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¿En qué medida afectará la crisis actual a la forma de invertir de los jóvenes en el futuro?

Un estudio de Stanford GSB apunta el riesgo de que la actual crisis financiera mundial condicione negativamente a los inversores más jóvenes en cuanto a sus inversiones en años próximos. Al ser éstos extremadamente cautos a la hora de invertir en ren

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Las épocas de crisis pueden llegar a marcar a una persona de muchas formas y, por supuesto, también las de bonanza económica. Su percepción del riesgo y su perfil de inversión es una de ellas según un estudio de Stefan Nagel, profesor asociado de finanzas de Stanford Graduate School of Business y Ulrike Malmendier, profesor de económicas dela Universidad de California en Berkeley titulado “Hijos de la depresión: ¿Afectan las experiencias macroeconómicas al perfil inversor” ('Depression Babies: Do Macroeconomic Experiences Affect Risk-Taking' en su título original). Y es que las vivencias económicas tienen gran culpa de la forma en que después se invierte el dinero.


 


Nagel explica que “tradicionalmente los economistas no han diferenciado entre conocimiento y experiencia” cuando desde su punto de vista sí se debería tener más en cuenta esta diferencia. Alemanes de nacimiento -tanto Nagel como Malmendier- vivieron con familias que se vieron muy afectadas por el periodo de hiperinflación de la década de 1920 con unos conceptos de inversión muy diferentes respecto a las generaciones futuras.  En este sentido, el primero recalca que “los modelos económicos convencionales asumen que los datos son datos y que no importa si una persona ha sufrido la Gran Depresión o sólo ha leído acerca de ella”. Sin embargo, el estudio demuestra que la realidad es diferente y que las experiencias personales tienen efectos significativos, incluso pasadas varias décadas.


 


La investigación se llevó a cabo analizando información sobre la asignación de activos del hogar, distribución de cartera de negocios, aversión al riesgo e inversión en bolsa. Entre los hallazgos más significativos destaca que quienes han disfrutado de un momento de fuertes beneficios en Bolsa tienen una menor aversión al riesgo y suelen ser más proclives a invertir una mayor parte de su dinero en el mercado de acciones. Por el contrario, las personas que se han tenido que enfrentar a periodos de alta inflación no suelen ver con buenos ojos los bonos y prefieren los activos monetarios, más 'seguros' frente a la inflación. Ambos descubrimientos pueden considerarse relativamente lógicos, pero en términos de inversión la lógica no siempre es lo más común. Sin embargo, esta también se puede aplicar a otros ámbitos del estudio. De hecho, los acontecimientos más recientes son los que mayor repercusión tienen sobre el comportamiento inversor general.


 


En este sentido, cuanto más joven es el inversor más le afectan los acontecimientos recientes debido sobre todo a que su experiencia es menor y por lo tanto es más fácil que cambien su comportamiento debido a lo que ocurre en un año en el mercado. Por el contrario, una persona con más años en el mercado dispone de los mismos datos pero de más vivencias en base a las que actuar. Por ejemplo, las caídas en la década de 1970 hizo que inversores más jóvenes mostrasen una mayor aversión al riesgo en la siguiente década. De hecho, salieron del mercado más rápido y en mayor medida que los inversores más experimentados, que todavía tenían buenos recuerdos de las décadas de 1950 y 1960 y por lo tanto más confianza en un posible rebote del mercado. Lo que ambos investigadores no pudieron determinar es si una fuerte caída o subida del mercado tiene un impacto mayor en los inversores que una etapa de subidas o caídas moderadas. Aunque este supuesto no ha sido demostrado, en opinión de Nagel es muy posible que así sea.


 


El estudio llega en un momento muy significativo teniendo en cuenta la crisis económica y las brutales caídas del mercado. En función de estos datos, los inversores más jóvenes no deberían estar precisamente dispuestos a asumir riesgos en los próximos años, lo que puede sumir a la economía en una espiral de caída de las inversores en renta variable y amplificar el efecto de la depresión.


 


Nagel y Malmendier todavía no han publicado el estudio pero ya están trabajando en su 'segunda parte' que sirva para determinar hasta qué punto la experiencia de estas vivencias cambia las preferencias respecto al riesgo o las creencias en torno a la inversión. La diferencia no es demasiado grande pero puede ser determinante. En este sentido, una creencia serían las expectativas de una persona acerca de cómo va a evolucionar el mercado, mientras que las preferencias sobre el riesgo determinan lo que una persona hará en base a esas creencias. De esta forma, su una persona cree que el mercado dará un beneficio del 10% durante los próximos 10 años es que sus creencias son optimistas, pero si está dispuesta o no a invertir durante ese periodo tendrá que ver con su aversión al riesgo.


 


 


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