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La función principal de los juguetes es hacer que los niños aprendan

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Desarrollar la creatividad, contribuir a la socialización y, sobre todo, hacer que el niño aprenda, son algunas de las funciones principales del juguete, un elemento imprescindible en la vida del niño, pero que, mal elegido, puede ser incluso perjudicial para el correcto desarrollo de los más pequeños.


 


Según explica el Doctor en Psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, Amable Cima, “el juguete cumple una función inicial, y es que la creatividad del niño se desarrolle; por lo que no deben ser ni muy complejos, ni muy elaborados, ni destinados sólo a una única función”.


 


“Los juguetes muy elaborados limitan la creatividad del niño; y al final, los juguetes más caros acaban en un armario y los niños se divierten con una caja de cartón”, recuerda Cima, que subraya la importancia de que el juguete “no perjudique el desarrollo psicológico y emocional del niño: un videojuego de violencia destinado a los adultos, por ejemplo, en manos de un niño puede influir negativamente, porque no distingue bien entre realidad y ficción”.


 


Así, entre los 0 y los 3 años, explica el profesor, los niños necesitan “juguetes que contribuyan al desarrollo de lenguaje y que aumenten tanto su psicomotricidad como los aspectos neuropsicológicos (atención, concentración y memoria)”. Es decir, juegos con luces, sonidos y colores, que interactúen con el niño.


 


Entre los 3 y los 6 años, el juguete del niño tiene que tender al desarrollo emocional y las consecuencias del juego deben permitir al niño aprender algo. Son “juegos que desarrollan la creatividad y la fantasía entendidas éstas como situaciones distintas a la vida cotidiana, de manera que el niño puedan empezar a distinguir lo que es real de lo que no lo es, jugar a los piratas, por ejemplo, o a los vaqueros”. En esta etapa de la infancia es muy importante, además, la implicación de los padres, algo que los niños valoran enormemente.


 


La etapa comprendida entre los 6 y los 11 años, necesita “juegos más complejos, que impliquen conductas elaboradas que desarrollen hábitos positivos, sin perder nunca de vista que jugar es aprender; es enfrentarse a situaciones distintas que exigen una respuesta”.


 


Libertad para elegir


 


Respecto a la tradicional clasificación de juguetes para niñas y juguetes para niños, Amable Cima recuerda que “los niños pueden y deben jugar con lo que les dé la gana”, siempre que sea adecuado a su edad.


 


“No supone ningún problema que una niña quiera jugar con un tanque, o que un niño juegue con muñecas”. Para los niños, la distinción de juguetes tradicional no existe o no tiene importancia, sino que es producto del estereotipo de los adultos.


 


“El problema es que la sociedad es muy hipócrita, y si un niño de cinco años pide un castillo de muñecas, por ejemplo, sus padres se van a preocupar por lo que puedan pensar en el colegio sus compañeros”, apunta Cima, que asegura que desde el punto de vista práctico, hay que dejar que los niños jueguen con lo que quieran.


 


Tecnológicamente más capaces


 


Al referirse a los juegos de ordenador y a las videoconsolas, el profesor Amable Cima destaca que, “desde que existen los videojuegos, cuando se evalúa el desarrollo de la atención y la psicomotricidad fina, el niño ha mejorado sustancialmente”. “Se observa incluso, que los niños que juegan con videoconsolas que requieren una coordinación bimanual tienen una mejor psicomotricidad que los niños que no juegan con ellas”.


 


Esta mejora, fruto de un mayor entrenamiento de estas habilidades, hace que los niños de la generación de los videojuegos sean tecnológicamente más capaces que los niños de hace 20 años, pero creativamente menos hábiles porque, explica Cima, “los juguetes más sencillos, con menos tecnología, desarrollan más la imaginación y la creatividad”. Por eso, añade, la generación de las videoconsolas, los móviles y el ordenador, puede dar lugar a “adultos incapaces de reaccionar creativamente ante la falta de sus recursos habituales”.


 


Sobre el contenido de los juegos de ordenador, Cima alerta de la importancia de respetar la recomendación de edad (nunca regalar un videojuego para adultos a un niño), y de comprobar el contenido y el desarrollo del juego: “Igual que nunca se dejaría una pistola cargada a un niño, no se puede dejar en sus manos un juego sin saber lo que contiene, o cómo se desarrolla. Los padres tienen que saber qué dejan a sus hijos”.


 


Amable Cima es Doctor en Psicología y especialista en trabajo con niños. En la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, imparte clases de Psicología Clínica Infantil, entre otras asignaturas.


 


 


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Más información:


 


Universidad CEU San Pablo


 


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