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Crece la importancia de la colaboración entre universidad y empresa en el ámbito doctoral

Los doctorados son de los programas que más fomentan la colaboración entre las distintas universidades y de éstas con las empresas. Ahora, un estudio de la Asociación Europea de Universidades desvela su importancia y la forma en la que se estructuran

Publicado en Histórico Noticias
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La era de la economía basada en el conocimiento ha convertido a las universidades en catalizadores de la producción intelectual y a la economía y la sociedad en usuarios y a la vez adaptadores del mismo. Los programas de doctorado son uno de los más importantes dentro del proceso. Se trata de uno de los cursos más especializados y cuyo objetivo puede definirse como el de proveer a la sociedad con profesionales altamente cualificados y al mismo tiempo un caldo de cultivo para la investigación de alta calidad. Sin embargo, este tipo de estudios también requieren una serie de recursos que no siempre están al alcance de un sólo entro  universitario y en ocasiones incluso de cualquier institución educativa, lo que obliga a acudir al mundo empresarial


 


Ante esta situación no es de extrañar que más de la mitad de los doctorados europeos terminen desarrollando su carrera profesional lejos del ámbito académico, y más relacionado con el corporativo, la administración pública y el sector servicios. Esta tendencia conjuga perfectamente con la creciente necesidad de las universidades de estrechar sus lazos con el sector empresarial en términos de investigación. De hecho, las universidades ya no sólo buscan el apoyo de las grandes multinacionales especializadas en investigación intensiva sino también compañías de tamaño mediano con el enfoque adecuado. La importancia de esta relación para el futuro de las propias universidades como generadoras de conocimiento está fuera de toda duda y de hecho es cada vez mayor en Europa según un estudio llevado a cabo por la Asociación Europea de Universidades (EUA en sus siglas anglosajonas).


 


El trabajo en concreto se titula ‘Educación doctoral colaborativa: asociación entre empresa y universidad para mejorar el intercambio de conocimiento’ (‘Collaborative Doctoral Education: University-Industry Partnerships for Enhancing Knowledge Exchange’ en inglés original) y forma parte de un proyecto de dos años llamado Doc Carrers y que ha contado con fondos del Directorio general de investigación de la Unión Europea (UE). El estudio ha investigado a 33 universidades, 31 empesas y otras 18 corporaciones de 20 países europeos. Según el secretario general de EUA, John Smith, este trabajo “refleja el valor, oportunidades y retos del diálogo entre universidad y empresa en la educación doctoral, así como el aumento de las oportunidades laborales para los doctorados europeos”.


 


La primera gran conclusión del estudio es que, tanto universidades como empresas, ven en los programas de colaboración doctorales una importante vía de apoyo a la innovación. Además, se han convertido en una forma de optimizar el reclutamiento de estos trabajadores por parte de las compañías. En este sentido se puede decir que serían como unas prácticas pero a un nivel superior tanto formativa como profesionalmente. Para llegar a esta conclusión el proyecto global Doc Carrers se divide en tres tipos de actividades diferentes que se llevaron a cabo en un periodo de 18 meses. La primera fueron una serie de tres talleres sobre temas específicos alineados con los objetivos del estudio: estrategias de movilidad, buenas prácticas entre universidades y empresas y habilidades genéricas. La segunda abarcó una serie de pequeños casos de estudio de diferentes países para desarrollar posibles modelos de colaboración y el tercero fue la recolección de datos y herramientas de trabajo de los centros universitarios.


 


Desde la perspectiva empresarial, la participación en programas de colaboración con universidades tiene un alto valor añadido. Este tipo de cooperación pone a disposición de las compañías una fuerza laboral altamente cualificada desarrollando proyectos de investigación de lo más vanguardistas. Al mismo tiempo, los programas de doctorado son una forma para establecer lazos más duraderos entre empresa y universidad que ayuden a aportar todavía más valor a los beneficios que pueden obtenerse de la investigación universitaria a largo plazo. Y es que todavía muchos centros educativos tienen que lidiar con importantes barreras económicas para llevar a cabo su trabajo.


