Estudiar bajo los efectos de fármacos: ¿buenos resultados?

Administrarse fármacos para estudiar es cosa de muchos estudiantes y científicos como resultado de la falta de tiempo, de tener demasiada tarea que hacer y no poder fallar. El ansia por superar una prueba o examen lleva al ser humano a venderse a la farmacología y echarse en los brazos de sus encantos medicinales.

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Llegó febrero y con él, los exámenes; y con ellos, largas noches de cafeteras y estar en vela. En quince días el estudiante, principalmente universitario, debe superar entre cuatro y nueve exámenes -dependiendo del grado que se estudie- en poco más de dos semanas, tres a lo sumo. Pese a que toda la comunidad universitaria es consciente de que el éxito en los exámenes depende en buena medida de una perfecta planificación, lo cierto es que, en la mayoría de las ocasiones, muchos son los estudiantes que dejan para última hora el estudio de sus pruebas de febrero. Conseguir el éxito en las mismas supondrá conocer y ajustar la relación entre la cantidad de conocimiento que memorizar y el total de tiempo disponible para ello.


Y en ese momento, alrededor de 24 horas antes de la hora fijada para la prueba -48 en el mejor de los casos-, es en el que el estudiante se da cuenta de que no hay tiempo, que tiene demasiada materia para el escaso tiempo que le queda. En estos casos lo más habitual es, primero, agobiarse –“No llego, no llego, voy a suspender”- y segundo, hacer una cafetera para 16 y sentarse durante toda la noche a estudiar; bebidas estimulantes como el café, el mate o el té han sido, tradicionalmente, fieles compañeros de noches de estudio.


Sin embargo, no todo son infusiones. Entre los universitarios, de forma más o menos abierta, siempre se ha hablado de algunos medicamentos para mantenerse despierto toda la noche.  Jesús Pintor, bioquímico y profesor titular de Bioquímica en la Universidad Complutense de Madrid, explica que existen distintos complejos vitamínicos, como el Arcalión - derivado de la vitamina B1- o el Denubil, que ayudan a aumentar la resistencia y contrarresta la fatiga. “Existe desde hace mucho tiempo. La mayoría son complejos vitamínicos y te suben el tono general”, afirma sin penalizar su uso.


En numerosos foros y blogs que saltan en Internet al introducir “medicamentos para estudiar” son muchos los que solicitan consulta para saber qué deben tomar si tienen que preparar un examen, una oposición o una presentación, oral o escrita, en muy poco tiempo. Todoexpertos.com es uno de los primeros portales que aparece con respuestas personalizadas a los que piden consejo. “Soy estudiante y estoy en pleno período de exámenes”. Este internauta pregunta, precisamente, por la conveniencia de tomar los complejos vitamínicos citados por Pintor. “Estoy tomando ARCALION 200 para regular el sueño, DENUBIL para la concentración y REVOL Nutriment –un complemento vitamínico con lecitina de soja–. Además me han recomendado la Hidergina, aunque esto aún no lo he tomado. Me gustaría saber si es compatible con los medicamentos anteriores y cuál es el efecto concreto”. La familiaridad con la que habla de dichos medicamentos hace suponer que no es la primera vez que los utiliza.


El experto recomienda que tenga unos usos alimenticios equilibrados, tener un descanso adecuado y un aporte calórico suficiente para afrontar esa época. Cuando llega la hora de responder sobre la conveniencia de tomar suplementos farmacológicos, el experto es de la opinión que “una alimentación bien planteada, que incluya alimentos de todos los grupos en la frecuencia recomendada, cubre todas las necesidades de energía y nutrientes”, y hace que no sea necesario tomar ninguna clase de suplemento farmacológico.


No obstante, tampoco rechaza la ingesta de algunos preparados que agilizan el metabolismo cerebral y que no producen dependencia ni hábito, como el Arcalión 200 o el DENUBIL, que “se pueden conseguir sin receta y no tienen ninguna contraindicación”, aclara el bioquímico.


Sin embargo, para que este tipo de medicamentos hagan efecto deben comenzar a tomarse con cierta antelación, según asegura Pintor: “Los resultados se consiguen con periodos de tratamiento de semanas y no a corto plazo”. Otro de los componentes citados es la Hydergina, que actúa como un activador del metabolismo neuronal y de la circulación cerebral y un estimulante de la neurotransmisión cerebral central. La persona que se encarga de responder a través de la web alerta sobre la ingesta de este último: “El riesgo de aumentar los efectos adversos de estos medicamentos que actúan a nivel del riego sanguíneo  –mareos y vértigos– podrían alterar la forma de estudio y poner en juego tus exámenes”.


Jesús Pintor no se opone a servirse de algunos complejos vitamínicos -“incluso son anunciados en la tele”-­ para subir el tono general durante épocas de fatiga, pero al igual que los pedagogos de la Asesoría Psicopedagógica CDL-M Pedro Santamaría y  Jorge Casesmeiro, alerta de que el uso de ciertos psicofármacos “ha de ser siempre controlado por un médico, desde su prescripción hasta su retirada. La acción que estos medicamentos pueden ejercer sobre los distintos sistemas de nuestro organismo (nervioso central, cardiovascular, metabólico, respiratorio, sexual, etc.) precisa que su consumo sea pautado en todo momento por un facultativo debidamente acreditado”.


