Aumentan las muertes por enfermedades profesionales en España

En 2007 se han producido 17 veces más muertes por enfermedades laborales (16.115) que por accidentes (841), y sin embargo en nuestro país las enfermedades laborales “se ocultan y no se reconocen”, denuncia CCOO.

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En España nadie muere a consecuencia de una enfermedad de origen laboral. Esto es lo que se deduce, al menos, del Anuario de Estadísticas Laborales y de Asuntos Sociales 2006 que publica el  Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Sin embargo, los datos recabados por el sindicato CCOO muestran una realidad bien distinta: el número de trabajadores fallecidos a causa de una enfermedad profesional ha pasado de 15.508 en 2006 a 16.115 en 2007. Los principales motivos de enfermedad fueron cánceres, y también de tipo cardiovascular y respiratorias.


 


Ante la polémica suscitada por CCOO, la Seguridad Social ha emitido un comunicado de prensa en el que aseguraba haber reconocido 377 pensiones por viudedad u orfandad derivada del fallecimiento del cónyuge o progenitor afectado por enfermedad profesional en 2007; 341, en 2006; 320, en 2005, y 290, en 2004. A pesar de todo, desde el sindicato se reafirman en su postura y piden que las estadísticas oficiales reflejen de forma clara las enfermedades profesionales con resultado de muerte. “Sólo así se podrá actuar con carácter preventivo, más que paliativo”, explican.


 


Pero, ¿cómo es posible que exista tanta diferencia entre unos datos y otros? El problema de las enfermedades profesionales es que pueden producirse incluso años después de la exposición al foco emisor y a veces es difícil demostrar que la enfermedad se debe a causas laborales. CCOO considera que la responsabilidad de la situación recae en las mutuas de accidentes de trabajo, que ocultan la realidad derivando a los enfermos al Sistema Nacional de Salud, el cual se hace cargo de un coste aproximado de 15.000 millones de euros al año que deberían asumir las mutuas.


 


Tratar a las personas afectadas por una enfermedad profesional como a un enfermo común impide que se reconozcan las causas que provocaron la enfermedad y que se pongan los medios adecuados para frenar el foco emisor. Es importante, por tanto, que los profesionales del Sistema Nacional de Salud sean capaces de reconocer los indicios de las diferentes enfermedades profesionales, explica CCOO, y que ante casos como estos se molesten en conocer los antecedentes laborales del enfermo, para buscar una posible relación entre la actividad desempeñada y la enfermedad.


 


Según la propia Seguridad Social, entre enero y agosto de este año, el Instituto Nacional de la Seguridad Social, a solicitud de los trabajadores, modificó la decisión de las mutuas en un 40% de los expedientes por incapacidad temporal (IT) al considerar que lo que las mutuas declaraban una IT originada por una enfermedad común en realidad se trataba de una IT por contingencia profesional. El no reconocer que se trata de una enfermedad laboral supone un perjuicio tanto para el trabajador como para su familia, ya que la determinación de la contingencia causante influye en el alcance, contenido y régimen de gestión de la protección dispensada.


 


En este sentido, UGT alerta de que si las mutuas continúan con la mala práctica de derivar al sistema público de salud, para ser tratadas como una enfermedad común, enfermedades profesionales, “el esfuerzo de negociación desarrollado por los agentes sociales para elaborar un nuevo Cuadro de Enfermedades Profesionales habrá quedado en papel mojado”.


 


En lo que a accidentes laborales se refiere, los datos oficiales son más positivos, ya que se ha registrado un descenso del 0,8% respecto al año anterior. De los 918.457 accidentes totales, 841 fueron mortales, un 11,2% menos que en 2006. El número de accidentes ocurridos en el trayecto de ida o vuelta al trabajo (97.381) aumentó un 6%, aunque en este caso el porcentaje de accidentes mortales ha supuesto un descenso del 12,6%.


