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Los empleados tóxicos, un virus nocivo para la empresa

Conseguir un buen volumen de ventas, cuadrar las cuentas anuales o buscar nuevos mercados son algunos de los problemas más comunes a los que tiene que enfrentarse cualquier empresa y sus altos cargos. Como si la tarea no fuese lo suficientemente comp

Publicado en Histórico Noticias
Foto de Los empleados tóxicos, un virus nocivo para la empresa

La importancia de los recursos humanos en la gestión empresarial ha ido aumentando con el paso de los años hasta el punto que hoy en día es común escuchar a los directivos de grandes compañías promulgar frases como “nuestros trabajadores son nuestro activo más importante”,  “la clave del éxito reside en nuestros empleados” o “somos los buenos que nuestros trabajadores nos permiten ser”. Sin embargo, estas aseveraciones también esconden una verdad no tan positiva, y es que la gestión de estos equipos humanos se ha convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza para los altos cargos y para la propia organización. Al final, unos pocos empleados insatisfechos o descontentos pueden sembrar la semilla de la disconformidad en la empresa y enrarecer el ambiente de trabajo, el principal elemento para retener el talento dentro de la empresa según un informe de Catenon.  


 


Sin embargo, un estudio de la consultora Otto Walter, desvela lo fácil que puede llegar a ser que unos pocos trabajadores den al traste con estos esfuerzos gracias a su mala conducta. Son los llamados empleados ‘tóxicos’, que ‘envenenan’ el ambiente en la oficina y que un 90% de los jefes dice haber sufrido por lo menos en una ocasión. Cerca de 650 directivos y más de 3.000 experiencias han servido para elaborar ‘¿Cuáles son las conductas más desquiciantes de los empleados tóxicos?: Lo que los jefes no pueden contar de su día a día’, que expone siete grandes características que engloban el 97,2% de los comportamientos más indignantes y nefastos para cualquier organización.


 


El problema con estos ‘terroristas’ del empleo es que en muchos casos se trata de personas con un alto índice de productividad. Sin embargo, este dato puede resultar irrelevante si su actitud enturbia el ambiente laboral y hace descender el rendimiento de quienes lo rodean. Y para logarlo, nada mejor que estar constantemente creando disputas en la oficina. De hecho, los provocadores de conflictos figuran en el primer puesto de la clasificación de personas ‘non gratas’ en el ámbito empresarial. Esto no impide que el 90% de los mandatarios haya sufrido alguna vez este tipo de empleados conflictivos que cuestionan todas las decisiones, se quejan constantemente, hablan mal de la empresa, son maleducados o levantan falsos rumores, entre otras ‘virtudes’.


 


El segundo comportamiento que más irrita a los directivos es la holgazanería, una actitud a la que el 62% de los encuestados dice haber tenido que hacer frente en más de una ocasión. Estos son los empleados que evaden las responsabilidades de su puesto, sólo realizan las tareas más sencillas o las que más les gustan y nunca están dispuestos a realizar ninguna tarea que no esté estrictamente relacionada con sus funciones. Lo peor en estos casos es la dificultad para desprenderse de ellos, ya que no siempre es fácil demostrar esta ‘holgazanería’.


 


El 47% de los directivos también se queja de la incompetencia de sus subordinados, incapaces en muchas ocasiones de realizar las tareas asignadas o, simplemente, de interpretar las órdenes que recibe. Entre las actitudes más exasperantes de estos trabajadores los mandatarios recalcan la incapacidad para aprender a realizar nuevos cometidos o su obstinación en repetir los mismos errores constantemente. En cuarto lugar de esta ‘lista negra’ se sitúa el fraude, la mentira y el robo. Otro estudio de la consultora PricewaterhuseCoopers desvela que el 43% de las empresas de todo el mundo ha sufrido algún tipo de estafa en los dos últimos años. Acciones como la falsificación de documentos, su hurto, apropiación de capital de la empresa o el uso de material de la compañía con fines personales son sólo algunos ejemplos de cómo estos ‘delincuentes’ pueden dañar la marcha del negocio. Y aunque no se trata del hurto de un bien tangible, la siguiente queja de los altos cargos también guarda una estrecha relación. Se trata de la pérdida intencionada de tiempo o el abuso del absentismo voluntario (el 33% dice sufrirla). Su efecto sobre el resto del equipo puede ser altamente nocivo, ya que sobrecargan de trabajo a sus compañeros y crean situaciones de tensión difíciles de manejar.


 


Evidentemente también hay empleados que, simplemente, la toman con el jefe (27%). Así focalizan sus iras directamente sobre el mandatario con campañas de desprestigio, culpándole de los males de la empresa y utilizándolo de escudo ante su propia ignorancia, entre otras acciones. Igual de irritantes y hasta cierto punto similares son los trabajadores arrogantes. El 27% de los encuestados dice haber tenido que enfrentarse a empleados con un exceso de soberbia, que por el contrario, tienden a ser trabajadores productivos y bien formados. Sin embargo, una vez más su perniciosa influencia sobre el resto del grupo neutraliza cualquier efecto positivo desde el punto de vista de la producción.


 


Buenos empleados pero adictos al chantaje


 


Evidentemente, también existe otro tipo de empleados, que, lejos de ser polémicos o de crear mal ambiente sobresalen por su buen hacer y su talento. Son, por así decirlo, la vanguardia de la empresa y realmente representan su activo más preciado. Sin embargo, el problema con estos trabajadores surge siempre en el momento de la retribución. Y es que en muchos casos las demandas de mejora de sus condiciones por parte de estos pueden ser abusivas o demasiado frecuentes. Se trata de una especie de chantaje al dirigente, que sino accede a las pretensiones del trabajador sabe que podría perder a uno de sus mejores valores.


 


No por ser habitual esta práctica deja de ser contraproducente para la empresa, que si cede a las exigencias de su trabajador habrá sentado un precedente para nuevos ‘chantajes’. Además, también se crea una situación de desigualdad en la plantilla que puede inducir al resto de trabajadores a tomar el mismo camino y amenazar con abandonar la empresa. Por el contrario, si no accede, la empresa perderá a este trabajador al tiempo que ofrece una imagen de rigidez al resto de los asalariados.


 


Como ninguno de los dos extremos resulta positivo para lograr un ambiente laboral óptimo ni para mantener la motivación, lo mejor es adelantarse a estas situaciones y, sobre todo, valorar cada caso de forma individual.


 


Las mujeres, más afectadas


 


El estudio de Otto Walter también retrata la desigualdad de trato que sufren mujeres y hombres por parte de los empleados ‘tóxicos’. En este sentido, las jefas están más expuestas a estos ‘terroristas’ del mundo empresarial. Esto es especialmente notorio en el caso de las actitudes hacia los dirigentes. Los comportamientos antijefe son más frecuentes cuando el superior es del género femenino y un 30% de las dirigentes ha detectado este comportamiento, mientras que apenas un 26% dice ser víctima de él. Además, un 38% de mujeres asegura haber tenido que ‘lidiar’ con subordinados arrogantes y soberbios por sólo un 24% de hombres.


 


 


Más información:


 


Otto Walter


 


Catenon


 


PricewaterhouseCoopers


 


  


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