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Educación Permanente: un desafío para la próxima legislatura

Si realmente queremos construir una sociedad del conocimiento habremos de hacer realidad el acceso de todos a la formación y la educación. Justo y necesario es que personas sin importar su edad encuentren facilidad para reciclarse, mejorar profesiona

Publicado en Histórico Noticias
Foto de Educación Permanente: un desafío para la próxima legislatura

Un sistema educativo amplio y organizado es un sello distintivo de una sociedad moderna. Cuando satisfacer las necesidades más esenciales ha dejado de ser la preocupación, es entonces la educación la que se convierte en materia prioritaria, en definitiva, de lo que se trata ahora es de alcanzar esa sociedad conocimiento con la que todavía la mayoría de países sólo pueden soñar.


 


La Comisaria Europea de educación, Viviane Reding, expresó en unas declaraciones emitidas en 2001 su preocupación por la escasa formación/educación que reciben las personas una vez incorporadas a la actividad profesional. Si no se soluciona pronto, añadió, los europeos tendrán muy difícil integrarse en una economía internacional como la actual y, por tanto, en una sociedad en la que el conocimiento y la cualificación se hacen obsoletos cada vez más rápidamente.


 


El caso es que estas declaraciones vinieron en el transcurso de un trascendental comunicado adoptado por la Comisión Europea en relación a “Hacer Realidad un Espacio Europeo de Aprendizaje para Toda la Vida”. También protagonizó dicho acto la Comisaria de Empleo, Anna Diamantopoulu, que en su declaración puso el énfasis en la necesidad de invertir en capital humano y en incrementar significativamente el peso específico de la formación y la educación a lo largo de la vida. Abogó, además, porque se prestara especial atención a aquella que se lleva a cabo en el puesto de trabajo, en cualquier caso la impartida por las empresas. Sólo así es posible seguir el paso del desarrollo tecnológico y de los cambios en las prácticas empresariales.


 


La Cumbre de Lisboa en 2000 marcó las líneas maestras de una nueva estrategia coordinada que los países miembros de la UE estuvieron de acuerdo seguir a partir de entonces en el ámbito del empleo, entre cuyas aspectos más importantes, como es lógico, se encuentra la formación. El comunicado dado un año más tarde consistía principalmente en un extenso documento en el que el futuro de la formación permanente se convertía en objeto de análisis: definir este concepto en toda su amplitud, marcar las metas a alcanzar, presentar claramente las estrategias coherentes, concretar las propuestas a todos niveles y el modo de implementar este Espacio Europeo de Formación Permanente valiéndose de las estructuras, los procesos, programas e instrumentos existentes en los diferentes países de la UE.


 


La nueva estrategia propuesta se fundamenta en la cooperación a todos los niveles. Todos los agentes, -empresarios, sindicatos, autoridades públicas, interlocutores sociales, empresas, fundaciones-, comparten la responsabilidad de trabajar juntos en el aprendizaje permanente y, así, de apoyar a los individuos. Fiel al espíritu de Lisboa, identificaba el comunicado seis prioridades concretas en las actuaciones.


 


Primero, la Valorización del Aprendizaje, o lo que es lo mismo, que todas las formas de aprendizaje sean identificadas, evaluadas y reconocidas. Es de destacar en este sentido, la puesta en marcha el año pasado de Europass Formación, un documento oficial europeo que reconoce e informa sobre su titular de toda la formación profesional obtenida, ya sea en su país o en cualquier otro de la UE. Asimismo, aún de mayor alcance, ha anunciado la Comisión Europea la aparición a principios de 2005 del Europass, un documento oficial o “CV Europeo” que indentifica toda la formación académica, así como, la experiencia laboral, obtenidas por su titular. Y junto a estos auténticos, “pasaportes académico-laborales” ya tenemos un Sistema de Transferencia de Créditos Académicos de la Comunidad Europea (ECTS), definido en el Proceso de Bolonia de 1999 sobre el Espacio Europeo de Educación Superior, al que los países miembros, incluido España, se están integrando mediante la adaptación de sus respectivos sistemas de créditos o calificación nacionales.