 


 


La falta de seguridad laboral preocupa a Europa


 


El Parlamento Europeo (PE) ha aprobado recientemente, con 598 votos a favor, 20 en contra y 23 abstenciones, un informe presentado por la eurodiputada Glenis Willmott en el que reclama mayores esfuerzos para contribuir al objetivo del Ejecutivo comunitario de reducir el número de víctimas mortales en el ámbito laboral. Según Willmott, “la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el trabajo estima que, cada año, más de 140.000 personas mueren en la Unión Europea a causa de enfermedades laborales y que cerca de 9.000 mueren en accidentes relacionados con el trabajo. Estos datos significan que, cada tres minutos y medio, alguien muere en la UE por causas relacionadas con el trabajo”.


 


El informe propone reducir los accidentes laborales en un 25% en los próximos años, pero el PE también destacó que el problema de las enfermedades laborales no puede ignorarse y pidió la adopción de objetivos igualmente ambiciosos en este campo. Una de las propuestas que plantearon los europarlamentarios a la Comisión Europea fue la posibilidad de desarrollar la lista europea de enfermedades profesionales “en una directiva” comunitaria, al tiempo que le solicita nuevas propuestas para la elaboración de otra normativa comunitaria que aborde los trastornos musculoesqueleticos relacionados con dolores de espalda y las continuas lesiones por estrés.


 


En un comunicado, el Grupo Socialista en el PE ha celebrado la aprobación de este informe, aunque también mostró su indignación “después de que los eurodiputados conservadores y liberales votaran en contra de acciones europeas para el sílice cristalino, una sustancia que provoca cáncer y a la que están expuestos rutinariamente tres millones de trabajadores en la UE”.


 


Una mayoría de eurodiputados también rechazó una petición para el control de las nanotecnologías y para la evaluación de sus posibles riesgos para la salud. “Es una oportunidad perdida”, explica Willmott, “todo el mundo tiene derecho a trabajar en condiciones que respeten su salud y seguridad”.





Las enfermedades profesionales


 


En enero de 2007 entró en vigor el real decreto sobre enfermedades profesionales, que actualizaba una lista ya obsoleta que se aprobó en 1978, adaptándola a la recomendación europea, y que modificaba el parte y el procedimiento de declaración de las enfermedades profesionales.


 


Un análisis de las estadísticas del Observatorio de Enfermedades Profesionales de la Seguridad Social correspondientes al primer trimestre de 2007, muestra que la mayor parte de las enfermedades profesionales (87,4%) están causadas por agentes físicos. La edad más vulnerable a este tipo de enfermedades se sitúa en torno a los 40-44 años. De los 2.379 partes de enfermedad profesional emitidos en los primeros meses del año, 1.384 (58,18%) corresponden a hombres y 995 a mujeres (41,82%) y tres de cada cuatro partes supusieron la baja laboral.


 


Las enfermedades profesionales se agrupan en seis grupos según los agentes causantes : químicos, físicos, biológicos, por inhalación de sustancias y agentes no comprendidos en otros apartados, enfermedades de la piel causadas por agentes y sustancias no comprendidos en ningún apartado anterior y agentes carcinogénicos. Por géneros, los hombres, con el 50,19% son los más afectados por el grupo de agentes físicos, correspondiendo el 37,2% a las mujeres. En este grupo se produce el mayor porcentaje de bajas laborales por enfermedades profesionales con el 64,02%.


 


Según la actividad económica, el 49,66% de los partes de enfermedades profesionales con baja laboral corresponde a la industria manufacturera; el 12,6% al comercio, reparación de vehículos de motor y artículos personales y de uso doméstico; el 12,54% a la construcción; y el 8,59% a servicios empresariales.


 


 


Los trastornos musculares, una enfermedad a la orden del día


 


El problema más frecuente relacionado con el trabajo, tanto en España como en el conjunto de Europa, son los trastornos musculoesqueléticos (TME), que afectan a casi nueve de cada diez enfermos profesionales declarados. Aproximadamente un tercio del total de los accidentes de trabajo registrados con baja médica corresponden a dolencias dorsolumbares.