 


Por su parte, las universidades se benefician del apoyo económico, pero además estos programas sirven para mejorar la concepción global de los doctorados y sobre todo su atractivo para futuros alumnos. Esta titulación todavía sigue sin gozar del prestigio que merece en determinados campos de conocimiento no demasiado técnicos. A esto hay que añadir que estos programas colaborativos también sirven a los doctorandos como toma de contacto con entornos no universitarios y muchos lo ven como una excelente forma para mejorar la habilidad de los jóvenes investigadores para transformar el pensamiento abstracto en aplicaciones prácticas.


 


El nuevo estudio, llevado a cabo por la doctora Lidia Borrell-Damian, pone de relieve que tanto las grandes como las medianas empresas suelen esperar grandes aportaciones de los doctorados. Para empezar, consideran que deben de ser excelentes investigadores, pero además confían en que conozcan el funcionamiento del entorno empresarial y sobre todo la regulación nacional e internacional respecto a la propiedad intelectual, uno de los grandes 'caballos de batalla' en el mundo de la investigación. Esta concepción, en ocasiones equivocada, de los conocimientos y habilidades de los doctorados ha llevado a las universidades empezar a distinguir las cualidades de estos profesionales. Sobre todo están haciendo hincapié en lo que se conocen como 'aptitudes transferibles', que son aquellas que exceden su destreza investigadora. En el fondo, se trata de cubrir la necesidad de las empresas de contar con un profesional más concreto que además cuente con buenas capacidades de comunicación, negociación, gestión, resolución de problemas complejos y a poder ser experiencia internacional.


 


En cualquier caso, existen diferencias entre lo que las medianas empresas y las grandes corporaciones muy centradas en I+D esperan de sus doctores. En este sentido, las primeras tienden a dar más relevancia a las llamadas 'habilidades blandas' (aquellas relacionadas con las cualidades personales) como complemento de la capacidad de investigación. Por el contrario, las grandes multinacionales basan su elección de los candidatos en sus conocimientos específicos en un área concreta y en su desarrollo potencial.


 


El proyecto también sirvió para descubrir algunas de las condiciones que deben darse para mejorar la colaboración de programas doctorales y convertirla en un éxito. Esto es particularmente importante ya que en muchos casos las tres partes implicadas, es decir, doctorando, universidad y empresa, tienen diferentes objetivos, lo que puede deteriorar la relación entre todas ellas. El estudio subraya la necesidad de establecer un clima de confianza e intentar solucionar cualquier posible malentendido al comienzo de la colaboración. Independientemente de la organización del programa, buena parte de su éxito dependerá del factor humano y su habilidad para desarrollar una buena relación profesional y personal.


 


Otras recomendaciones del estudio apuntan al desarrollo de un programa que siga la carrera profesional de los doctores para informarles acerca de oportunidades curriculares y profesionales. Del mismo modo, señala que todavía sigue siendo muy necesario el apoyo gubernamental a los programas de doctorado y en concreto a los de colaboración con el mundo empresarial. En este sentido, las empresas medianas aparecen como las más necesitadas, ya que no cuentan con los mismos recursos para manejar estas colaboraciones en comparación con las multinacionales.


 


Aunque la relación entre empresa y universidad parece haber alcanzado un estadio de madurez que permitirá seguir desarrollando nuevos proyectos, según el estudio ambos deberían seguir trabajando para aumentar las posibilidades laborales de los doctores universitarios. En opinión de Borrell Damian, “universidades y empresas comparten muchos puntos de vista sobre las oportunidades, retos y barreras asociadas con los programas de colaboración doctoral” y apunta que todavía “no existen soluciones únicas”, por lo que el enfoque debe de ser personalizado.


 


 


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Más información:


 


Estudio “Educación doctoral colaborativa: asociación entre empresa y universidad para mejorar el intercambio de conocimiento”


 


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