 


También se señala como prioritario reforzar la dimensión europea de información, orientación y asesoramiento, aspecto en el que se ha avanzado a lo largo de 2002 y 2003 con la creación, por ejemplo, de diversos portales de empleo, educación y formación, entre otros, ploteus.net, la Red Eures y elearningeuropa.info


 


El tercer conjunto de actuaciones deben ir encaminadas a elevar significativamente los niveles de inversión para cubrir la transición de todos los países europeos hacia la sociedad del conocimiento. La financiación pública seguirá siendo clave, especialmente el Fondo Social Europeo y el Banco Europeo. La inversión ha de llegar a todos los aspectos relevantes que hagan posible el acceso de todos a la formación continua, por ejemplo, aparte de las acciones formativas propiamente dichas, si fuera necesario, también  guardería, desplazamientos, entrenamiento de formadores, etc.. En efecto, importante es intensificar la inversión, pero no menos importante es que ésta dé resultados satisfactorios


 


Y es necesario acercar las oportunidades de aprendizaje a los alumnos, por tanto, una oferta flexible y abierta de educación y formación. Formación en el puesto de trabajo pero también en otros entornos y ambientes sociales. Es preciso desarrollar las comunidades, ciudades y regiones de aprendizaje, y también aplicar métodos de aprendizaje y enseñanza innovadores centrados en la nuevas tecnologías.


 


Claro que el proceso de aprendizaje ha de partir de unas competencias básicas, cosa que también se considera prioritario para alcanzar la sociedad del conocimiento. En el caso europeo sería insuficiente referirse a leer y escribir, pero sí ha de considerarse como básicas también las competencias relacionadas con las nuevas tecnologías de la información, los idiomas, las cultura tecnológica o el espíritu empresarial.


 


Por último, acorde a esa nueva sociedad hay que hacer énfasis en pedagogías innovadoras que sitúen al alumno en un lugar central. La aplicación de nuevos métodos de enseñanza de acuerdo a las necesidades y circunstancias del alumno, que a menudo cuestionan los papeles y las responsabilidades tradicionales de profesores. Podemos incluir entre ellos el aprendizaje con el apoyo de las nuevas tecnologías que, no obstante, tienen el riesgo de poder generar “división digital”. Sócrates y Leonardo da Vinci son dos programas europeos que en los años precedentes han contribuido especialmente a la aparición de una red para la formación de profesores y formadores.






En el momento de elaborar el mencionado comunicado, preocupaba a las autoridades europeas la escasa penetración de la formación permanente en las sociedades europeas. En 2001, bastante menos del 10% de la población en edad laboral recibía formación. En muchas materias se han hecho importantes avances, sin embargo, aún esta tasa sigue situándose en el 8%, lo cual hace dudar de que en 2010 se alcance la meta propuesta del 12,5%. 35 horas anuales dedicadas al aprendizaje por empleado sería una marca deseable, estimó el comunicado.


 


Otro informe, elaborado por la OCDE, señalaba a los sistemas fiscales de la UE como principal freno a la inversión en formación permanente. Las pensiones y la vivienda son todavía los principales activos para los europeos. El caso es que estos incentivos fiscales a favor de las pensiones privadas fomentan la jubilación anticipada, que lleva asociado una depreciación del capital humano, por lo cual, los trabajadores se sienten desanimados a invertir en aprendizaje a lo largo de su vida. Propone con sólidos argumentos el mencionado estudio un mejor balance fiscal entre las diferentes fuentes de ingreso como incentivo para alargar la vida activa, al tiempo que avanzar hacia una más justa distribución del trabajo, el estudio y el ocio. Junto a éste incentivo, también se recomienda en el informe incorporar deducciones fiscales derivadas de la participación en programas de formación permanente. Se propone, por ejemplo, un nuevo tratamiento fiscal de las cuentas corrientes abiertas a tal fin. Asimismo, de pide una mayor implicación de los gobiernos para que éstos fomenten la apertura de cuentas personales con propósitos educativos a lo largo de la vida, podría ser con una aportación económica inicial a cuenta de fondos públicos.


