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Casi 2.000 idiomas comparten la misma regla: así decide el cerebro si crea una palabra o reutiliza otra

Casi 2.000 idiomas comparten la misma regla: así decide el cerebro si crea una palabra o reutiliza otra

Casi 2.000 idiomas comparten el mismo patrón cerebral a la hora de estructurar y reutilizar palabras.

¿Te has preguntado alguna vez por qué una misma palabra puede tener varios significados? En español, por ejemplo, “lengua” puede referirse tanto al órgano de la boca como a un sistema de comunicación. Y no es una peculiaridad del castellano. Un nuevo estudio revela que este tipo de coincidencias aparecen siguiendo patrones sorprendentemente similares en miles de lenguas de todo el mundo.

La investigación, publicada en Nature Human Behaviour y liderada por investigadores vinculados a la Universitat Pompeu Fabra, ha analizado datos de 1.995 lenguas pertenecientes a 193 familias lingüísticas. El resultado apunta a una regla común: las lenguas tienden a reutilizar palabras cuando hacerlo resulta eficiente y no genera demasiada confusión, pero buscan diferenciar los términos cuando compartir una palabra puede dificultar la comunicación.

La curiosa regla que comparten las lenguas

A primera vista, los idiomas del mundo pueden parecer sistemas completamente diferentes. Cambian los sonidos, las palabras, la gramática y la manera de construir frases. Sin embargo, cuando los investigadores observaron cómo las lenguas relacionan formas y significados, encontraron una regularidad.

La clave está en un equilibrio entre dos fuerzas: la necesidad de ahorrar esfuerzo y la necesidad de evitar ambigüedades.

Utilizar una palabra que ya existe para expresar un significado relacionado resulta más sencillo que crear una completamente nueva. Pero si dos conceptos aparecen habitualmente en el mismo contexto, utilizar el mismo término para ambos puede provocar confusión.

Por eso, las lenguas parecen moverse constantemente entre dos extremos: reutilizar y diferenciar.

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Cuando una palabra sirve para dos cosas

Los lingüistas denominan colexificación al fenómeno por el que una misma forma lingüística expresa varios significados.

Es algo que ocurre también en español. La palabra “lengua” puede designar el órgano situado en la boca y, al mismo tiempo, un idioma. El estudio señala que este tipo de reutilización de formas aparece en lenguas muy alejadas entre sí.

Otro ejemplo aparece en inglés con «speak», que puede utilizarse para hablar de la acción de comunicarse mediante el habla o de la capacidad de hablar una determinada lengua. Pero reutilizar exactamente la misma palabra no es la única posibilidad.

El lenguaje tiene un término medio

Los investigadores identifican también la denominada colexificación parcial. En este caso, dos conceptos no comparten exactamente la misma palabra, pero sí una parte de su forma.

Es una estrategia especialmente interesante porque permite conservar una relación entre conceptos sin convertirlos completamente en la misma palabra.

El estudio pone como ejemplo el inglés grandfather y grandmother, que comparten el elemento «grand». En chino mandarín también se observan relaciones de este tipo, como ocurre entre los términos relacionados con “boca” y “labios”.

Así, las lenguas dispondrían de una especie de punto intermedio entre reutilizar una palabra completa y crear dos términos completamente independientes.

El contexto es más importante de lo que parece

Una de las claves del estudio está en que la decisión de reutilizar una palabra no depende únicamente de que dos significados sean parecidos. También importa la posibilidad de confundirlos en una conversación.

Dos conceptos pueden ser semánticamente diferentes y, sin embargo, compartir palabra si normalmente aparecen en contextos muy distintos. En cambio, cuando dos significados suelen aparecer juntos, diferenciarlos puede resultar mucho más útil para quien escucha.

El ejemplo clásico es «bank» en inglés, que puede significar “banco” como institución financiera o “orilla” de un río. Como los dos significados suelen aparecer en contextos diferentes, la posibilidad de confusión es relativamente baja.

En cambio, conceptos que aparecen habitualmente juntos tienen más motivos para conservar palabras distintas.

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25.000 casos de reutilización de palabras y casi 194.000 parciales

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores recurrieron a Lexibank, una gran colección de vocabularios estandarizados de diferentes lenguas. El análisis reunió 25.138 casos de colexificación completa y 193.587 casos de colexificación parcial en miles de lenguas y familias lingüísticas.

La enorme dimensión de los datos permite observar que el patrón no pertenece a una región concreta ni a un grupo de idiomas emparentados. La tendencia aparece de forma transversal en lenguas muy diferentes.

Una especie de economía del lenguaje

El hallazgo ayuda a entender por qué los idiomas no necesitan una palabra completamente distinta para cada concepto.

Si cada nuevo significado exigiera inventar un término desde cero, el vocabulario sería mucho más difícil de aprender y manejar. Pero reutilizar constantemente las mismas palabras tampoco sería viable: terminaríamos rodeados de ambigüedades.

El lenguaje parece resolver el problema buscando un equilibrio entre economía y claridad. Reutilizar una palabra reduce el esfuerzo de aprendizaje y procesamiento. Diferenciarla permite transmitir información con mayor precisión. Y cuando reutilizarla por completo puede ser problemático, compartir solamente una parte de la forma puede funcionar como solución intermedia.

Entonces, ¿cómo aprendemos idiomas?

La investigación plantea una idea especialmente interesante para quienes estudian lenguas: los idiomas pueden ser diferentes en la superficie, pero compartir principios profundos en la manera de organizar el significado.

Esto también puede tener implicaciones para comprender cómo aprendemos vocabulario. Si las personas tienden a aprovechar relaciones entre significados y formas ya conocidas, identificar esos patrones podría ayudar a desarrollar métodos de enseñanza de idiomas más intuitivos.

El estudio también abre posibles aplicaciones en campos como el procesamiento del lenguaje natural, la traducción automática y el desarrollo de sistemas capaces de manejar el lenguaje de una manera más parecida a la humana.

La gran sorpresa: los idiomas no son tan arbitrarios como parecen

Quizá la conclusión más llamativa sea que detrás de miles de lenguas aparentemente distintas puede existir una misma lógica.

Las palabras cambian, evolucionan y se transforman con el paso del tiempo. Pero cuando una comunidad necesita nombrar algo nuevo, parece enfrentarse a un dilema que se repite una y otra vez: ¿aprovechamos algo que ya conocemos o inventamos una palabra diferente?

La respuesta depende de cuánto esfuerzo permita ahorrar y, sobre todo, de cuánto riesgo exista de que alguien no entienda lo que queremos decir.

En otras palabras, hablar parece ser también un ejercicio constante de equilibrio entre ahorrar palabras y evitar malentendidos. Y esa regla, según este estudio, aparece una y otra vez en las lenguas del planeta.

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