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Las 12 preguntas incómodas en una entrevista de trabajo (y sus respuestas)

La entrevista de trabajo es la parte más importante de un proceso de selección. Es la oportunidad para convencer a la empresa de que somos la persona que está buscando, pero para ello deberemos ser capaces de responder a preguntas no sólo acerca de n

Publicado en Histórico Noticias
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La entrevista de trabajo es la antesala a la consecución de un puesto laboral. Más allá del curriculum, que servirá como puerta de entrada al proceso de selección, es en esta reunión con los reclutadores donde realmente se decide quien o quienes accederán a la empresa. [Ver cursos de Entrevista de Trabajo]



Consejos como ir bien arreglado, ser puntual, no llevar elementos demasiado llamativos como relojes grandes o joyas pueden ayudar, pero al final serán las respuestas que ofrezcamos lo que determine el resultado final. Y en un entorno altamente competitivo como el actual, con una tasa de paro que alcanza el 26%, el proceso se vuelve cada vez más complicado y las preguntas de los entrevistadores más incisivas.



Precisamente por esta tendencia resulta crucial preparar a conciencia la entrevista de trabajo y estar prevenido ante determinado tipo de preguntas. Lo ideal es tener en la recámara una respuesta a las cuestiones más controvertidas que suelen repetirse en la mayoría de pruebas. Vamos a ver cuáles son y cómo podemos actuar en cada caso.



¿Por qué deberíamos contratarte a ti y no a otro candidato?



Una pregunta con trampa que, como destacan desde Trabajando.com y Universia en su decálogo de preguntas ‘matadoras’ en entrevistas laborales, no busca que desglosemos nuestros conocimientos técnicos, sino más bien nuestras habilidades blandas. El objetivo es poder evaluar la experiencia global del candidato, su capacidad de comunicación, de liderazgo, el compromiso con su trabajo, si es capaz de adaptarse al cambio… Una buena estrategia en este punto es tener preparada una anécdota que sirva para ilustrar cómo fuimos capaces de resolver un problema concreto en el pasado relacionado con el puesto al que aspiramos.



¿Por qué quieres cambiar de trabajo?



Una de las preguntas más duras para el trabajador en activo, puesto hay que ser capaz de ofrecer una respuesta satisfactoria sin dar a entender que estamos desesperados por un cambio ni parecer demasiado desinteresados. Hablar de la posibilidad de crecimiento profesional en el puesto al que se aspira dentro de una carrera laboral que ya hemos planificado, indicar las ganas de asumir nuevos o las mayores posibilidades de mejora profesional que ofrece la nueva empresa servirán para salir del paso. Lo que nunca debemos hacer es criticar la anterior empresa o comentar que simplemente creemos que hemos cumplido una etapa en la anterior empresa.



¿Por qué dejaste tu último trabajo?



Una pregunta que en realidad quiere decir ¿Por qué te despidieron? Lo primero y más importante es no criticar a la antigua empresa, compañeros o jefes. Nadie quiere en su compañía a alguien que no dudará en airear su descontento si se produce un despido. Además, sirve para generar una imagen de persona que no es de fiar. La batería de excusas que se pueden poner en este punto es amplia, aunque lo mejor suele ser no desviarse de la verdad y, en cualquier caso, pedir siempre discreción al entrevistador.



¿Cuáles son tus mayores defectos?



Ser demasiado perfeccionista o un adicto al trabajo son las respuestas más repetidas por ser defectos positivos, pero si vamos a utilizarlas es mejor que contemos con algún ejemplo real o con algún tipo de dato que sirva para contrastar esta afirmación. Otras alternativas son asegurar que se es muy crítico con el propio trabajo, ser muy ordenado o excesivamente honesto. Cualquiera de estas opciones será recibida con gusto.



Lo que no debemos hacer es mostrar efectivamente nuestras carencias, porque para empezar en lugar de una imagen de sinceridad podemos estar transmitiendo una falta de confianza en nosotros mismos o que tenemos una mala impresión sobre nosotros. Así, hay que evitar decir que tenemos un problema con la puntualidad, que somos lentos a la hora de trabajar, que nos retrasamos en la entrega de proyectos, que nos cuesta adaptarnos al trabajo en grupo o que no nos callamos cuando algo nos molesta. Por fortuna, se pueden mencionar algunos de estos defectos, pero siempre revistiéndoles de un halo de positivismo. Así, por ejemplo, no seremos lentos, sino perfeccionistas y no tendremos un problema de temperamento por no callarnos, sino que seremos honestos.



¿Cuáles son tus mayores logros?



En este tipo de preguntas el entrevistador lo que busca es conocer nuestro nivel de confianza y reforzar las respuestas que hayamos podido ofrecer a cuestiones que haya planteado antes, como la primera. De nuevo, es recomendable contar con alguna experiencia en la recámara que sirva para mostrar no sólo nuestra experiencia, sino las habilidades que estemos interesados en resaltar como el liderazgo, iniciativa o creatividad.



