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Europa avisa que la docencia es una ¡¡profesión de riesgo!!

En nuestros días, ser un profesional de la educación puede conllevar una presión considerable y a veces incluso un cierto factor de riesgo relacionado con la violencia en el trabajo. Un asunto preocupante que requiere de medidas de prevención.

Publicado en Histórico Noticias
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Algunos empiezan a ponerse nerviosos. La vuelta al cole ya no está cerca sino que es inminente. No hablamos de los alumnos, que unas veces son víctimas pero que otras se convierten también en verdugos. Son más bien los profesores, especialmente los de secundaria, los que tienen motivos de sobra para sentirse intranquilos. Y es que con el inicio del curso de nuevo tendrán que soportar la enorme carga que supone ejercer la responsabilidad docente.


 


Y no es la primera vez que oímos mencionar este problema en relación con el sector educativo. Los profesionales de la educación constituyen uno de los sectores con un índice de estrés más elevado en su trabajo, debido en buena parte a los riesgos de violencia de que pueden ser objeto en algunas ocasiones. En el estudio realizado por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, los datos no son muy halagüeños: un 15% de los trabajadores del sector educativo ha sufrido malos tratos físicos o psicológicos en su trabajo, lo que, traducido en cifras, significa que de los 11 millones de personas empleadas en esta área en Europa, 1.650.000 se han visto afectadas. Los afectados no son sólo los profesores, sino también los trabajadores de otra índole adscritos al centro docente, tales como ayudantes, cocineros, personal de limpieza e incluso los propios estudiantes.


 


Los actos violentos comportan comportamientos incívicos de falta de respeto a los demás, agresiones físicas o verbales y ataques, y suelen provenir de padres, alumnos e incluso personas ajenas al entorno del centro. Los más susceptibles de sufrir estas actitudes hostiles son los que están en contacto directo con el alumnado, los trabajadores que desempeñan sus tareas solos o hasta horas avanzadas, aquellos que trabajan con personas de necesidades especiales o quienes deben realizar visitas a domicilio.


 


Las consecuencias para el trabajador suelen ser, entre otras, daños físicos, estrés, trauma emocional, sensación de impotencia, desmotivación y en los casos más graves, incluso estrés postraumático. Es importante señalar que estas secuelas puede sufrirlas tanto la víctima directa (el propio agredido) como la indirecta (un testigo del incidente).


 


Los centros docentes tienen la responsabilidad de prevenir y combatir este tipo de comportamientos, ya que hay que tener presente que es un problema cuya solución atañe a la organización, no al profesional individual. Las medidas a adoptar contemplan una doble vertiente: por una lado, prevención de los hechos violentos y por otro, la de sus consecuencias una vez que éstos se han producido. En el primer caso se incluirían acciones como adecuada iluminación de zonas oscuras, control de los visitantes que acceden a los centros escolares, evitar que el trabajador permanezca solo, presencia de dos profesionales a la hora de tratar con grupos de alumnos, servicios de orientación psicológica, establecimiento de política antiviolencia (incluyendo la tolerancia cero ante comportamientos discriminatorios o agresivos) y mejora del entorno laboral (temperatura adecuada, colores agradables, etc.), por mencionar algunas.


 


En segundo lugar, si se produce un hecho violento, la atención a la víctima es la prioridad, por lo que es fundamental no dejarla sola, brindarle todo el apoyo psicológico necesario (de vital importancia en casos graves para evitar el estrés postraumático), así como para emprender las acciones administrativas necesarias (denuncias, etc.), evaluar la implementación de posibles medidas adicionales y comunicar el hecho al resto de trabajadores de la plantilla.


 


La violencia en el trabajo, por desgracia, no es algo nuevo. Otros áreas laborales, principalmente las pertenecientes al sector servicios, también se ven afectadas por este desagradable fenómeno social. El sector sanitario, el transporte, el comercio minorista, la restauración y en general, todas aquellas actividades que impliquen un contacto directo con el público son las que comportan más riesgo de tener que enfrentarse a este tipo de situaciones. Como fenómeno curioso, la violencia se ha ido extendiendo desde empresas que manejaban bienes de alto valor, como las entidades bancarias, a aquellas otras que de alguna manera representan “simbólicamente” al sistema establecido, tales como los centros de enseñanza, el transporte público e incluso algunos tan inesperados como los propios bomberos o los médicos en servicio de guardia.


 


 


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Enlaces de Interés:


 


Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo


 


Red Española de Seguridad y Salud en el Trabajo


 


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