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Cuando en la oficina hay un ogro que molesta

¿Cómo abordar la relación con personas tóxicas en el trabajo? La escritora Marta Rivera da algunas pautas.

Publicado en Empleo
Foto de Cuando en la oficina hay un ogro que molesta
La imagen de un ogro grande, peludo, contrahecho y devorador de niños nos acompaña desde la infancia gracias a las numerosas referencias que fábulas infantiles hacen de dichos seres.

Precisamente como si se tratara de una fábula, la escritora y periodista Marta Rivera ha utilizado al personaje del ogro para describir a un tipo de persona tóxica con la que se debe lidiar en el ámbito laboral. La ponencia ‘El ogro va a la oficina’ ha tenido lugar durante el curso de verano ‘Los malos del cuento en el entorno de trabajo’, celebrado por la Universidad del País Vasco y dirigido por la escritora Espido Freire.
Un "ogro" puede estropear un ascenso o una subida de sueldo

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La razón que da alas a que el ogro exista y lo sitúa en un plano superior es “que manda más que la mayoría y que gana más que el resto”. Estas dos características, en un entorno laboral, hacen que sus subordinados tengan la constante sensación de que el ogro puede influir en su trayectoria laboral. La escritora ha puesto como ejemplo para refererse a ese tipo de personas que “podría estropearte un ascenso, complicar tus vacaciones o tirar al traste una subida de sueldo”.

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Pero no todo el que tiene una posición o un sueldo superior es un ogro, como no todos los ogros son seres malvados y antipáticos, véase Shrek, por eso Rivera ha insistido en diferenciar entre la figura del jefe de la del ogro.

Lo que sí reconoció como una posibilidad es que el contexto de crisis económica y laboral en el vivimos haya fomentado una mayor presencia de estos seres en los entornos laborales. Ante su presencia, la autora lo tiene claro: a pesar de ser un ogro, es capaz de convertirse “en un tipo melifluo y servil” ante la presencia de sus superiores. Y si no recuerden otras moralinas presentes en el cuento como El gato con botas retó al ogro a convertirse en ratón para, posteriormente, comérselo y acabar con él.

Si en algún momento se es objeto de la ira y menosprecio de un ogro de oficina, Marta Rivera insiste: ante una bronca “de las gordas”, no perder el equilibrio y no llorar; “las lágrimas despiertan la piedad en la buena gente, y el desprecio en las malas personas”. ¡Ah! Y nada de contarle sus intimidades, problemas y debilidades a un ogro, puede utilizarlas en su contra.

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