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El valor de las universidades, tema central en la inauguración estival de la Menéndez Pelayo

Ayer se celebró la inauguración oficial de la 75º Edición del programa estival de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en un acto al que asistieron la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, el rector de la universidad, Salvador Or

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Tres cuartos de siglo celebrando cursos de verano. Así es la trayectoria de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo  (UIMP). En esta 75º Edición que fue inaugurada oficialmente ayer, ha preparado más de un centenar de cursos que, como novedad este año, se celebrarán no sólo en el Palacio de la Magdalena, sino también en el Museo Marítimo del Cantábrico y la Biblioteca Menéndez Pelayo.


 


En concreto, 155 cursos -15 más que en 2006- que se van a celebrar del 18 de junio al 14 de septiembre, distribuidos en 61 Encuentros, 37 Seminarios, 16 Cursos de Formación del Profesorado, 11 Cursos Magistrales, 8 Escuelas, 7 ‘El Autor y su Obra’, 7 Talleres, 6 ‘Aulas del Mar’ y 2 ‘Aulas de Verano Ortega y Gasset’.


 


La actividad comenzó el pasado 11 de junio con la ‘Cita Internacional de la literatura iberoamericana’, que tuvo como protagonistas a tres de los autores actuales de mayor prestigio: Carlos Fuentes, Juan Goytisolo y José Saramago. Y en la inauguración oficial ayer en Santander participaron la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, el ex presidente de Portugal y Premio Príncipe de Asturias, Mario Soares, así como el rector de la UIMP, Salvador Ordóñez.


 


De universidad “suficiente” a “excelente”


 


En su intervención, Mercedes Cabrera afirmó que “no cabe duda de que hemos tenido una universidad suficiente”, aunque ahora el objetivo es lograr que sea “excelente”. “España necesita que sus universidades se erijan en un factor determinante para el desarrollo económico”,  y se mostró partidaria de conseguir “una universidad competitiva, que apueste en firme por la investigación y por la transferencia de resultados”.


 


El sistema universitario “debe ser flexible, para responder con diversas soluciones a las demandas de la sociedad”, y consideró que “no todas las universidades tienen por qué seguir el mismo modelo”. Así, la ministra dejó patente que  el sistema universitario español “ya cuenta con la riqueza de la diversidad”.


 


Defensora de que el Estado mantenga la función de “velar” por la calidad en la educación, Cabrera destacó que se necesitan universidades “ágiles”, en las que se modifiquen los planes de estudios en función de las demandas sociales, y más “autónomas” a la hora de contratar profesores. Asimismo, se mostró partidaria de “acabar con el alumno pasivo” y mentalizar a los estudiantes de que es “esencial” la formación permanente, ya que consideró que es “la respuesta más eficaz a la velocidad con que se producen los cambios en el conocimiento y en sus aplicaciones técnicas”.


 


La ministra de Educación también recordó que la globalización está “obligando”  a las universidades a “realizar una mayor apertura hacia el exterior”, necesidad que en España se plasma en la participación activa en varios proyectos para la construcción de grandes espacios transnacionales, como el Espacio Europeo de Educación Superior o el Espacio Iberoamericano de conocimiento.


 


Estos grandes espacios universitarios, en su opinión, han contribuido a fomentar la movilidad de alumnos y docentes y “han permitido romper con la larga tradición aislacionista de la universidad española”. Cabrera matizó que para que todas estas oportunidades estén “al alcance de todos” son necesarias las becas y las ayudas al estudio y hacer que la universidad “sea accesible a todos”.


 


Además, en un encuentro informativo se ha referido también a la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía insistiendo en que “se aprobó dentro de la Ley Orgánica de Educación, fue aprobada por el Parlamento, discutida por los grupos políticos y las comunidades autónomas” y recibió “el visto bueno absoluto” del Consejo de Estado, contando “con el mayor de los reconocimientos y de los apoyos”. Ha recordado, asimismo, que la asignatura “existe en la mayoría de los países europeos, es una recomendación de la propia Unión Europea y de organismos internacionales relacionados con los derechos humanos”.


 


Una universidad “ajustada a los tiempos”


 


El rector de la UIMP, Salvador Ordóñez, ha señalado que cree en una universidad “poco regulada y muy abierta a la sociedad, responsable de su propio destino y por tanto, autónoma”. Una universidad que debe aportar “formación continua a los ciudadanos”  para que se conviertan en “auténticos motores del cambio social”.


 


Ordóñez manifestó que “esta concepción” de universidad, “más moderna y ajustada a los tiempos”, es más “adecuada” para la participación social y “necesaria” para que existan personas que tengan una visión “racional, humanista, y equidistante de los intereses de la economía” y una visión “orientada al desarrollo y a la calidad de vida”, dentro del “respeto a los derechos humanos y al medio ambiente”.


