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Claves para gestionar el estrés y la ansiedad en época de exámenes

El estrés o ansiedad que sufrimos en época de exámenes nos producen ciertas molestias que requieren de una actuación inmediata para que nuestra concentración no se vea afectada.

Publicado en Histórico Noticias
Foto de Claves para gestionar el estrés y la ansiedad en época de exámenes
Estudiantes-grado-INELas temidas Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) ponen a más de uno los nervios a flor de piel y son muchos los estudiantes que incluso sufren ansiedad en épocas de exámenes. Para evitar que la situación nos desborde, Florencia Poy, coordinadora del Gabinete de Orientación Educativa de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), ofrece unos consejos para conseguir que el estrés no se apodere del alumno. [Ver Cursos Prevención del Estrés]

 

Para empezar, es fundamental comprender que “la ansiedad no viene provocada por un examen en sí, sino por las consecuencias que cada alumno deriva de ello”. Por ello, la ansiedad es diferente entre quien, por ejemplo, va tranquilo aunque algo nervioso porque no necesita nota, en comparación con otro estudiante que necesita una nota alta para optar a una beca. En este último caso, el nivel de estrés del alumno es mayor y puede acabar convirtiéndose en ansiedad.

 

La experta señala la importancia de detectar esa ansiedad y estrés para poder combatirlos, pues “los síntomas de la ansiedad en época de exámenes vienen dados en tres planos que se relacionan y retroalimentan mutuamente”.

 

En primer lugar se encuentra el nivel mental o cognitivo, caracterizado por síntomas como: preocupación extrema, inseguridad, falta de confianza, desconcentración, dificultad para tomar decisiones, aprensión, sentimiento de inferioridad, sensación de pérdida de control, dificultades a la hora de leer y comprender, dificultades para recordar palabras o conceptos o bloqueo mental.

 

El estrés como reacción normal

En segundo lugar está el nivel fisiológico, caracterizado por  una respiración agitada o entrecortada, sudoración, sequedad de boca, opresión en el pecho, nauseas o dolor de estómago.

 

Por último, a nivel conductual, los síntomas más comunes serían: falta de apetito o comer en exceso, tartamudeo, hablar rápido, risa nerviosa, manipular continuamente objetos, reacciones impulsivas o responder sin reflexionar.

 

Aunque cueste creerlo,  Florencia Poy recuerda que el estrés es la energía que nos ayuda a ponernos en marcha. Por tanto, en su punto justo, “es una reacción normal y positiva, ya que actúa como un protector preparándonos para la acción”. De hecho, “sin esa dosis de energía vital no afrontaríamos los desafíos que nos plantea la vida”, asegura.

 

El estrés regulado y adecuado contribuye positivamente a la concentración. Sin embargo, cuando la ansiedad deja de ser adaptativa y provoca molestias, desasosiego y sufrimiento, “se convierte en un inhibidor del rendimiento, entorpeciendo la capacidad de atención y concentración”, comenta la psicóloga.

 

Cómo actuar ante la ansiedad

Por ello, es fundamental que el alumno sepa, en primer lugar, reconocer y detectar la ansiedad que sufre. “Esto, aunque parezca sencillo, no siempre lo es. Aprender a observar nuestro estado anímico resulta una tarea muy importante”, advierte Poy.

 

El segundo paso consiste en aprender a gestionar dichas emociones y para ello no hay que olvidar que siempre nos movemos en tres planos: fisiológico, mental y conductual. “En la mayoría de las ocasiones nos empeñamos en modificar nuestra conducta y nos olvidamos de la verdadera raíz del problema que se encuentra en el plano mental y emocional”, aclara.

 

La respiración abdominal, la relajación muscular progresiva de Jacobson o la relajación por inducción de Schultz, son algunas claves que los estudiantes pueden poner en marcha para vencer la ansiedad y el estrés.

 

Al mismo tiempo, en épocas de exámenes como la de ahora, la experta aconseja: “la planificación y organización del tiempo es la mejor medida de prevención de la ansiedad y el estrés”.  El alumno ha de ser consciente de lo que puede abarcar y, así, conseguirá estar tranquilo, un factor que repercute directamente en la atención y, por tanto, en el rendimiento.

 

Además, Poy recuerda no pasar por alto ciertos hábitos de la vida cotidiana que ayudarán a los estudiantes a estar más tranquilos como la práctica de ejercicio, llevar una alimentación sana y equilibrada, evitar los estimulantes como la cafeína y dormir entre siete y ocho horas diarias.

 

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Más información:

UFV

 

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