También podemos aprovechar para hablar sobre nuestras expectativas laborales y sobre el camino profesional que hemos trazado y como el puesto al que aspiramos encaja dentro del mismo, como puede ayudarnos y también cómo podemos ayudar a la empresa.



¿Cómo fue tu relación con tu anterior jefe y compañeros de trabajo?



Esta pregunta trata de buscar incoherencias con lo que hayamos podido responder respecto al cambio laboral o la salida de la anterior empresa y, de hecho, muchas veces va de la mano con ellas. Hay que evitar las críticas y mostrar una actitud colaborativa. No es necesario responder que eras “uña y carne” con tu jefe o tus compañeros si no era así, pero tampoco expresar el lado negativo. Lo importante es mostrar tu capacidad para trabajar en equipo y adaptarte a diferentes ambientes. 



¿Cuál es tu opinión sobre nuestra empresa?



Dicho de otra forma ¿has hecho los deberes? ¿Te has informado bien sobre la compañía en la que quieres trabajar? En este punto llega el momento de hablar de los valores que quiere transmitir la compañía, su misión y cómo todo ello encaja dentro de nuestra idiosincrasia.



¿Cómo te ves dentro de cinco años?



Es decir, ¿has pensado en tu carrera profesional? ¿Tienes un plan establecido? Lo que el entrevistador busca es saber cómo encaja la empresa dentro de ese plan –es imprescindible hacer ver que contamos con uno- y conocer nuestras aspiraciones profesionales concretas. La mejor estrategia es, por el contrario, ser genérico y no decir, por ejemplo, que aspiramos a un puesto de dirección general. Respuesta que se refieran a que el trabajo siga siendo un reto, aprender cada día o desarrollar nuestro potencial profesional y humano bastarán para superar el escollo.



¿Por qué quiere trabajar en nuestra empresa?



De nuevo será necesario mostrar que conocemos la empresa, sus valores, historia y objetivo. Lógicamente, la respuesta deberá pivotar en torno a la cultura de la empresa y los puntos más fuertes que hayamos detectado.



¿Estás casado? ¿A qué se dedica tu pareja? ¿Piensas tener familia?



Estas son tres de las cuatro preguntas más comprometidas que señalan desde Buscartrabajo.es. Se trata de cuestiones muy personales, demasiado de hecho, como para tratarlas en una primera entrevista y sobre todo depende para qué puestos –en alta dirección pueden ser más habituales-. Es posible que el entrevistador sólo esté poniendo a prueba nuestra paciencia y nuestra forma de reaccionar ante algo inesperado. Si creemos que es así se podrá, por ejemplo, responder a la primera pregunta y pasar por alto las siguientes con un elegante “es una información que preferiría no tratar o similar”. Lo que nunca debemos hacer es enfrentarnos con contestaciones como “no creo que sea de su incumbencia”. En cualquier caso, también habrá que decidir si realmente queremos trabajar en una empresa que de verdad necesita conocer esos datos para contratar un empleado.



¿Cuáles son tus expectativas salariales?



Es posible que el rango salarial estuviese ya presente en la oferta e incluso que hayamos tenido que definirlo en la fase previa a la entrevista. En este caso bastará con repetir lo que dijimos en su momento pero sin dar excesiva importancia al tema, a no ser que efectivamente percibamos de forma clara que estamos en la fase de negociación salarial. En muchos casos el entrevistador sólo busca corroborar algo que ya sabe y ver nuestra reacción al tratar un tema generalmente espinoso como es el económico para detectar trazas de ansiedad, por ejemplo.



¿Tienes alguna pregunta?



Por muy raro que pueda parecer es recomendable tratar de formular alguna cuestión y, sobre todo, no abandonar la entrevista sin haber aclarado todas nuestras dudas. Pero de igual forma hay cosas que no debemos preguntar. Cuestiones como cada cuánto se promociona a los empleados, la posibilidad de trabajar desde casa o de tener oficina propia quedan descartadas, como también si la empresa tiene la política de seguir a sus empleados en redes sociales o si es necesario quedarse a trabajar más allá del horario establecido por contrato.



Cuestión aparte es el tema salarial. Si llegado ese punto de la entrevista todavía no ha surgido el tema no es porque al entrevistador se le haya olvidado, sino porque prefiere no hablar del tema o porque está esperando que mostremos iniciativa al respecto. Se puede abordar al final dando por sentado que se tratará en la siguiente entrevista.



Sin embargo, a la hora de preparar la entrevista no hay que olvidar que contar con una respuesta no quiere decir, ni mucho menos, que debamos soltarla como si de un discurso se tratase. Lo primero y más importante es permitir que la conversación fluya, por más que sea el entrevistador quien lleve la voz cantante. Además, habrá que estar atento a la actitud de nuestro interlocutor y ser capaz de detectar sus preferencias, que pueden incluso hacernos cambiar algunas de las respuestas que teníamos preparadas.



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