Jornada escolar continua o partida: ¿cuál es mejor?

En los últimos años, numerosos colegios han modificado su horario escolar para instalar la jornada continua, con la que los niños concentran todas sus clases por la mañana. Sin embargo, la medida genera polémica entre profesorado y familias, y encuentra a tantos defensores como detractores.

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Estudiantes-grado-INE¿Cuál es la jornada más efectiva para los niños? ¿La que se desarrolla en horario de mañana y tarde? ¿O la que concentra todas las horas lectivas en la mañana y permite a los alumnos tener la tarde libre? ¿Cuál conviene más a los padres y profesores? ¿Qué opinan de ello los expertos? Está claro que el horario escolar levanta polémica y ambos tipos de jornadas encuentran tanto a personas a favor como en contra.
 
En España, tradicionalmente, y salvo el periodo más próximo a las vacaciones estivales, los niños han estudiando con jornada partida. Es decir, en dos sesiones, una por la mañana y otra por la tarde, lo que implica que el profesorado también cumple esa misma jornada laboral. Sin embargo, son muchos los colegios que en los últimos años han implantado la jornada continua y, en el caso de los centros públicos, siguiendo las directrices de las Comunidades Autónomas.
 
Una de las últimas Comunidades Autónomas que se ha decantado por la jornada continua ha sido la Comunidad Valenciana. El pasado mes de abril, la Consejería de Educación, Cultura y Deporte hacía público que, de cara al curso escolar 2013-2014, ofrecerá la posibilidad de implantar la jornada escolar continua en todos los centros docentes públicos, siempre y cuando los colegios se comprometan a cumplir unos determinados objetivos de calidad educativa. Eso sí, la medida solo se podrá llevar a cabo siempre que sea aprobada por el 85% de los padres en una votación en la que deberán participar al menos la mitad de las familias de los alumnos.
 
Aragón es otra de las Comunidades Autónomas que está estudiando implantar la jornada continua en los colegios de la región a partir del curso 2014-2015, aunque ofrecería a los centros la libertad para elegir horario. Antes de implantar la jornada continua de forma definitiva se llevará a cabo un plan piloto en el colegio Monzón III, de Huesa, y una vez concluido el curso el Ejecutivo autonómico extraerá las conclusiones que le permitirán determinar la viabilidad o no de la iniciativa.
 
El centro contará con una jornada continua de 9 a 14 horas con carácter general y de 9 a 16 horas para los alumnos que utilicen el comedor escolar. De esta manera, los estudiantes podrán participar en actividades escolares centradas en idiomas, música o deportes, que se desarrollarán de 16 a 18 horas.
 
En el caso de que la experiencia sea positiva, Aragón podría decidirse finalmente a implantar este modelo de jornada en los centros. Una decisión con la que se pondría punto y final a los debates suscitados entre los sindicatos, los centros y la administración autonómica, aunque es posible que continúe con los padres, que son quienes más cuestionan la conveniencia de este modelo de horario por considerarlo que no presenta ventajas desde el punto de vista pedagógico o social en relación con la jornada partida.
 
Defensores de la jornada continua
En general, el profesorado y los sindicatos son los mayores defensores de la jornada continua, ya que paralelamente a su aplicación llega una mejora de sus condiciones laborales, mientras que los padres suelen estar en contra, al considerar que no es compatible con sus horarios laborales.
 
Quienes se posicionan a favor de la jornada continua alegan que la concentración de las horas lectivas por la mañana se traduce en un mejor rendimiento de los estudiantes y un menor cansancio, al tiempo que abogan por la necesidad de que los padres pasen más horas diarias con sus hijos. Para ellos, la jornada escolar continua puede suponer un punto de inflexión en las políticas de conciliación de las empresas, que comenzarían, ante la presión social, a adaptarse a horarios más europeos, lo que se traduciría en tiempos de comida más cortos y una salida más temprana del lugar de trabajo.
 
La jornada continua, por otra parte, también posibilitaría que los menores tuvieran más tiempo para el desarrollo de habilidades a través de clases extraescolares, sin que ello suponga un esfuerzo extra para el alumno, que en el caso de tener jornada partida se vería sin tiempo libre tras culminar una tarde de colegio, más sus correspondientes extraescolares y tareas escolares. Algunos expertos consideran que la presión que supone una agenda diaria llena de actividades puede resultar una carga demasiado pesada y estresante para los menores.
 
En contra de la jornada continua
Los detractores de la jornada continua, por su parte, consideran que este reajuste consiste únicamente en cambiar la hora de entrada y salida del colegio, y no está enfocado a mejorar los resultados escolares de los menores, ni sirve para prevenir el fracaso escolar.
 
Muchos padres tienen dudas acerca de cuáles son los objetivos reales que se pretenden conseguir con el cambio de jornada, y no creen que evitar cuatro desplazamientos diarios al centro o la conciliación del profesorado sean razones de peso para implantar un horario solo de mañana. Para ellos, no hay evidencias de que una jornada continua mejore el resultado curricular de un alumno. En su defensa, los profesores argumentan que se busca el horario más idóneo para la educación y el desarrollo escolar y personal del menor.
 
