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“El verano se convierte en una maldición cronológica para aquellos que buscan trabajo”

En pleno periodo vacacional se paraliza casi todo en este país; también los procesos de búsqueda y selección de profesionales.

Publicado en Histórico Noticias
Foto de “El verano se convierte en una maldición cronológica para aquellos que buscan trabajo”

Jorge Salinas – Presidente de Atesora, empresa de outplacement y coaching


 


Es una situación históricamente aceptada que cuando se acerca el periodo estival empecemos a escuchar eso de “bueno ya si acaso lo vemos después del verano”... Esto no sorprendería si la frase la escuchas el 20 de Julio pensando en retomarlo a primeros de septiembre. La desazón arranca desde el momento que esto lo escuchas a finales de mayo o en la primera  quincena de junio y te están emplazando para la segunda quincena de septiembre o para octubre.


 


Esta circunstancia no se aplica con la misma temporalidad en todas las regiones. Según donde estemos, el verano laboral en términos de contratación puede durar hasta cuatro meses.


 


Si a esto le añadimos lo de “después de Reyes”, “si te parece lo vemos cuando pase la feria”  o “pasadas las Fallas lo retomamos”. Si además alguno de estos eventos culturales está cerca de Semana Santa, hablamos de otro mes de parón.


 


Y mientras tanto ahí estás tú. Buscando trabajo. “Esta gente no se da cuenta de que la hipoteca, el mantenimiento logístico de una familia y los gastos corrientes de una casa no entienden de ferias y vacaciones ni de “gaitas hebreas”.


 


“El buscador de empleo” busca y se desespera al mismo tiempo. Rehace las cuentas de casa una y otra vez para comprobar lo que ya sabe: o recorta gastos o sólo le quedan unos cuantos meses de tesorería para mantener su nivel de vida.


 


Es cuando aparecen todos los fantasmas y cuando piensas que conduces a tu familia a un desastre económico anunciado.


 


Afortunadamente nuestra capacidad de adaptación, nuestra habilidad mimética y la sabia naturaleza fisiológica nos mantienen cuerdos en estas circunstancias.


 


El patrón se repite una y otra vez. A los pocos días del despido, la euforia se apodera de nosotros. Nos decimos “no hay mal que por bien no venga”, “al final me he liberado de esta panda de c....”. Tocas las nubes con entusiasmo renovado. Encontraré trabajo y será distinto.


 


Pero cuando las semanas y los meses van pasando y ves que sólo se han producido dos o tres oportunidades de las que tú sabías que no eran para ti, bajas a las profundidades y tocas el infierno. Es “la travesía del desierto”. Angustia, soledad, desilusión y rumbo perdido, ningún proceso que echarse a la boca, ninguna esperanza en la que refugiarse.


 


¿La nada? No. La luz se ve al final del túnel, tu sistema inmunológico empieza a funcionar. Te mentalizas para una carrera de fondo y cuando menos te lo esperas aparece la meta.


 


En este punto el patrón también se repite siempre, encuentras un nuevo proyecto del que te enamoras, nuevos colegas con los que discutir y trabajar.


 


Diseñas futuro. Creas una nueva visión y como dice Peter Senge en el prólogo del libro de Joseph Jaworski “Sincronicidad”, si la visión es suficientemente clara, solo tienes que seguirla. No te detengas continúa con paso firme. Comprobarás el fenómeno de los “milagros predecibles”: la sincronicidad, es decir, el mundo se aliará contigo para que hagas realidad tu visión.


 


Miras para atrás y ves cómo el fantasma se aleja, caminando sobre la arena. Ha sido un espejismo. Un mal espejismo.


 


 


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