Financieros (CEF) en colaboración con la Federación de Jóvenes Investigadores Precarios.


 


“El hecho de ampliar el índice a nuestros científicos en el extranjero nos ha permitido comparar el grado de confianza entre ambos colectivos, conocer los aspectos en los que surgen las principales diferencias y el tamaño de las mismas, poner de manifiesto de qué son capaces los científicos españoles cuando trabajan en las mismas condiciones que sus homólogos de otros países y constatar el alto incentivo que tienen los científicos españoles a marcharse al extranjero y sus  escasas posibilidades de regresar. Todo ello, reconociendo la importancia de que se formen y trabajen en entornos exteriores competitivos, pero también tratando de contribuir a que se impulsen las medidas necesarias para su retorno”, explica Pedro Aceituno, Coordinador de Estudios de Investigación del CEF y principal impulsor de INNOVACEF.


 


Por Comunidades Autónomas Galicia (4,6), Cataluña y Valencia (4,3) son las que más confianza muestran en sus profesionales de I+D+I a pesar de no conseguir el aprobado. Una notas muy inferiores teniendo en cuenta que los suizos, ingleses y estadounidenses otorgan una nota media de 6 a los españoles allí afincados.


 


España a la cola


 


Y es que el contexto en el que se desenvuelven estos profesionales nada tiene que ver con el que España les ofrece. La mayor parte de los ellos se traslada a EE.UU o a cualquier país de la Unión Europea, donde los indicadores de financiación, organización de personal, mercados y cooperación y nuevos desarrollos son aspectos muy bien valorados. Sin embargo la financiación privada, las patentes y la acción comercial son cuestiones que, a juicio de los españoles, deben mejorar sus países de acogida, ya que, según recoge el estudio, no consiguen pasar del 5.


 


La clave de esta enrevesada situación reside en la formación, cuya calidad y nivel en el extranjero no encuentra parangón alguno con España, al igual que las expectativas laborales. Y es que cualquier país de la UE realiza mayores inversiones en investigación además de colaborar con otras entidades, lo que se traduce en un trabajo más productivo que propicia grandes beneficios para los países que los contratan.


 


Para Aceituno los resultados del estudio son demoledores y se pueden sintetizar básicamente en que en el extranjero apoyan más a nuestros científicos, y están obteniendo y van a obtener mejores resultados de ellos, lo que provocará que continúe la tradicional fuga de cerebros españoles al extranjero. Deberíamos fortalecer las Oficinas de Transferencia de Resultados y ayudar a nuestros jóvenes investigadores con una mayor formación y diseñándoles una carrera profesional adecuada, que permitiera aprovechar el  conocimiento que están alcanzando en beneficio de la economía y la sociedad española”.


 


En lo que sí ha mejorado España, respecto a años anteriores, es en contratación, cuyas expectativas laborales son mayores. Aún así Aceituno se muestra cauto ya que “siguen existiendo grandes dificultades para que los jóvenes investigadores accedan a una beca o un contrato postdoctoral. Persiste el círculo vicioso, por el cual conforme se va necesitando personal investigador se emplea a nuevos becarios que, por un menor salario, continúan con el trabajo que estaban realizando sus antecesores hasta que alcanzaron el título de doctorado. Prácticamente, las únicas alternativas para los nuevos doctores son la precariedad laboral en España o continuar dicha carrera en otros países, que son los grandes beneficiarios del esfuerzo investigador español, en una cuestión difícilmente entendible, si se pretende avanzar en la sociedad del conocimiento y superar lo antes posible la actual crisis económica”.


 


 


Más información:


 


Centro de Estudios Financieros (CEF)


 


 


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