 


Los trastornos musculoesqueléticos se refieren a los dolores y lesiones de espalda y de las extremidades superiores, denominadas “lesiones por esfuerzos repetitivos”. La Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, realizada en el año 2007, muestra que cuatro de cada diez empleados sienten molestias imputables al trabajo en la zona lumbar, un 27% en la parte alta de la espalda e igual porcentaje en cuello y nuca, un 12% en brazos y un 7% en muñecas.


 


Las causas de estas patologías se encuentran en “movimientos repetitivos, cargas elevadas de trabajo, posturas forzadas y movimientos incómodos, y ausencia de tiempos de reposo adecuados”. En nuestro país, un 9% trabaja siempre o casi siempre en posturas dolorosas o fatigantes, el 7% debe ejercer una fuerza importante y un 28% realiza movimientos repetitivos de mano o brazo durante el trabajo.


 


Prácticamente el 85% son enfermedades por fatiga de vainas tendinosas (irritación de la membrana que cubre los tendones). Esta enfermedad se produce en codos, hombros o muñecas, debido a movimientos repetitivos, con o sin grandes esfuerzos. Le siguen en importancia, aunque a mucha distancia, las parálisis de los nervios de presión, con algo más del 10%, un trastorno que repercute en los brazos por acciones repetidas con carga. La lesión del menisco de las rodillas, que padecen los trabajadores que llevan a cabo tareas subterráneas, es la que menos se desarrolla (0,9%).


 


Por sexos, las enfermedades osteomusculares las padecen en mayor medida las mujeres, con un 89,6% frente a un 86% de los hombres. Las ocupaciones que desarrollan mayor número de trastornos musculoesqueléticos son los dependientes del comercio, con un 95%. Le siguen muy de cerca, con un 90%, los trabajadores no cualificados en los servicios, excepto transportistas; los cualificados de construcción; los cualificados de artes gráficas, textil y confección; los operadores de instalaciones y maquinaria, montadores y conductores; y los peones de agricultura, pesca y minería.


 


La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo denuncia que los TME, aparte de repercutir negativamente en la empleabilidad y la capacidad laboral de los afectados, reducen la rentabilidad de las empresas y aumentan además los costes sociales públicos. Para hacer frente  a estas dolencias el método más eficaz es la prevención, pero para los trabajadores que ya padecen este trastorno la recomendación de la agencia, en base a los resultados del estudio ‘Trastornos musculoesqueléticos de origen laboral: Informe sobre la vuelta al trabajo’, es que sigan trabajando o se reincorporen a su puesto si estaban de baja por enfermedad.


 


Y es que el mejor remedio para combatir el dolor de espalda, según se explica en el citado informe, es seguir activo y reanudar la actividad habitual lo antes posible, especialmente si se acompaña de otras acciones como una gestión clínica óptima o programas de rehabilitación.  


 


El aumento del estrés laboral dibuja un horizonte poco prometedor


 


Los dolores de espalda no son el único mal que amenaza a los trabajadores. El estrés laboral es el segundo problema de salud más común en el trabajo y es probable que aumente el número de personas que sufren dolencias relacionadas con el estrés provocadas o agravadas por el trabajo. En 2005, el estrés afectaba al 22% de los trabajadores de la UE y los estudios sugieren que entre el 50% y el 60% del total de las jornadas laborables perdidas está vinculado a este mal. En 2002, el coste económico anual del estrés de origen laboral en la UE-15 se estimaba en 20.000 millones de euros.


 


Un nuevo informe de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo revela que los principales riesgos psicosociales están relacionados con las nuevas formas de contratación laboral, la inseguridad en el puesto de trabajo, la intensificación del trabajo, una excesiva exigencia emocional, la violencia y el acoso en el trabajo y un desequilibrio entre vida laboral y personal.


