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“Las nuevas herramientas en el aula deben ser palancas que complementen los viejos métodos”

Matthieu Laville: Muchos abogamos por un suave aterrizaje del papel a la tecnología plenamente digital a través de tecnologías transitorias que sin duda facilitarán la adaptación de todas las mentalidades sin añadir una presión adicional que en nada

Publicado en Histórico Noticias
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Estudiantes-grado-INEA lo largo de la historia, muchos han sido los filósofos que han identificado el cambio como la misma esencia de la vida; sin lugar a dudas, también los que llevamos largo tiempo dedicándonos al sector tecnológico educativo podemos dar fe de que esta afirmación tiene pleno sentido.

 

Por supuesto, la Educación no es ajena a ninguna vicisitud de esta sociedad cada vez más digitalizada, precisamente porque está formada por personas –niños, jóvenes, docentes, padres…- inmersos en un mundo cambiante y dominado por la tecnología. Sin embargo, la experiencia nos enseña a recelar de los cambios bruscos y radicales, que suelen acabar en fracaso, y sí a confiar en aquellos paulatinos y sin estridencias que, poco a poco, a modo de fina lluvia, van calando en sus objetivos, hasta lograr el triunfo.

 

Las transiciones, en este caso, se erigen como garantía de éxito, más aún cuando las personas encargadas de vehicular este cambio, los docentes españoles, no son en su mayoría nativos digitales, es decir, no echaron precisamente sus primeros dientes con Internet, una tableta o un smartphone. [Ver cursos de Nuevas Tecnologías]

 

En efecto, los profesores ya asumen muchas veces una tensión adicional ajena a la propia docencia por parte de muchos frentes. En medio de este trance, deben dominar además –a veces en escasas semanas- nuevas metodologías basadas en herramientas digitales. Naturalmente, son muchos los que optan por evitar los nuevos recursos, o bien por no explotarlos al máximo.

 

Sin embargo, debemos recalcar que no es necesaria, en absoluto, esta presión adicional: la transición entre papel y digital no tiene por qué convertirse en un aterrizaje forzoso, sino en un cómodo planeamiento. En este sentido, ya se está investigando en tecnologías que van a permitir, a través de un simple bolígrafo digital (de apariencia muy similar a la de cualquier rotulador de grosor medio) la escritura en papel por parte del alumno o de los profesores para que, a través de bluetooth –ni siquiera es necesario contar con corriente eléctrica en cada boli- los datos de cada estudiante pasen al portátil del profesor y, de ahí, a la pizarra digital.

 

Una vez en este paso, el docente podrá modificar en pantalla (también con su propio bolígrafo digital) de la misma manera que lo haría en papel, pero con la diferencia de que todos los niños irían viendo, en directo, las correcciones en la pizarra, tanto las suyas como la del resto de compañeros. Esta iniciación armónica permite al profesor de mediana edad un acercamiento natural, muy similar a la metodología que hasta entonces ha seguido, lo que propicia que pueda impartir la clase sin inseguridades ni temores.

 

Las editoriales, protagonistas

 

Pero hay más: esta magnífica simbiosis entre papel y digital abre paso a mundos verdaderamente desconocidos y altamente halagüeños para las editoriales, que son las que verdaderamente deben y pueden marcar la pauta en el desarrollo de las nuevas tecnologías en la escuela.

 

Así, gracias a una técnica especial, el alumno podrá estudiar su lección habitual en su libro de texto en papel y, al mismo tiempo, a través de unos códigos especiales impresos –semejantes a los tradicionales de barras o los recientes BIDI- usarán su lápiz digital como lector y obtendrán contenidos digitales de alto valor añadido en la pizarra digital, con el fin de ampliar conocimientos o lograr una mejor comprensión de la materia.

 

De esta forma, cualquier producto editorial en papel podrá convertirse con gran facilidad en toda una aventura pedagógica interactiva de la que participan por igual estudiantes y docentes a la velocidad que les imponga su propio ritmo de aprendizaje. Así, al tiempo que se conservan las bases que todos conocemos y con las que nos sentimos seguros –el papel y el lápiz- gozaremos de una total interactividad.

 

En definitiva, la escuela del futuro, y en muchos casos del presente, ha abierto sus puertas a una ola de modernidad que puede aportarle innumerables beneficios… si es que sabe apoyarse sobre una sólida base. Las nuevas herramientas deben ser palancas que ayuden a complementar los viejos métodos que sí funcionan, enriqueciéndolos con novedosas visiones.

 

Por ello, el balón no sólo está en el tejado de los docentes. La creación de contenidos digitales ya está dando lugar a cambios drásticos en las editoriales líderes, que deben abanderar este proceso renovador. Las posibilidades del formato multimedia, de la informática y de Internet van mucho más allá del mero trasvase de los contenidos tradicionales diseñados para papel a los formatos visuales o móviles. Por el contrario, esta nueva manera de producir, inmersa en una sociedad plenamente digital, seguramente no se parecerá en nada a lo que hoy conocemos.

 

Hay, por tanto, dos maneras de llegar a esta ansiada meta: una drástica y dura, que puede provocar un justificado rechazo por parte de sus protagonistas, y otra paulatina, en la que se aprovechen los recursos y sinergias con los que ya contamos para asumir poco a poco los procesos que funcionen e ir rechazando aquellos que no se consoliden.

 

 


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