Reírse de los propios errores es una de las herramientas sociales más poderosas para mejorar la percepción que los demás tienen de nosotros. Así lo revela un nuevo estudio publicado por la American Psychological Association.
Contrario a la creencia extendida de que mostrar vergüenza demuestra humildad, la investigación concluye que, en situaciones cotidianas, la risa es una respuesta más efectiva, auténtica y socialmente inteligente.
El trabajo, realizado a raíz de seis experimentos con más de 3.000 participantes, analiza cómo reaccionan las personas ante pequeños errores sociales: desde tropezar en la calle hasta confundir el nombre de un conocido.
Los resultados son contundentes: aquellos que optan por reírse de sí mismos son percibidos como personas cálidas, competentes y auténticas frente a quienes muestran vergüenza o incomodidad.
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Por qué la risa funciona mejor que la vergüenza
La risa actúa como un “botón de reinicio social”.
Los investigadores explican que la risa actúa como un “botón de reinicio social”, capaz de reducir la tensión del momento y transmitir que el error fue accidental y sin importancia. Esta reacción comunica confianza, autocontrol emocional y una comprensión adecuada del contexto. En cambio, la vergüenza suele interpretarse como una respuesta excesiva ante un fallo menor, lo que puede hacer que la persona parezca más torpe o insegura de lo que realmente es.
El estudio también desmonta una idea muy extendida: la de que los demás juzgan con dureza nuestros pequeños fallos. Según los autores, solemos sobreestimar la severidad con la que los otros evalúan nuestros tropiezos.
Reírse de uno mismo demuestra que se comprende la naturaleza trivial del error y que no se dramatiza la situación:
– Reduce la incomodidad del grupo: la risa actúa como un reseteo emocional que alivia la tensión.
– Comunica seguridad: demuestra que la persona no se desestabiliza por un fallo menor.
– Transmite cercanía: humaniza su imagen sin comprometer la profesionalidad.
– Evita interpretaciones negativas: quien se avergüenza demasiado puede dar a pensar a los demás que es una persona insegura o que el error le supera.
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El límite: solo funciona si nadie sale perjudicado
La investigación también advierte de un matiz crucial: la risa solo es apropiada cuando el error es completamente inocuo. En experimentos donde el tropiezo causaba daño —como romperse un brazo o herir a otra persona—, reírse de uno mismo se percibía como insensible y socialmente inapropiado. En esos casos, mostrar preocupación o arrepentimiento sigue siendo la reacción esperada.
“Nuestros hallazgos sugieren que las personas a menudo sobreestiman la severidad con la que los demás juzgan sus pequeños errores sociales”, afirma el coautor del estudio, el doctor Övül Sezer, de la Escuela de Negocios SC Johnson de la Universidad de Cornell. “En el caso de errores menores e inofensivos, reírse de uno mismo puede ser una señal de confianza social, reducir la tensión y comunicar que el error fue accidental”.
Implicaciones para la vida diaria y el trabajo
Los autores señalan que esta estrategia puede ser especialmente útil en entornos laborales, donde la percepción de competencia es clave. Lejos de parecer poco profesional, reírse de un error menor puede transmitir seguridad y madurez emocional, cualidades muy valoradas en equipos y líderes.
Además, el estudio abre la puerta a futuras investigaciones sobre cómo influyen factores como la cultura, el género o el contexto profesional en la eficacia del humor como herramienta social.

