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Las tareas domésticas cambian de rol

Ya no son responsabilidad exclusiva de ellas, sino también de los hombres. Y es que ser padre o educar a los hijos son asuntos en los que ellos están colaborando más.

Publicado en Histórico Noticias
Foto de Las tareas domésticas cambian de rol

Compaginar el trabajo laboral con el doméstico no es nada fácil y muchas veces el comportamiento con respecto a las tareas domésticas se debe a inercias interiorizadas de cada una de las personas, aunque estas se intentan adaptar a los nuevos roles sociales. Esta ha sido unas de las conclusiones de la tesis “El trabajo familiar en la CAPV: una perspectiva cualitativa en parejas de doble ingreso”, de Raquel Royo Prieto, licenciada en Sociología y diplomada en Trabajo Social defendida en al UPV/EHU.


 


Veinte parejas con ingresos por parte de los dos miembros, fueron los objetos de estudio. De ellos se analizaron cinco aspectos: pautas conductuales; significados, actitudes, percepciones y gustos; maternidad y paternidad; empleo y conciliación y vivencias.


 


Por fortuna, con respecto a las pautas de conducta, Royo Prieto ha comprobado cómo cada vez nacen más formas equitativas de distribución del trabajo frente al modelo que obligaba únicamente a la mujer a trabajar en una doble jornada constante dentro y fuera de casa. Además, las tareas femeninas se han socializado y ya pasan de padres a hijos.


 


En cuanto a los significados, actitudes, percepciones y gustos destaca el cambio que ha experimentado el significado del trabajo doméstico. Y es que este ya ha dejado de ser exclusivamente femenino, pues muchas parejas tienen un concepto positivo del mismo. Aún así, existen diferentes gustos y dentro de las tareas femeninas pueden distinguirse las masculinas y las femeninas.


 


La paternidad


 


Ser padres ha dejado de ser también, un asunto en el que sólo ellas decidían. Hoy, los hombres participan de la misma manera en dicho debate, asisten a los partos y se implican de la misma manera en el cuidado del bebé. Es más, el padre ya no es la figura autoritaria única de la familia, si no que se ha pasado a una democratización familiar. Los criterios son, ahora, negociables.


 


Es más, la imagen de la paternidad también ha cambiado. Asociar el cariño o la paciencia sólo con la madre es algo que prácticamente ha desaparecido, al igual que la creencia generalizada del padre trabajador y que marca las normas. Ahora, el modelo familiar es mucho más equitativo y el hombre es también igual de paciente y cariño. Tanto el padre como la madre tienen, hoy, la misma capacidad para cuidar de sus hijos.


 


Con respecto al empleo y la conciliación, destaca el significado que ha alcanzado el empleo femenino, pues este es considerado como algo propio, una afirmación de  individualidad y síntoma de independencia económica.


 


Por último, las vivencias, en la que siguen poniéndose de manifiesto las discrepancias  entre quienes defienden las conductas igualitarias y las interiorizaciones, frente a quienes están desacuerdo con el viejo orden doméstico.


 


 


 


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Más información:


 


Universidad del País Vasco


 


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