Un nuevo estudio de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) desafía uno de los pilares más arraigados de la psicología moderna: la idea de que la repetición constante es la clave del aprendizaje. Según esta investigación, publicada en Nature Neuroscience, el cerebro no aprende mejor cuando recibe más estímulos, sino cuando estos están más separados en el tiempo y ocurren con menor frecuencia. El hallazgo podría transformar desde la educación hasta el diseño de inteligencia artificial.
¿Adiós a la teoría de Pavlov?
Hace más de un siglo, Pavlov entrenó a su perro para que asociara el sonido de una campana con la comida. Desde entonces, los científicos han asumido que el perro lo aprendía mediante la repetición: cuantas más veces oía la campana y luego comía, mejor aprendía que el sonido significaba que pronto llegaría la comida.
Durante más de 100 años, el paradigma dominante se basaba en este experimento de Pavlov, que demostraban que la asociación entre un estímulo y una recompensa se fortalecía con la repetición. Sin embargo, los científicos de UCSF han descubierto que el cerebro utiliza un mecanismo distinto: prioriza la información que proviene de recompensas ocasionales, no de las frecuentes. Y lo hace ajustando la liberación de dopamina, el neurotransmisor clave en el aprendizaje y la motivación.
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El tiempo es el verdadero motor del aprendizaje (no la repetición)
El equipo liderado por Vijay Mohan K. Namboodiri entrenó a ratones para asociar un sonido con una recompensa dulce. Lo sorprendente fue que los animales que recibían recompensas mucho menos frecuentes, pero más espaciadas en el tiempo, aprendían igual de rápido o incluso más que aquellos que recibían muchas más oportunidades de ensayo.
Esto contradice directamente la idea de que “cuanto más practicas, mejor aprendes”.
En realidad, cuando los estímulos se presentan demasiado juntos, el cerebro reduce su sensibilidad y aprende menos de cada experiencia. Es el mismo fenómeno que explica por qué estudiar antes de un examen suele ser menos efectivo que estudiar de forma distribuida a lo largo del tiempo.
La dopamina se activa antes cuando los eventos son ocasionales
Los investigadores observaron que, cuando las recompensas eran escasas, el cerebro necesitaba menos repeticiones para empezar a liberar dopamina en respuesta al sonido, anticipando la recompensa. Es decir, el cerebro aprende más rápido cuando los eventos relevantes son poco frecuentes, porque los considera más informativos.
Incluso cuando solo el 10% de los sonidos iba acompañado de recompensa, los ratones aprendían con sorprendente rapidez. La clave no era la cantidad de recompensas, sino el intervalo temporal entre ellas.
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Implicaciones para la educación, la adicción y la inteligencia artificial
Este estudio podría tener un impacto profundo en múltiples áreas. Desde Educación, ya que podría confirmar que el aprendizaje espaciado es más eficaz que la repetición intensiva.
También para las adicciones, pues trata de explicar por qué hábitos como fumar o apostar son tan difíciles de superar (las recompensas intermitentes generan asociaciones más fuertes).
E igualmente para la Inteligencia artificial, ya que los modelos actuales requieren miles de millones de datos, un sistema inspirado en este principio podría aprender más rápido con menos información.
Según Namboodiri, este principio biológico podría inspirar algoritmos más eficientes: “Nuestros cerebros siguen siendo mucho más rápidos que las máquinas, y este estudio ayuda a entender por qué”.
Preguntas y respuestas sobre el proceso de aprendizaje
– Entonces, ¿debo dejar de practicar cosas a diario?
No necesariamente, pero significa que «espaciar» es más importante que «repetir». Si intentas aprender un nuevo idioma o un instrumento, tu cerebro absorberá más de tres sesiones de 20 minutos repartidas a lo largo del día que de una hora entera de repetición.
– ¿Por qué el cerebro prefiere los eventos poco frecuentes a los comunes?
Desde un punto de vista evolutivo, las recompensas poco frecuentes son más «informativas» que las comunes. Si algo ocurre constantemente, el cerebro lo trata como ruido de fondo. Si es poco frecuente, el cerebro presta especial atención al momento para asegurarse de no perder la siguiente oportunidad.
– ¿Cómo se relaciona esto con la adicción?
Explica por qué las recompensas intermitentes (como las apuestas o las notificaciones de redes sociales) son tan adictivas. Debido a que las recompensas son impredecibles y espaciadas, el sistema de dopamina del cerebro sigue siendo muy sensible y “aprende” el hábito mucho más profundamente que si la recompensa fuera constante.
The Brain May Learn More from Rare Events than from Repetition | UC San Francisco – Namboodiri and postdoctoral scholar Dennis Burke, PhD, wanted to test this. They trained mice to associate a sound with getting sugar-sweetened water … – https://t.co/JAi8Z6x7Cr
— The Postdoctoral (@thepostdoctoral) February 18, 2026

