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En la época de los superordenadores, un experto recomienda trabajar con el ábaco

Julio Abascal, catedrático en la Universidad del País Vasco, animó el martes en San Sebastián a trabajar con el ábaco y las reglas de cálculo, pues considera que el cálculo es una cuestión de educación.

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Conocer los nuevos avances tecnológicos y científicos de la vida cotidiana es el reto que ha planteado Julio Abascal, miembro del Departamento de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la Universidad del País Vasco, en el curso “Retos de la ciencia en el siglo XXI”, inaugurado el martes en el edificio Kutxaespacio del Parque Tecnológico de Miramón.



Bajo el título “Del ábaco al superordenador”, Julio Abascal ha ofrecido una visión histórica de los distintos instrumentos de cálculo en la tecnología. Para ello ha incidido en la idea de que los instrumentos de cálculo son a la vez herramienta y objeto de la tecno-ciencia, ya que su avance depende del potencial de los instrumentos de cálculo y la capacidad de los mismos depende del estado de la tecno-ciencia.



Antes de profundizar en los diferentes instrumentos de cálculo, Abascal ha ofrecido una serie de características comunes de los mismos. Por un lado, que todos requieren algoritmos: recetas imprescindibles para hacer los cálculos; que además presentan una precisión máxima que se puede superar; que cada instrumento de cálculo tiene un catálogo de problemas concretos que puede resolver; y, por último, que pueden tener carácter analógico o digital.



Una mirada atrás al ábaco



El ábaco es considerado el más antiguo instrumento de cálculo, adaptado y apreciado en diversas culturas. Utiliza cuentas que se deslizan a lo largo de barras de metal fijadas a un marco para representar las unidades, decenas o centenas. Aunque poco usado en Europa después del siglo XVIII, todavía se emplea en Medio Oriente, China, Japón y Corea. Es un instrumento de cálculo digital, válido para realizar operaciones sencillas y cuya precisión depende del número de columnas. Considerado el precursor de la calculadora moderna, su algoritmo está en la mente (y en la mano) del calculador.



En 1590, John Napier, descubre uno de los elementos que, como ha señalado Julio Abascal, ha revolucionado el mundo de la ciencia: el logaritmo. Se trata de la relación existente entre la serie geométrica y asimétrica y se calculan mediante polinomios (expresión que se construye por una o más variables) con tanta precisión como se necesite. Los logaritmos se pueden obtener consultando tablas logarítmicas previamente calculadas o usando las conocidas reglas de cálculo. Son dispositivos analógicos que facilitan la realización rápida de operaciones aritméticas complicadas. Sin embargo, ofrece una precisión limitada, ya que ésta depende del tamaño de la reglas y de la percepción del calculador.



Primero la calculadora de Pascal y la máquina de diferencias de Babbalge, y más tarde los ordenadores electrónicos, acabaron suplantando las reglas de cálculo. Los precursores de los computadores electrónicos, como el aritmómetro o el complex calculador, incluyeron relés (circuito electromecánico) a las calculadoras. Tras utilizar válvulas, transistores y circuitos integrados se consiguió construir el primer ordenador de propósito general programable. Un instrumento de cálculo digital, capacitado para calcular todo tipo de programa y cuya precisión depende del número de bytes (unidad básica de almacenamiento de información). En este caso, Julio Abascal ha querido subrayar el hecho de que el algoritmo, a diferencia del resto de instrumentos de cálculos citados, se encuentra almacenado.



Las mejoras tecnológicas han llegado a crear los superordenadores, computadoras de cálculo muy superiores a las comunes. Son potentes, rápidas y están diseñadas para procesar enormes cantidades de información en poco tiempo. Su funcionamiento está basado en el paralelismo, ya que los procesadores trabajan en continua colaboración. Son computadoras empleadas para tareas muy específicas (simulaciones).



A pesar de los grandes avances tecnológicos, Julio Abascal concluyó la sesión advirtiendo que la eficacia de las máquinas de cálculo sólo es posible en la medida en que el calculador conozca el proceso del cálculo y sepa de antemano el resultado esperado. Por esta razón ha animado al público a trabajar con el ábaco y las reglas de cálculo. Para Julio Abascal el cálculo es una cuestión de educación.


  


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