 


Para Ordóñez, la sociedad de la información se caracteriza por “el bajo costo y por la alta accesibilidad de la información” y la sociedad del conocimiento permite “nuevas posibilidades de empleo de calidad” y nuevos instrumentos de “formación” que junto a las nuevas tecnologías “permiten alcanzar un nivel de difusión”, cuyas consecuencias “van a influir de manera decisiva en la calidad de vida de las personas”. En esta línea, el rector anunció que la UIMP acogerá “La I Olimpiada Informática Universitaria Cell + Linux” y agregó que “el reto de la Revolución Tecnológica Global 2015” es conseguir una ciencia que tenga como referente “la calidad de vida” y que esté focalizada “en una revolución de las ciencias de la vida”.


 


Por otro lado destacó también  “El proyecto comunitario ResIST” que plantea “la necesidad de analizar el efecto global de las políticas y la práctica de la ciencia y la tecnología” ya que “parece probado” que el desarrollo de “biotecnología y nanotecnologías” pueden crear “brechas” como si fueran “agujeros negros” en los que puede caer la sociedad.


 


Por ello, agregó que es necesario “un equilibrio entre los modelos de innovación y los modelos económicos y sociales” donde cobra “pleno sentido” la Declaración del Milenio de Naciones Unidas que “matiza” la concepción de la sociedad del conocimiento que resumió en cinco puntos destacando el aspecto positivo de la globalización siempre que “asegure que sus beneficios y costos” no resulten “desigualmente” distribuidos.


 


Del mismo modo, añadió también que los valores “fundamentales” para el siglo XXI han de ser “la libertad personal, igualdad, tolerancia y responsabilidad compartida” y el desarrollo económico y la erradicación de la pobreza “deben atender” a la mejora de las condiciones económicas, “el acceso a la formación o la mejora de las condiciones sanitarias y de vivienda”.


 


Junto a los cuatro puntos anteriormente mencionados, la protección del medio ambiente común “promoviendo la sostenibilidad” y la protección de los más vulnerables “frente a catástrofes naturales, genocidios o conflictos armados”  hace que tenga “plena vigencia”, según manifestó, “la carta abierta al nuevo secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon” bajo el lema “para hacer posible otro mundo: democraticemos y fortalezcamos la ONU”,suscrita, entre otros, por “Mario Soares, José Saramago, Roberto Savio y Noam Chomsky” que “exige” el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y de los Planes de Acción de las Cumbres de los 90 de Naciones Unidas.


 


Objetivos del tercer milenio


 


Precisamente sobre esta carta trataba la conferencia inaugural que fue pronunciada ayer por Mario Soares, ex presidente de Portugal y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, bajo el título ‘Un nuevo orden mundial para el tercer milenio’. Soares ha asegurado que “Oriente Próximo se ha transformado, gracias a la Administración Bush, en un polvorín que puede incendiar el mundo si no tenemos cuidado y aplicamos medidas adecuadas a corto plazo, sobre todo en Europa”.


 


Alertó, además, de la peligrosa escalada de conflictos en Oriente Próximo y de la “importancia del Cuarteto” (ONU, Estados Unidos, Unión Europea y Rusia) para ayudar a resolverlo debido, en su opinión, “a incapacidades y omisiones”.


 


El ex presidente aludió también al terrorismo internacional, la globalización, el “efecto invernadero” o el incremento de las tensiones religiosas. Fenómenos todos ellos que, a su juicio, caracterizan el siglo XXI y que “influyen” en las mentalidades, en las aspiraciones y en los comportamientos de los dirigentes políticos, de las personas y de las sociedades y que hacen que el mundo esté “confuso, inseguro y peligroso”.



Pero, sin duda, las mayores críticas del discurso del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional tuvieron como protagonista EEUU y, más en concreto, su presidente, George W. Bush de quien dijo estar convencido de que “será considerado como uno de los peores presidentes de la historia americana”.



Además, insistió en que Occidente y, particularmente, la Unión Europea no puede desentenderse de dos continentes –Africa y América Latina- que “están evolucionando de manera diferente” y donde Europa “dejó poderosas raíces”.


 


“Estamos en una fase histórica” en la que lo más importante es asegurar la paz y acabar con la guerra como forma de solución de conflictos. Para conseguirlo, concretó, “necesitamos reforzar la ONU”. Soares apostó por poner fin a las “consecuencias negativas” de la globalización, que genera, a su modo de ver, una mayor desigualdad entre países ricos y pobres y que “se ve acentuado” por el peso creciente del crimen organizado, el tráfico de drogas, de armas y órganos humanos. Situación que, según Soares, produce una “confusión”  que parece incorregible entre el “dinero sucio” originado por el comercio ilícito y el procedente de las especulaciones financieras, a través de paraísos fiscales que organizaciones tan obsoletas como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han sido incapaces de corregir.


 


 


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Más información:


 


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