Menu
¡Llama gratis! 900 831 816
Pedir información

Las ocho creencias de un jefe excelente

Existen actitudes y características que convierten a un dirigente en excepcional y que son comunes a muchos de los grandes consejeros delegados del mundo. Asociarse incluso con la competencia o intentar que los empleados disfruten del trabajo solo s

Publicado en Histórico Noticias
Foto de Las ocho creencias de un jefe excelente
Estudiantes-grado-INEDirigir una empresa no es una cuestión sencilla. Hay que saber conjugar la visión empresarial con importantes dotes de gestión de grupos y personas. Esto requiere capacidad de motivación y liderazgo, pero al final todo se traduce en una serie de formas de entender la empresa y de actitudes que se repiten en los mandatarios de éxito. [Ver cursos de Liderazgo]



Geoffrey James, autor del libro 'Business to business selling', las resume en ocho conceptos en la columna Sales Source que escribe para Inc.com. Se trata de ocho mantras que en teoría todo dirigente debería observar si quiere pasar de bueno a excelente, y que James ha recopilado tras varios años de entrevistas a importantes consejeros delegados de empresas de referencia.



1- Los negocios son un ecosistema, no un campo de batalla

El antiguo concepto del mundo empresarial como una jungla que tanto triunfó en los 80 y los 90 está ahora en decadencia entre la vanguardia de la dirección corporativa. Si el jefe medio concibe los negocios como un continuo conflicto entre empresas e incluso departamentos y crean su propio ejército para ir a la guerra, la visión de los jefes extraordinarios es bien diferente. Para ellos los negocios no dejan de ser una simbiosis entre las diversas firmas de forma que varias pueden sobrevivir al mismo tiempo. Y precisamente para hacer frente a esta situación crean equipos capaces de adaptarse a los nuevos mercados y pueden asociarse rápidamente con otras compañías para sacar ventajas, sin importar incluso que sean competidores.



2- Una empresa es una comunidad, no una máquina

Es relativamente habitual comparar las empresas con un motor perfectamente engrasado, siendo los empleados las piezas que la hacen funcionar al ritmo y tiempo adecuados. Para sustentar esta máquina crean rígidas estructuras y reglas para controlarla a su antojo. Sin embargo, hay quienes van más allá y piensan que las compañías no dejan de ser una colección de personas con esperanzas y sueños que, de alguna forma, conectan en pos de un propósito más alto. Para lograrlo tratan de incitar a la colaboración y la búsqueda del bien para todo el equipo.



3- Dirigir es servir, no controlar

Los dirigentes medios quieren que los empleados se limiten a cumplir órdenes y se cuidan muy bien de fomentar las iniciativas de sus empleados. De hecho, tienden a promover una actitud de autocontrol en el que cualquier idea debe ser antes presentada al jefe, algo que se hace con una actitud que en ocasiones puede rozar el temor. Los grandes mandatarios operan de forma diferente, marcando un camino y tratando después de que sus empleados tengan a su disposición las herramientas necesarias para atravesarlo y llegar al objetivo marcado. De esta forma apoyan la toma de decisiones, dejando a los empleados tomar sus propias decisiones.



4- Los empleados son colegas, no hijos

Otro error común de muchos jefes es el de tener una actitud paternal, fruto en muchos casos de considerarles inferiores e inmaduros, además de no ser dignos de su confianza. Por el contrario, los mandatarios excelentes tratan a sus subordinados como a iguales y los hacen sentir las personas más importantes de la empresa, lo que sirve para que los empleados sean capaces de hacerse dueños de su destino.



5- La motivación es fruto de una visión, no del miedo

El miedo es un arma arrojadiza y demasiado utilizada por parte del jefe medio. En las mentes menos preclaras se utiliza como un elemento de motivación, pero que en el peor de los casos puede llegar a paralizar a los subordinados. Por el contrario, un gran jefe sabrá inspirar a sus empleados con una visión general de lo que quiere, de su futuro.



6- El cambio se equipara al crecimiento, no el dolor

Lo habitual es ver el cambio como una complicación y una amenaza. En definitiva, algo que debe evitarse hasta que no sea inevitable. Precisamente como algo inevitable pero también natural es como lo conciben los grandes jefes. Pero no se trata de valorar el cambio en si mismo, sino la forma en la que la organización y los empleados se preparan y lo asumen.



7- La tecnología potencia la empresa, no la automatiza

Si en los primeros estadios la tecnología sirvió para automatizar la empresa y sus procesos productivos –de ahí precisamente esta visión de las corporaciones como máquinas- ahora las posibilidades de las nuevas tecnologías van mucho más allá. Al tiempo que permiten controlar y pronosticar mejor, también deberían servir para fomentar la creatividad y mejorar las relaciones.



8- El trabajo no debe ser cansado, sino divertido

Para la mayoría de jefes el trabajo, es, en el mejor de los casos, como un demonio y esperan que sus empleados así lo sientan. Por eso creen que estarán resentidos y tienden a definirse a sí mismo como opresores, aunque sea de forma inconsciente, y por lo tanto a comportarse en consecuencia. Nada más lejos de la realidad. Otra de las conclusiones de Geoffrey James tras sus entrevistas con importantes CEOs es que el trabajo puede y debe ser divertido y de hecho, cuanto más lo sea, mayor será el rendimiento.