 


Para Jukka Takala, director de la agencia, “la vigilancia y la mejora constantes de los entornos psicosociales de trabajo son necesarias para crear puestos de trabajo de calidad y conservar trabajadores en buenas condiciones”.


 


Relacionado con el estrés laboral, se encuentra el síndrome de ‘burnout’ o ‘estar quemado’, que se da en aquellas personas que para la realización de su trabajo están en relación con otras personas y entre sus síntomas se encuentra la percepción por parte del sujeto que lo padece de ver defraudadas sus expectativas. Por ello se da con frecuencia en profesiones como la medicina, e incluso hay especialidades más propensas que otras, como la oncología, al estar en contacto permanente con el dolor y la muerte. Aunque puede aparecer en cualquier momento, la mayor incidencia se da a partir de los cinco años de realizar la misma tarea. Los primeros signos denotan una disminución de la producción, una tendencia a la desorganización y un agotamiento emocional.


 


Para prevenirlo, los especialistas recomiendan una amplia serie de estrategias que pueden ponerse en práctica a nivel individual, como por ejemplo: incrementar la vida extra-laboral y los vínculos sociales, adquirir nuevos conocimientos (cursos de formación o colaboraciones), asumir mentalidad de grupo, incorporar actividades de entrenamiento en la resolución de problemas, establecer niveles de responsabilidad, etc.


 


Otras enfermedades profesionales


 


Las enfermedades de la piel son otro tipo de enfermedades profesionales. Aunque estas patologías tienen una tendencia descendente en los últimos años, durante el año 2005 se registraron 1.989 casos (13 casos por cada 100.000 trabajadores). Por otro lado, las hipoacusias por ruido, con 577 casos (4 por cada 100.000 trabajadores), han crecido ligeramente, mientras que el asma, con 232 casos (2 por cada 100.000 trabajadores), ha disminuido. Otras enfermedades a destacar, si bien ninguna de ellas llega a 1 caso por cada 100.000 trabajadores, son brucelosis (con 88 casos), silicosis (74), y hepatitis (15).


 


La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra en 200.000 las personas que mueren cada año por un tumor provocado por las malas condiciones en su lugar de trabajo. “Uno de cada 10 tumores pulmonares está íntimamente relacionado con riesgos en el lugar del trabajo”. Los asbestos, el benceno y otras sustancias carcinógenas causan cada año cientos de miles de muertes adicionales por cáncer en todo el mundo.


 


La OMS reconoce que este problema es especialmente grave en los países desarrollados, aunque las normativas cada vez más restrictivas en este terreno están trasladando muchos de estos procesos (relacionados con pesticidas o tintes industriales, por ejemplo) a países con legislación menos exigente. En lugar de trasladar el problema, la organización urge a los gobiernos y las empresas a equipar sus lugares de trabajo con las adecuadas medidas de seguridad y a evitar que los trabajadores entren en contacto con estos productos tóxicos.


 


Por otro lado, ciertas condiciones de trabajo suponen también un riesgo para las mujeres embarazadas. Desde el pasado mes de octubre, los empresarios pueden reducir un 50% su aportación en la cotización de la Seguridad Social por contingencias comunes, cuando las mujeres por riesgo durante el embarazo o la lactancia natural cambien de puesto de trabajo en la empresa. Esta bonificación sirvió de refuerzo al derecho de las mujeres al cambio del puesto de trabajo o el desarrollo de una función diferente para proteger su salud o la de sus hijos.


 


Esta bonificación también se aplica a los trabajadores afectados por una enfermedad profesional y que cambien de puesto de trabajo en los primeros estadios en que se detecta la enfermedad, de manera que se evite su exposición al riesgo hasta llegar a la incapacidad.


 


Más información:


 


CCOO


 


Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales


 


Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo


 


 


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