Muchos padres han dicho alguna vez frases como “ese niño no me gusta para ti” o “no quiero que vuelvas a quedar con él”. Ahora, un nuevo estudio demuestra que esa estrategia realmente funciona… aunque el precio emocional para los hijos puede ser mucho más alto de lo que parece.
La investigación, publicada en la revista científica Child Development, estudió durante dos años a 394 estudiantes de entre 9 y 14 años en colegios públicos de Lituania para analizar cómo influye la opinión de las madres en las amistades infantiles. El resultado fue contundente: cuando una madre desaprueba una amistad, las probabilidades de que esa relación desaparezca aumentan significativamente.
Las amistades “prohibidas” suelen terminar rompiéndose
Los investigadores analizaron amistades consideradas como “mejores amigos”, es decir, relaciones recíprocas y estables mantenidas durante al menos un curso escolar. Aun así, aproximadamente un tercio de esas amistades terminó desapareciendo con el tiempo. En muchos casos, los niños afirmaban que sus madres no aprobaban esa relación.
Según el estudio, la desaprobación parental actúa de dos formas:
– Algunos menores se alejan directamente del amigo para evitar conflictos en casa.
– En otros casos, la presión familiar deteriora poco a poco la calidad emocional de la amistad hasta que termina rompiéndose.
Los científicos describen este proceso como un “envenenamiento gradual” de la relación: disminuye la confianza, baja el apoyo emocional y la amistad acaba perdiendo fuerza.
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El gran problema: romper una amistad no significa solucionar nada
Aunque la estrategia puede parecer efectiva a corto plazo, los autores advierten de consecuencias importantes para el bienestar infantil.
El profesor Brett Laursen, autor principal del estudio, señala que terminar una amistad “no es una victoria parental”. Muchos niños que pierden a su mejor amigo no encuentran fácilmente nuevas relaciones sanas y pueden quedarse aislados socialmente.
Además, investigaciones previas ya habían relacionado la prohibición de amistades con:
– Mayor rebeldía infantil.
– Problemas emocionales y de conducta.
– Deterioro de la relación entre padres e hijos.
– Mayor vulnerabilidad al acoso escolar.
– Los niños con menos amigos son más vulnerables.
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Impacto en las relaciones sociales
El trabajo también conecta con una preocupación creciente entre psicólogos y educadores: la dificultad de muchos menores para crear y mantener amistades.
Encuestas recientes muestran que uno de cada cinco padres cree que su hijo tiene pocos amigos o ninguno, mientras que la mayoría de los niños desearía tener más relaciones sociales.
Las amistades durante la infancia y la adolescencia son clave para el desarrollo emocional, la autoestima y la salud mental futura.
Entonces, ¿qué deberían hacer los padres? Los investigadores no recomiendan ignorar las malas influencias, pero sí evitar estrategias excesivamente autoritarias.
En lugar de prohibir directamente una amistad, los autores sugieren:
– Fomentar conversaciones abiertas
– Crear un entorno familiar cálido y seguro
– Ayudar a los hijos a desarrollar criterio propio
– Enseñar habilidades sociales y emocionales
La idea, explican, es que los menores aprendan a detectar relaciones tóxicas por sí mismos sin sentir que sus padres controlan completamente su vida social.