 


Y si el problema preocupa ampliamente en Europa, España en lo que le toca deberá enfrentarse a un reto de aún mayor magnitud. No en vano, según datos obtenidos el año pasado, sólo cinco de cada cien adultos de entre 25 y 65 años continúa estudiando a lo largo de la vida (un 4,9%), que en cifras totales nos da dos millones de personas.


 


Vital es el papel que juegan las empresas en la formación permanente de los españoles. Sin embargo, éstas aún están lejos de los niveles deseables de inversión. Según los datos dados a conocer en 2003, España es el cuarto país de la Unión Europea que menos horas dedica a la formación profesional de sus trabajadores. Apenas 6 horas por cada 1.000 trabajadas con las que sólo supera a Alemania y Austria (5 horas), y a Portugal (4 horas).  


 


Así y todo, en el caso particular de las pequeñas y medianas empresas, -aquellas que, a fin de cuentas, emplean a la inmensa mayoría de los trabajadores españoles-, la brecha con respecto a otros países europeos es aún más grande. En lo que se refiere a las medianas empresas (de entre 50 y 249 empleados), 14 son las horas que Dinamarca destina a la formación mientras que en España son 5, igualándose en este caso a Luxemburgo y Alemania. En cuanto a las pequeñas empresas (de entre 10 y 49 empleados), España se coloca penúltima, con 3 horas por cada 1.000 trabajadas, y sólo por delante de Portugal, éste con 1 hora.


 


Son los autónomos los que más difícil tienen el acceso a la formación permanente. A mediados de julio del pasado año CEPYME presentó un informe titulado “Autónomos y formación: necesidades, demandas y resultados”, para el que se realizaron 3.250 entrevistas y 20 reuniones de expertos. Pues bien, pese a que 85% de los empresarios autónomos manifestó que la formación mejora la competitividad de su empresa, sólo el 24,9% de los encuestados afirmó haber hecho algún curso de formación en los últimos dos años.


 


De entre las dificultades señaladas por los empresarios autónomos para asistir a cursos, la falta de tiempo es la más importante, así lo afirmó un 46% de los encuestados. El desinterés por la formación o la creencia de que no la necesitan es otra de las principales barreras apuntadas por este colectivo a la hora de realizar cursos, según el 32% de los encuestados. Pero asimismo tenemos otros argumentos de peso como es la escasa información sobre la existencia de actividades formativas (12,1%); la creencia de ser demasiado mayor para asistir a las mismas (5,5% de la muestra, todos ellos con más de 49 años); y la poca o nula adecuación de los cursos a las necesidades de la empresa (5,1%).


 


Por otra parte, el citado estudio constató que industria, construcción, comercio, hostelería y servicios personales son los sectores en los que existen más dificultades para realizar actividades formativas.


 


Precisamente, el Real Decreto de 1 de Agosto en el que se reconoce el derecho de los trabajadores en Régimen de Autónomos a participar en programas formativos subvencionados. Más allá, este texto legal ha supuesto la implantación a partir de enero de 2004 de todo un nuevo Subsistema de Formación Continua con el que se espera dar un definitivo espaldarazo a la formación permanente de los empleados, ya sea por cuenta propia o ajena.


 


La principal novedad de este modelo es que a partir de ahora serán las propias empresas las que decidirán y desarrollarán sus acciones formativas. Todas las empresas que hagan formación para sus trabajadores tienen derecho a bonificaciones en las cotizaciones sociales, de manera automática, sin gestión intermedia de ninguna Administración. Es lo que se llama “crédito para formación continua”.


 


Con esta reforma espera el Gobierno agilizar la gestión de la formación continua que realizan las empresas en España, además, dotar de certeza jurídica y transparencia a estas acciones formativas. Por otra parte, se espera que un mayor número de colectivos accedan a los fondos para la formación continua, especialmente a través de los “contratos programa”.