Y es que la cuestión de medicarse para estudiar, en ocasiones, va más allá de la simple toma de vitaminas que refuerzan el estado de ánimo. Las anfetaminas o su versión comercial Katovit, aquellas pastillas naranjas chatas, rulaban en residencias y pasillos de facultades durante muchos años. Originalmente, este medicamento “se diseñó para personas que estaban flojas y personas mayores”, asegura Pintor, y se vendía sin receta. En 2001, Katovit fue retirado del mercado.


Pintor asegura que, hoy, la posibilidad de conseguir medicamentos de ese calibre sin receta médica es muy reducida. “Ahora mismo está absolutamente controlado y es muy complicado que un estudiante universitario pueda acceder a este tipo de medicamentos, a no ser que tenga acceso a los medicamentos o alguien que le facilite las recetas necesarias”, y asegura que es mucha la gente que quiere conseguirlos.


Pero los universitarios no son los únicos que caen en la tentación de doparse para estudiar. Entre la comunidad científica, su uso y aprovechamiento está en auge (“y de forma más o menos velada se sabe que se consumen este tipo de fármacos”, asegura Pintor). Lo constata una encuesta realizada por Nature en la que un 20% de comunidad científica que es lectora de la revista confesaba que habían tomado medicamentos por razones no médicas para mejorar su atención. En definitiva, un secreto a voces.


El profesor de Bioquímica de la Complutense enumera a continuación tres de los medicamentos que, aun necesitando receta para conseguirlos, son los que más se consumen: el Ritalin o Concerta, que se usa para trastorno de déficit de atención, para que niños que sufran de hiperactividad puedan concentrarse; el modacinil o provigil, que se usa para los trastornos de sueño y fatiga, y el Adderall –“una anfetamina de toda la vida”, la califica Pintor-, que está diseñada para aquello que tienen que ver con trastornos del sueño y cansancio. También hace referencia a la familia de los betabloqueantes: “Te quitan el exceso de nerviosismo y, mayoritariamente, lo toman aquellos que deben hacer una intervención oral. No es tan usado por los universitarios, como por los opositores”.


¿Y qué es lo que lleva a decantarte por este tipo de sustancias? Las razones por las que los estudiantes se drogan para estudiar no son muy diferentes de las que llevan a hacerlo a los científicos.  En el estudiante es una cuestión de estrés. El alumno es consciente de que hay dos opciones: renunciar a una parte de las asignaturas o ir a por todas, y busca un refuerzo. En el caso del investigador, aunque en esencia es lo mismo, lo que más se busca es aumentar la necesidad de ganar en atención. Influye mucho la constante de la competitividad. Por ejemplo, a la hora de conseguir fondos, quien tenga las mejores ideas será quien se lleve el proyecto o la subvención”, explica Jesús Pintor.


 




[Efectos secundarios


de los fármacos para estudiar]


 

Efectos secundarios


Lucidez, tranquilidad, mayor capacidad para generar ideas… características todas ficticias, que duran lo que duran. Además, al funcionar a nivel cerebral, luego vienen los efectos secundarios –no hay que olvidar que estos medicamentos interrumpen el ritmo de sueño y eso puede alterar al consumidor–. “Si no controlas el uso puedas llegar al examen y quedarte en blando, o literalmente dormido cuando se pasa el efecto. Luego, cuando se han acabado los exámenes, no se consigue dormir bien, se sufre de hiperactividad, aumenta la irritabilidad o las alteraciones en el pulso”, asegura Pintor.


También pueden surgir otras consecuencias que tienen una explicación muy cerebral; la mayoría tienen efectos anoréxicos. Las zonas cerebrales donde reside la atención y la saciedad están muy próximas una de la otra, por lo que “algunos son utilizados para combatir enfermedades como la obesidad”. Además, debido a la fuerte dependencia que pueden generar en el consumidor, su venta y distribución están muy controladas, impidiendo que su venta se haga sin ningún tipo de control.


El equipo de pedagogos propone cómo actuar ante problemas de consumo de estimulantes: “Como pedagogos, nuestra tarea ante el uso inadecuado de psicofármacos es la de reconducir a sus consumidores hacia el sistema sanitario. De lo que se trata, en definitiva, es de corregir una mala educación farmacológica. En este sentido, hay una amplia labor de prevención y acompañamiento por hacer, un reto que creemos sólo tiene posibilidades de éxito mediante un enfoque multidisciplinar”.


De esta manera, encomiendan a los profesionales de la educación la labor de formar a los jóvenes en el cultivo de su propio potencial, mediante el desarrollo de hábitos saludables: “Quizá la respuesta al consumo de psicofármacos por parte de esos estudiantes no se encuentre tanto en lo que hicieron en esas últimas horas de estudio intensivo, sino en lo que habían dejado de hacer desde que empezó la asignatura”.


 

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