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Expertos analizan en San Sebastián la relación posible entre Televisión y Educación

‘Televisión y Educación: ¿Un reto posible?’ es la cuestión que desde hoy y hasta el jueves plantea la Universidad del País Vasco en el Palacio de Miramar en San Sebastián.

Publicado en Histórico Noticias
Foto de Expertos analizan en San Sebastián la relación posible entre Televisión y Educación

Hasta el próximo jueves, día 23, la Universidad del País Vasco imparte el curso “Televisión y Educación: un reto posible” con el propósito de dar a conocer el impacto que tiene el medio televisivo en la infancia y en la juventud desde un punto de vista educativo. Hoy el programa del curso ha arrancado con la intervención de José Ignacio Aguaded Gómez, profesor de la Universidad de Huelva y presidente del Grupo Comunicar y de Concepción Medrano Samaniego, miembro de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación.


 


“Enseñar a ver la televisión es hacer que la gente aprenda a pensar lo que ve”. Así lo ha señalado José Ignacio Aguaded Gómez, que ha incidido en el rasgo de actividad pasiva que posee la televisión pues “normalmente no pensamos lo que vemos”.


 


De ahí que considere de gran importancia potenciar la formación de hábitos y actitudes críticas para generar una competencia adecuada. Hay que fomentar la “competencia comunicativa” de las personas, es decir, la capacidad de conocer los medios, saber interpretarlos y apropiarse creativamente de ellos. Además, teniendo en cuenta el cada vez más importante papel del lenguaje visual, es necesario para Aguaded que se aprenda, al igual que se aprende el lenguaje escrito. De esta forma, asegura, “conseguiremos unos hábitos buenos en los espectadores”.


 


En su opinión, hay que superar el divorcio entre la educación y la comunicación y tender a que los profesionales de la comunicación sean también educadores y no busquen sólo ganar audiencia para que sus espacios publicitarios valgan más dinero. Y es que el profesor Aguaded considera que enseñar esto no es solo tarea de la escuela, como tradicionalmente se ha creído. Quienes deben contribuir también a este aprendizaje son las familias, los profesores, los comunicadores y las administraciones públicas a través de la formación, las investigaciones, las publicaciones y las campañas de difusión. Y es que las nuevas tecnologías inciden también en este aspecto pues hoy en día la televisión ya no es sólo televisión, sino que se puede ver en distintos formatos como los móviles o Internet.


 


No todo es negativo en la pequeña pantalla


 


Concepción Medrano, uno de los retos en las aulas debe ser enseñar a decodificar los mensajes implícitos que transmite la televisión. Considera que el objetivo de la televisión es la servidumbre comercial y el entretenimiento, pero también puede convertirse en un recurso educativo. De hecho cree que no se puede analizar este medio como una cuestión de impacto inevitable, es decir, el medio televisivo no nos influye tanto como pensamos, ya que “cada uno de nosotros la percibimos con nuestras propias gafas”.


 


Medrano ha hecho hincapié en que los contenidos narrativos no son unívocos y que es posible trabajar a partir de ellos con el fin de reconstruir sus significados, de tal forma que pueden convertirse en una oportunidad para trabajar determinados valores. Un ejemplo de programa que transmite aspectos culturales y competencias cognitivas es Barrio Sésamo que, en opinión de Medrano, además de enseñar lengua y matemáticas, enseña a respetar la interculturalidad. Son valores que en muchas ocasiones un solo profesor no puede enseñar.


 


En líneas generales, la profesora revierte en la idea de que no se puede responsabilizar a la televisión de la falta de pasividad y creatividad de niños y jóvenes de la sociedad. El balance no se puede catalogar como positivo o negativo, ya que depende de factores como la edad, el contexto, el tipo de programa y el covisionado.


 


En esta perspectiva cabe nombrar la investigación llevada a cabo en la CAV a más de 800 niños de entre 13 y 15 años para conocer qué valores perciben los adolescentes en los programas de televisión que más le gustan y qué relación tienen con sus propios valores, así como la relación existente entre la dieta televisiva de los adolescentes y sus propios valores. La principal conclusión que se ha extraído es que se ven aquellos programas que reflejan nuestros valores. En el caso de los adolescentes se trata de valores presociales y materialistas como el poder, la tradición y el hedonismo. El desafío no es el medio sino la educación de las audiencias, y es en este sentido donde cabe hacer hincapié en las implicaciones educativas.


 


La televisión, atendiendo a los contenidos preferidos de la juventud, ha de ser un instrumento en cualquier área de aprendizaje. Medrano considera que hay que capitalizar los formatos, las imágenes y los contenidos para descodificarlos, y para ello resulta conveniente llevar acabo estrategias lúdicas. Se deben interpretar los contenidos televisivos en términos de valor para explicitar, contrastar y discutir los valores que se perciben en esos programas preferidos.


 


 


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Más información:


 


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