 


No es momento aún para sacar conclusiones, apenas implantado como está el nuevo subsistema. Así y todo, si de verdad se pretende alcanzar esa sociedad ideal que es la denominada “del conocimiento”, actuaciones en otros ámbitos van a ser, del mismo modo, muy necesarias. La formación permanente de los empleados ha de hacerse atractiva para las empresas pero ha de ir más allá, ha de ir hasta las personas como sujeto activo. El Gobierno ha de introducir en el sistema productivo en particular y para la sociedad en general medidas que estimulen la formación cualquiera que sea la actividad, la situación y la edad de las personas.


 


Una mayor flexibilidad laboral, más centros ajustados a las necesidades de los adultos, el establecimiento de planes específicos de formación para el profesorado que imparte educación a personas adultas, son éstas medidas que se proponen desde la Comisión Europea.


 


De destacar este año han sido la regulación a través de Real Decreto del nuevo Catálogo Nacional de Formación Profesional y también por Real Decreto la aparición de los Certificados de Profesionalidad. En el ámbito de enseñanza superior, septiembre del año pasado supuso el definitivo cambio del Sistema de Créditos Español para homologarlo con el acordado por los países europeos. Hacer posible la movilidad académica y profesional en todo el territorio europeo, así como, el reconocimiento oficial de los conocimientos y habilidades profesionales, cualquiera que sea el modo de aprendizaje, son aspectos esenciales para impulsar la formación a lo largo de toda la vida.


 


Como ya se dijo, la OCDE propone por su parte una reforma fiscal que haga del aprendizaje un activo básico, también, en la sociedad española. El capital humano es el recurso clave de nuestra sociedad, se deprecia si no aprende constantemente. Así pues, es urgente un mejor balance en el tratamiento fiscal de las varias fuentes de ingresos de las personas, que haga más competitivo y alargue el ciclo de vida de las personas en el mercado de trabajo.


 


Todo curso de reciclaje, de actualización, de profundización, de mejora profesional, es una inversión, en primer lugar para el individuo que se hace más productivo y que incrementará sus ingresos, y luego para la sociedad que, cuanto menos, se beneficiará en el futuro de la más elevada cotización de dicho contribuyente. Por eso, desde aprendemas.com no nos hemos cansado este último año de reivindicar diversas medidas por parte del Gobierno para que las personas puedan desgravar de su IRPF los gastos derivados de tales actividades formativas. Entre las distintas posibilidades, tendríamos la desgravación de los desembolsos directos hechos por el contribuyente, asimismo, ciertas cantidades, del principal o al menos los intereses, de créditos solicitados por particulares para financiar programas de formación.


 


Lógicamente, tendrá un límite, los gastos deberán ser justificados convenientemente y, cuando fuera la inversión muy elevada con resultados a muy largo plazo, debería poder distribuirse a lo largo de varios años fiscales.


 


El acceso a la Educación Superior de personas mayores de 25 años es muy bajo si lo comparamos con la mayoría de países europeos. La edad media de los estudiantes universitarios en España es de 22 años mientras que la de Suecia, por ejemplo, está por encima de los 30 años. Poco se habla de ello, no obstante, facilitar el acceso a estudiantes adultos es también un aspecto al que debería prestar mayor atención el Ministerio de Educación. Este colectivo tiene unas necesidades específicas a las que las universidades españolas deben dar solución. El acceso a financiación a cuenta de fondos públicos, ya sean becas especiales, ayudas para pago de matrícula o créditos blandos, son medidas que harían posible alcanzar este objetivo, como asimismo, sería apropiado incentivar a las empresas para que apoyen a los empleados que deseen en un momento dado iniciar cualquier tipo de estudios.


 


No sólo el primer y segundo ciclo, sobretodo, el tercer ciclo y la educación de postgrado son ámbitos por los que profesionales de diferentes especialidades se sentirían más animados si encontraran facilidades. Precisamente, en el marco de la LOU se aprobó el año pasado un Real Decreto que incorpora ciertos másters y programas de postgrado al conjunto de títulos con reconocimiento oficial. Acompañando esta medida, pronto deberían aparecer programas de ayudas y créditos especiales para la realización de estudios oficiales de postgrado.


 


 


 

Fermín Gómez Wilkie para Aprendemas.com