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El poder guía nuestros actos

¿Qué es lo que mueve el mundo? Según un estudio de Stanford Graduate School of Business es la posibilidad de conseguir una posición de poder o la percepción de estar en esa posición lo que finalmente hace que las personas entren en acción.

Publicado en Histórico Noticias
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Suele decirse que el poder cambia a la personas y ahora un estudio de Stanford Graduate of Business lo demuestra en un estudio. Según la investigación de la escuela de negocios, el poder es lo que sirve en último término para que las personas se pongan en marcha. En concreto, más que el ansia de alcanzar una posición de poder es la toma de conciencia de que uno ha alcanzado esa posición. En otras palabras: el hecho de encontrarse uno en una inédita posición de fuerza eleva la percepción sobre las posibilidades personales y esto a su vez incita a arriesgarse más y buscar de forma más insistente unos determinados objetivos. En el fondo, no es más que hacer bueno el célebre lema de “sí, podemos” de Barack Obama.


 


Alcanzar una posición de poder, tanto en el ámbito empresarial, político o cultural, hace que las personas crean tener más control sobre la organización y su mundo, lo que, en el fondo, sirve para hacer que crezca su ansia de mayores logros. En el mejor de los casos, sus actitudes les llevarán a seguir progresando, pero en el peor puede ser el precursor de decisiones desacertadas y fuertes pérdidas, tanto personales como económicas.


 


En el estudio, los investigadores estimulan las sensaciones de poder de un grupo de participantes pidiéndoles que describiesen una situación en la que tuviesen poder sobre el resto de personas. A otro grupo se le pidió que escribiese sobre un supuesto en que no tuviesen ningún poder. Después los investigadores midieron las perspectivas de cada uno en una tirada de dados. Los participantes debían elegir entre tirar ellos mismos o permitir que otra persona lo hiciese por ellos, lo que les sirvió como indicativo sobre su nivel de confianza en ese momento.


 


“Cuando las personas sienten que pueden controlar el resultado, quieren tirar ellos mismos. Es un ejemplo clásico sobre la ilusión del control”, explica Nathanael Fast, doctorando en comportamiento organizacional en Stanford GSB y coautor del estudio junto con Deborah Gruenfeld, profesora de Liderazgo y Comportamiento organizacional en la escuela, Nilo Sivanathan, de London School of Business y Adam Galinsky, de Northwestern University. En el experimento, el 100% de las personas del grupo de poder optó por tirar los dados por sí mismo, mientras que sólo un 58% del otro grupo decidió hacerlo. En palabras de Fast, “esto demuestra que el poder potencia la percepción de control sobre el resultado final, incluso cuando éste se basa solamente en el azar”.


 


Un segundo experimento confirmó los resultados. En este caso a uno de los grupos se le asignó el rol de gestor y al otro de subordinado. A todos los participantes se les indicó que se llevaría a cabo un juego de roles y su papel, pero antes tuvieron que completar una tarea no relacionada que información sobre una empresa y el control que pensaban que podrían tener trabajando en la misma, así como su percepción sobre las posibilidades de éxito de la compañía. Los 'gestores' se mostraron mucho más optimistas acerca de la organización tras leer la información y se mostraron más convencidos del control que podían ejercer que los 'subordinados'. “Las personas en una posición de poder piensan que pueden controlar los resultados finales más allá de su poder real”, comenta Fast, que añade que estos resultados pueden explicar por qué algunos directivos toman decisiones demasiado arriesgadas como pagar demasiado en el caso de fusiones y adquisiciones, ya que “la ilusión de control que les proporciona su trabajo les hacer sobrestimar la influencia que tendrán en el desarrollo de estos procesos”.


 


En un tercer experimento se solicitó a los participantes que escribiesen sobre una situación de poder o falta del mismo. Cuando después tomaron un test sobre autoestima y se les preguntó si votarían en las próximas elecciones y la medida en la que su voto afectaría al proceso, los resultados fueron muy esclarecedores. Los participantes que relataron procesos de poder mostraron una mayor autoestima e ilusión que el resto. De hecho, también se mostraron más dispuestos a votar en el proceso electoral.


 


Esta percepción de poder afecta incluso a los niveles de felicidad, que son mayores para los grupos de poder, aunque según Fast “el poder otorga una sensación de control, no de felicidad, que hace que se tomen decisiones con mayor confianza”. En este sentido, “las personas con poder dan forma a nuestro mundo no sólo porque tienen recursos, sino también porque realmente creen que pueden cambiar el mundo, y por eso por lo menos lo intentan”, aunque también es cierto que las personas con menos poder tienden a pensar que puede hacer menos de lo que realmente está a su alcance.


 


 


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Más información:


 


Stanford Graduate of Business


 


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