Hay personas que se levantan temprano con energía y aprovechan las primeras horas del día para estudiar, trabajar o hacer ejercicio. Otras, en cambio, necesitan más tiempo para arrancar y sienten que su mejor momento llega cuando cae la tarde. No es necesariamente una cuestión de pereza o falta de voluntad. Detrás de estas diferencias está el cronotipo, una característica relacionada con nuestro reloj biológico.
Así lo explica Gerard Aragonès, investigador del Grupo de Nutrigenómica del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universitat Rovira i Virgili (URV), en un artículo de divulgación publicado por la universidad.
La explicación está en los ritmos circadianos, los ciclos biológicos que se repiten aproximadamente cada 24 horas y que regulan funciones como el sueño, la temperatura corporal, la secreción hormonal y el metabolismo.
Búhos y alondras: qué diferencia a las personas madrugadoras de las nocturnas
El cronotipo es la predisposición individual a dormir y estar activo en determinados momentos del día. De forma general, se distinguen dos perfiles populares: las alondras y los búhos.
Las personas alondras tienen una mayor predisposición a levantarse temprano y suelen sentirse más activas durante las primeras horas de la jornada.
Por el contrario, los búhos tienden a acostarse más tarde y encuentran su momento de mayor actividad a última hora del día.
Sin embargo, no todo el mundo encaja en uno de estos dos extremos. Muchas personas presentan un cronotipo intermedio y pueden adaptarse con mayor facilidad a diferentes horarios.
Estas diferencias tienen, además, una base biológica. Un estudio genético publicado en 2019 en Nature Communications, con datos de casi 700.000 personas, identificó más de 350 regiones del genoma relacionadas con la tendencia a ser madrugador o nocturno.
Esto no significa que el cronotipo sea inamovible. La luz natural, los horarios y los hábitos cotidianos pueden modificar parcialmente nuestro reloj interno, aunque no convierten necesariamente a una persona nocturna en madrugadora.
¿Quién rinde más los madrugadores o los noctámbulos?
La respuesta no es tan sencilla como elegir entre levantarse temprano o acostarse tarde. Según la explicación recogida por la URV, el rendimiento depende, en parte, de que las tareas coincidan con el momento del día en el que cada persona está biológicamente más preparada para realizarlas.
Este fenómeno se conoce como efecto de sincronía y puede influir especialmente en actividades relacionadas con la atención y la memoria.
Por eso, una persona que se concentra con facilidad por la noche puede tener más dificultades para rendir a primera hora de la mañana. A la inversa, alguien con un cronotipo matutino puede experimentar un descenso de energía cuando avanza la tarde.
Una revisión publicada en 2025 en la revista Chronobiology International señala que el cronotipo, por sí solo, no determina que una persona tenga mejores o peores capacidades cognitivas.
En cualquier caso, existe una condición fundamental: dormir lo suficiente. La predisposición biológica no compensa la falta de descanso. Haber dormido pocas horas puede perjudicar la concentración y el rendimiento, incluso durante el momento del día en el que una persona suele encontrarse mejor.
La luz natural también influye en el reloj biológico
Uno de los factores que más influyen en nuestros ritmos circadianos es la luz. La retina envía información al cerebro sobre la luminosidad ambiental y contribuye a sincronizar el organismo con el ciclo de día y noche.
La luz de la mañana actúa como una señal de que el día ha comenzado y favorece unos horarios más tempranos. En cambio, la exposición a una iluminación intensa durante la tarde y la noche puede retrasar el reloj biológico.
También interviene la melatonina, una hormona cuya producción aumenta habitualmente al anochecer y que ayuda a preparar al organismo para el descanso. La luz artificial puede interferir en esta señal y retrasar su aparición.
Por ello, los hábitos cotidianos importan. Mantener horarios regulares, aprovechar la luz natural durante el día, reducir la iluminación intensa antes de acostarse y realizar actividad física son medidas que pueden favorecer un descanso adecuado.
El problema de ser nocturno en una sociedad que madruga
Nuestro reloj biológico no siempre encaja con los horarios laborales, académicos y sociales.
Para las personas con un cronotipo vespertino, comenzar las clases o la jornada laboral muy temprano puede implicar dormir menos de lo necesario.
Algunas intentan recuperar el descanso durante los fines de semana, acostándose y levantándose a horas muy diferentes de las habituales entre semana. Esta diferencia se conoce como jet lag social, porque el organismo debe adaptarse a horarios que cambian de un día a otro.
Este desajuste se ha relacionado con un mayor riesgo de obesidad y alteraciones metabólicas, según las investigaciones citadas en el artículo de la URV.

