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El aprendizaje de los niños no debe “tomarse vacaciones” en verano

Según un estudio del Centro de Aprendizaje de Verano de la Universidad Johns Hopkins, cuando comienza el curso, los profesores pierden mucho tiempo volviendo a enseñar a los niños los conceptos que han olvidado durante el verano. Tras el periodo esti

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La misión del Centro de Aprendizaje de Verano de la Universidad Johns Hopkins, situada en la ciudad estadounidense de Baltimore (Maryland), es crear oportunidades de aprendizaje de calidad para la gente joven en verano. El Centro pretende expandir estas oportunidades entre los niños y jóvenes desfavorecidos para disminuir las ‘diferencias de rendimiento’, un concepto que hace referencia a las diferencias desde el punto de vista académico o educativo entre grupos de estudiantes, según su raza, sexo, etnia o estatus socio-económico.


El Centro anima a los padres a continuar la educación de sus hijos durante este periodo simplemente cambiando pequeños hábitos, como apagar la televisión para hacer una visita a la biblioteca pública, manteniendo así sus mentes activas y ocupadas fuera del colegio.


Desde 1906, diferentes líneas de investigación han analizado los efectos de las vacaciones de verano en el aprendizaje. Un resultado común de estos estudios es que los estudiantes obtienen peores puntuaciones en tests estandarizados al final del verano que al principio, antes de comenzar las vacaciones.


Impacto en la diferencia de rendimiento


Una investigación realizada en 1996 por los sociólogos Kart Alexander y Doris Antwisle de la Universidad Johns Hopkins muestra que mientras el éxito de los estudiantes mejora de manera similar durante el año escolar, independientemente de su estatus socio-económico, los que provienen de familias con escasos ingresos experimentan pérdidas en verano durante los primeros cursos de la escuela que se van acumulando. Más concretamente, un reciente estudio de la Universidad estadounidense considera que el 65% de la diferencia en el rendimiento de niños pobres y ricos se debe a las diferentes experiencias de aprendizaje que viven durante los veranos, especialmente en los primeros años de escolarización.


Siguiendo el sistema escolar americano, que se estructura en 12 niveles (los cuatro últimos, por ejemplo, corresponden al segundo ciclo de

la Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato en España), al finalizar el quinto grado, los escolares con pocos ingresos pueden llegar a notar un retraso de más de dos años con respecto a sus compañeros con ingresos medios en rendimiento verbal y de un año y medio en matemáticas.


A pesar de todo, los estudios demuestran que, independientemente de cuál sea su experiencia, todos los estudiantes registran una disminución de sus conocimientos una vez terminado el verano. Lo importante es que la magnitud de esta pérdida varía significativamente según el grado académico que se cursa, las diferentes materias y los ingresos familiares.


Estos dos investigadores de la Universidad Johns Hopkins descubrieron que el aumento de la diferencia en las puntuaciones de los test entre niños de familias con alto y bajo estatus socio-económico durante la escuela elemental se debía a los diferentes beneficios que los estudiantes obtuvieron mientras la escuela estaba cerrada.


Según otro estudio de Harris Cooper, profesor de Ciencias Psicológicas de la Universidad  de Missouri, la pérdida de conocimientos en verano para todos los estudiantes es el equivalente  a un mes en la escala de niveles de grado correspondiente. De media, todos los estudiantes sin distinción de estatus socio-económico, pierden aproximadamente 2,6 meses de nivel de grado equivalente en cálculo matemático durante los meses de verano, ya que ni los niños pobres ni los ricos son proclives a practicar sus habilidades matemáticas fuera de las clases, explica Cooper.


Sin embargo, para Cooper los ingresos familiares sí que son un importante factor en la predicción de la magnitud de las pérdidas de conocimiento relativos a la lectura en verano. Los estudiantes con bajos ingresos experimentan importantes pérdidas (de unos 2 meses aproximadamente) en su capacidad de lectura durante esta estación, tanto en comprensión como en reconocimiento de palabras. No obstante, los estudiantes de clase media experimentan incluso ligeras mejorías en este campo.


La explicación que dan los expertos a esta tendencia es que las familias pobres no disponen de los mismos recursos que la escuela para continuar con la labor pedagógica, mientras que las familias de clase media pueden compensar de manera considerable los recursos de las escuelas y, aunque se reduzca el ritmo, al menos se mantiene el proceso de aprendizaje de sus hijos.


Por otro lado, el investigador Reginald Clark descubrió que niños con desventajas económicas que dedicaban entre 25 y 35 horas a la semana a ‘actividades de aprendizaje de alto rendimiento’ (tales como tener conversaciones con adultos o leer por placer) obtuvieron mejores notas en la escuela que los compañeros que no realizaban este tipo de actividades.


Consejos para hacer el verano más educativo


Una de las opciones más interesantes es participar en un campamento de verano. Cada año los propios colegios, ayuntamientos o centros juveniles ponen en marcha actividades deportivas, educativas y de ocio que buscan entretener y educar a los niños.


Un análisis de los programas de verano realizado por Harris Cooper reveló que los programas que se centran en la enseñanza o en reforzar las deficiencias de aprendizaje tienen un efecto positivo en el conocimiento y habilidades de los participantes. Según su análisis, este efecto es más patente en el rendimiento de los niños de clase media que en los de clase pobre.


Son los programas de verano que cuentan con clases individuales o pequeños grupos y los que requieren la participación de los padres los que tienen el mayor efecto en los resultados de los estudiantes. Los programas de refuerzo tienen efectos positivos en todos los niveles, aunque éstos son más pronunciados en los estudiantes de los primeros grados de primaria y secundaria que en los grados medios.


Otra alternativa educativa para los meses de estío es visitar la biblioteca pública, los museos, parques naturales, etc. Los expertos recomiendan dedicar cada día algo de tiempo a la lectura. Para incentivarles a leer, es importante buscar un libro que se adapte a su capacidad de lectura e intereses. Es bueno preguntarles por los personajes y debatir sobre la trama. Además, hay que dar ejemplo, es muy probable que si los niños ven a sus padres leer habitualmente, ellos también quieran hacerlo.


Igualmente es importante incentivar la capacidad matemática de los niños de una manera práctica y  divertida, mientras se realiza la compra en el supermercado o se ponen en práctica las proporciones de las recetas de cocina, por ejemplo.


Todas estas actividades pueden combinarse con la práctica de diferentes deportes. Numerosos  estudios han comprobado que los programas de intensa actividad física tienen efectos positivos en el rendimiento académico, ya que se aumenta la concentración, se mejoran los resultados de los test de matemáticas, lectura y escritura, y contribuyen a que los niños se comporten mejor.


 




Más información:


Centro de Aprendizaje de Verano


Universidad Johns Hopkins


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