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¿Abandonar el nido? No hasta los 29

Abandonar el hogar de los padres es complicado por la actual situación económica pero en este proceso también influyen ciertos factores culturales propios de la zona mediterránea. Italia y España son una excepción en comparación al resto de Europa.

Publicado en Histórico Noticias
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Estudiantes-grado-INEVolar del nido se está convirtiendo en una misión imposible hasta casi la treintena. A día de hoy, los jóvenes españoles se independizan en torno a los 29 años, tal y como recoge la investigación sociológica “Jóvenes y emancipación en España”, realizada por la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) y la Obra Social Caja Madrid.

 

La crisis económica en la que estamos inmersos desde 2008 es una de las principales causas de este abandono tardío del hogar. El paro y la vivienda son los dos factores económicos principales que condicionan y dificultan la emancipación. En este sentido, el estudio recuerda que solo el 46,8% de los jóvenes españoles de 25 a 29 años está emancipado.

 

Quienes no han podido independizarse son los parados. No hay que olvidar que la tasa de paro juvenil que alcanza ya el 52,1% y en la que España se encuentra a la cabeza de Europa junto con Grecia. Hay que recordar que en Alemania no llega al 8%.

 

Por otro lado está el precio de la vivienda que en la última década ha subido muy por encima de su valor real y que, por tanto, provoca endeudamiento.

 

El alquiler, además, tampoco parece ser la mejor solución ya que los jóvenes que trabajan invierten alrededor del 42% de su sueldo y solo el 55% de esos jóvenes que trabajan pueden hacer frente a todos sus gastos.

 

Pero la actual situación económica y laboral no es el único condicionante para la emancipación. El estudio asegura que existen otros elementos determinantes relacionados con las características culturales, modelos familiares y políticas públicas que hacen que España, junto a Italia, sea el país europeo en el que más tarde se van de casa los jóvenes.

 

Cultura mediterránea

 

En España existe una gran tradición familiar por lo que la independencia no se produce al margen de la familia, sino que tiende a producirse en el seno de la misma. En este sentido, el estudio apunta que los hijos se independizan dando la mano a sus progenitores, es decir, los padres no quieren “que mi hijo/hija se vaya de casa de cualquier manera” o “no voy a abandonar el hogar familiar si es para perder calidad de vida”. Esta situación es más evidente en los núcleos familiares con ausencia de conflictos y una alta dosis de autonomía de los miembros más jóvenes.

 

Muestra de ello es que la mayoría no reclama la emancipación como vía para su independencia y autonomía porque, como ellos mismos afirman, ya gozan en casa de sus padres de una amplia libertad y valoran la comodidad en la viven. Así, muchos jóvenes no se deciden a dar el salto del hogar familiar hasta tener una seguridad casi completa de no fracaso.

 

Otro aspecto es la escasa tendencia a la movilidad geográfica de los adolescentes españoles, aunque la crisis está modificando este punto. La investigación asegura que el 23% de los adultos emancipados en España tiene a “todos” los miembros de la familia consanguínea (padres, hermanos, hijos) con quienes no conviven a 30 minutos o menos de distancia y el 57% considera que “los hijos adultos casados deberían vivir cerca de sus padres para poder ayudarlos si lo necesitan”, porcentaje que se reduce al 40% en Alemania y al 29% en Noruega.

 

Otro de los aspectos culturales que contribuyen a la emancipación es la percepción negativa del alquiler, pues se interpreta como “tirar el dinero”, así como la priorización de la emancipación orientada a la formación de la propia familia frente a modelos intermedios, como compartir pisos con conocidos.

 

¿Maduros del todo?

 

El estudio tampoco se olvida de la ausencia de políticas públicas que realmente apuesten por procesos de empoderamiento e independencia de los jóvenes. Este factor también es importante a la hora de favorecer la independencia.

 

Pero también resulta curiosa la actitud de los jóvenes, pues son muy maduros para unas cosas pero también más dependientes e infantilizados para otras. En principio, tienen muy claro cuál quieren que sea el destino de su propia vida, deciden qué estudiar o con quién salir sin presiones pero, a la vez, parece también darse el fenómeno contrario, el de una infantilización propiciada por el hecho de que las exigencias, las obligaciones y responsabilidades son escasas, tal y como apunta el estudio.

 

Aun así, no hay que olvidar que la decisión de emanciparse en España es una convicción de los propios jóvenes de adaptación a las circunstancias, no de conformismo o de pasividad. Los datos demuestran que, incluso en las épocas de mayor bonanza económica, la edad media de la emancipación en España ha sido más alta que en otros países europeos, a excepción de Italia, que comparte con España la cultura mediterránea que tanto retrasa el proceso.

 

 

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Más información:

 

Estudio “Jóvenes y Emancipación” de FAD y Obra Social Caja Madrid

 

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