Por otro lado, hay muchos progenitores que aseguran que, en vez de fomentar la vida familiar, lo que esta jornada provoca es un crecimiento masivo del fenómeno del “niño con llave”, es decir, los menores que terminan su jornada escolar y tienen que regresar a una casa en la que aún quedan varias horas para que los padres regresen de su trabajo. Esta situación provoca en la mayoría de los casos que los niños no aprovechen el tiempo adecuadamente, sino que se traducen en un mayor número diario de horas de televisión y videojuegos. Además, y desde su punto de vista, la jornada escolar queda demasiado comprimida, al concentrarse un gran número de clases en un horario más reducido, lo que supone una discriminación hacia aquellos niños a los que les cuesta más seguir el ritmo de la clase.
 
Para algunos expertos, lo mejor es combinar tiempo de actividad y de descanso, por lo que reconocen que la jornada continua puede causar problemas de rendimiento escolar y de aprendizaje en algunos menores, lo que podría llevar a aumentar las tasas de fracaso escolar. En su opinión, la jornada partida es la que más se adecúa a los ritmos naturales de un niño, con cortos periodos de aprendizaje y más descansos.
 
Por último, los detractores de la jornada escolar continua señalan que, con este horario, los niños tienen menos tiempo de jugar y aprender con los compañeros en los tiempos de recreo, así como de compartir espacios lúdicos. Además, hay muchas familias que no pueden afrontar los gastos de las actividades extraescolares, lo que en sí contribuye a marcar las diferencias entre el alumnado de un mismo colegio. Opiniones encontradas
En cualquier caso, en todos los colectivos se pueden encontrar opiniones encontradas. El profesor Víctor Cuevas ha expresado su opinión contraria a la jornada continua en el blog Educadores21 aludiendo a que “no hay ninguna evidencia de que se aprovechen mejor las horas lectivas en la jornada continua, justo al contrario. Si nos fijamos en el informe PISA, las Comunidades Autónomas con jornada continua tienen los peores resultados mientras que las que tienen jornada partida los tienen mejores. No encuentro argumentos pedagógicos para sostener que concentrar todas las actividades lectivas en la mañana sea mejor, cuando está comprobado que la capacidad de atención sostenida de los alumnos desciende según avanza la mañana”.
 
Cuevas señala que “tener más tiempo para actividades extraescolares no es ninguna ventaja; si acaso supone una desventaja. Estoy totalmente en contra de la sobrecarga de actividades extraescolares que no deja tiempo para que los niños jueguen, lo más importante en estas edades sin ninguna duda”.
 
Por su parte, Luis Andrés Bravo es un padre a favor de la jornada continua, que es el horario escolar que tiene su hijo Gabriel. “Yo solo encuentro ventajas en este tipo de jornada. En primer lugar, desde que mi hijo va a clase solo por las mañanas se ha quitado todo el estrés de golpe. Antes, sus clases terminaban a las 5 de la tarde. Como por mis horarios de trabajo le tenía que dejar en el colegio a las 8 de la mañana, pasaba diariamente nueve horas en el centro, a las que había que sumar una hora más dos días por semana, porque tenía fútbol como actividad extraescolar. Antes de las siete no llegábamos a casa y después se ponía a hacer deberes y a estudiar. Había días en que directamente cenaba y se iba a la cama, sin tiempo para el descanso. Ahora, termina la jornada escolar a las tres de la tarde y, aunque sigue teniendo una hora de extraescolares y sus deberes, disfruta de más tiempo libre. Se le ve más relajado y contento. Definitivamente, la jornada continua es lo mejor que le podía haber pasado”.
 
Jornada escolar europea
La jornada escolar varía según las costumbres, la cultura e incluso la climatología de cada país. En Europa tenemos tantos casos de jornada continua como partida. Alemania, Dinamarca y Suecia tienen jornada continua, mientras que en Bélgica, Reino Unido, Países Bajos e Irlanda prefieren la jornada partida.
 
En otros países, la falta de instalaciones educativas obliga a hacer turnos escolares de mañana o tarde, como ocurre en determinadas localidades de Grecia o Portugal. En Francia y Luxemburgo, en cambio, se ofrece una jornada mixta, lo que significa que algunos días a la semana los escolares solo acuden a clase por la mañana mientras que otros días tienen clase por la mañana y por la tarde.
 
En general, la polémica sobre la jornada escolar es el reflejo de la enorme diversidad de niños y circunstancias familiares y profesionales que se dan cita en el aula. Probablemente no haya un horario escolar mejor para todos los menores, sino para cada niño y familia en concreto.  Cada colectivo tiende a apoyar aquella iniciativa que mejor concuerda con sus intereses personales y de ahí que el horario escolar genere tanto debate.

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