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Las redes de contactos no influyen en la cooperación entre las personas

Analizar por qué las personas cooperan y cómo deciden cooperar o no es la base de un estudio realizado por la Universidad de Zaragoza y la Universidad Carlos III de Madrid en el que se constata que las redes de contactos no tienen influencia en la co

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Estudiantes-grado-INELas redes de contactos no tienen influencia en la cooperación entre personas. Así se desprende del estudio científico realizado por investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid y de la Universidad de Zaragoza, que se ha llevado a cabo con un enfoque pionero al contemplar el resultado obtenido en experimentos realizados para analizar cómo se elige si se coopera o no en lugar tan sólo de postular si las personas toman sus decisiones con uno u otro procedimiento.

 

De esta manera, el estudio -que arroja nuevos datos sobre la controversia de si las interacciones de las personas ayuda o no a que cooperen en situaciones en las que no cooperar permite obtener beneficios sin el coste de ayudar-, se basa en los resultados de un experimento que realizaron los investigadores, así como en informaciones de otros estudios previos y en los resultados obtenidos en nuevos experimentos propios. Los datos revelan que las personas no tienen en cuenta lo que ganan aquellos con quienes interaccionan, sino el hecho de que cooperen o no. [Ver cursos de Matemáticas]

 

Además, el estudio igualmente pone de manifiesto que la decisión que se toma suele depender también del propio estado de ánimo, siendo más alta la probabilidad de cooperar si ya se cooperó la vez anterior que en los casos en los que no se optó por cooperar.

 

El estudio, que ha sido publicado recientemente en Scientific Reports, revela cierta heterogeneidad en el comportamiento de las personas, encontrándose una pequeña porción de individuos que apenas cooperan con independencia de lo que hagan aquellos que les rodean, mientras que hay unos cuantos individuos que siempre cooperan sin que les importe lo que hagan los demás.

 

Dentro del estudio, el equipo de investigadores también ha ahondado matemáticamente lo que sucede cuando un grupo de personas que se comportan como dicen los experimentos tienen que decidir si cooperan o no y en cómo la existencia de cooperación, a nivel global o bien en grupo, depende de la estructura de las interacciones, contemplando qué sucede si cada persona interacciona con todas las demás, si las personas están colocadas en un retículo cuadrado e interaccionan con sus cuatro vecinos más próximos, o si bien están dispuestas en una red más parecida a las redes sociales, en la que el número de vecinos es muy variable y depende de cada persona.

 

En el primero de estos supuestos –aquel en el que cada individuo interacciona con todos los demás- el estudio refleja que se puede predecir matemáticamente el nivel de cooperación resultante al apreciarse que éste depende de la composición de la población. Un dato que es comparado con los resultados de simulaciones numéricas obtenidas para las poblaciones dispuestas sobre cada una de las dos redes, comprobando que el resultado es el mismo a diferencia de las conclusiones alcanzadas en trabajos anteriores.

 

Según los investigadores, las consecuencias de esta predicción son relevantes, dado que en el supuesto de ser cierta permitiría descartar la existencia de uno de los cinco mecanismos propuestos para explicar la emergencia de la cooperación, es decir, el denominado mecanismo de reciprocidad de red y se estaría ante un cambio de paradigma en la interpretación de la toma de decisiones en dilemas cooperativos, ya que la decisión se tomaría en función de la cooperación que se recibe, lo que implica que la forma en la que interaccionan –es decir la red social subyacente- deja de tener importancia.

 

No obstante, para comprobar esta predicción, los investigadores apuntan a que sería necesario llevar a cabo experimentos a gran escala, que implican una cierta dificultad ya que para poder estudiar redes heterogéneas para que los resultados sean significativos es preciso que se trabaje de forma simultánea con centenares de voluntarios.

 

El trabajo ha sido realizadopor los profesores del Grupo Interdisciplinar de Sistemas Complejos (GISC) del Departamento de Matemáticas de la Universidad Carlos III de Madrid, José Cuesta y Ángel Sánchez, así como por Carlos Gracia y Yamir Moreno, del Grupo de Redes y Sistemas Complejos (COSNET Lab) del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza.

 

 


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Más información:

 

Universidad Carlos III de Madrid

 

Universidad de Zaragoza

 

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