Un estudio analiza quiénes son los estudiantes que más cooperan

Conocer los problemas y conflictos que presenta la cooperación en la sociedad actual ha sido el objetivo del experimento a gran escala y en tiempo real organizado por la Universidad de Zaragoza, la Fundación Ibercivis y la Universidad Carlos III de Madrid con más de 1.000 alumnos. Un estudio que pone de manifiesto diferencias en el nivel de cooperación entre sexos y también por los estudios que se cursan.

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Estudiantes-grado-INECooperar es beneficioso para las personas que interactúan. Sin embargo, no todas presentan el mismo grado de cooperación. De hecho, los estudiantes de los bachilleratos de Humanidades y Ciencias de la Salud tienden más a cooperar que los que cursan el Científico Tecnológico. Una diferencia que se cifra en el 4%. [Ver cursos de Sociología]
 
Por sexos, también hay diferencias. Las chicas cooperan más que los chicos. En concreto, un 10% más. Sin embargo, no hay tanta divergencia en otras variables como el número de miembros en la familia y la procedencia geográfica, atendiendo a si residen en el medio rural o bien en el urbano.
 
Estas son las principales conclusiones de un experimento realizado por el Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza, la Fundación Ibercivis y la Universidad Carlos III de Madrid con un total de 1.303 alumnos de bachillerato de Aragón, quienes participaron en el que hasta ahora ha sido el mayor experimento científico-social online a gran escala y en tiempo real y que ha sido realizado para determinar los problemas y conflictos que presenta la cooperación en la sociedad actual.
 
Además, el experimento ha confirmado que la estructura de la red de interacción influye en el nivel medio de cooperación, pudiendo establecerse distintos niveles de cooperación en la red regular (aquella en la que todos los usuarios están conectados con el mismo número de compañeros o vecinos) y la heterogénea (en la que algunas personas están muy conectadas y otras lo están poco).
 
Este estudio – que partía de la hipótesis inicial de que la estructura de la población determina el nivel de cooperación entre los individuos-, ha permitido desarrollar la interacción de los alumnos de 42 centros de Educación Secundaria a partir de ‘El Dilema del Prisionero’, juego en el que se pone de manifiesto que el mayor beneficio para las personas que interactúan se produce cuando las dos cooperan, mientras que si una lo hace y la otra no, ésta última obtiene un mayor beneficio, lo que puede activar la posibilidad de aprovecharse de la cooperación con los demás. Además, si la tendencia se extiende, el resultado es que nadie coopera y nadie obtiene beneficios en consecuencia.
 
En su desarrollo se realizaron dos tipos de pruebas, cada una de ellas construida con una red distinta, ya sea la regular o la heterogénea, para comparar el comportamiento de los participantes cuando siempre interaccionan con los mismos vecinos o en los momentos en los que los compañeros son otros.
 
Este experimento ya había sido realizado anteriormente por la Universidad de Harvard con 120 participantes y por la propia Universidad Carlos III con 169 participantes, dando como resultado en el caso de la universidad madrileña que nunca se alcanza una situación en la que la mayoría de la gente coopere porque una buena parte de las personas nunca coopera o bien lo hacen dependiendo de la decisión de sus vecinos e, incluso, de su estado de ánimo. De esta manera, destaca el hecho de que hay distintos tipos de personas: un 5% intenta ayudar siempre a sus vecinos, un 35% nunca lo hace y el 60% coopera según el estado de ánimo o dependiendo de lo que hagan sus vecinos.
 
En Aragón, el experimento se realizó el 20 de diciembre en el Espacio Zaragoza Activa de la capital zaragozana. En él se contó con la presencia de Francisco Marcellán, director de Departamento de Matemáticas de la Universidad Carlos III de Madrid; Miguel Ángel García, director general de Investigación e Innovación de Gobierno de Aragón; Ricardo Cavero, director general de Ciencia y Tecnología del Ayuntamiento de Zaragoza; María Luis Borado, directora de los Centros Culturales de Ibercaja en Zaragoza; Alfonso Tarancón, director de BIFI y Yamir Moreno, secretario científico del BIFI y coordinador del experimento, que también estuvo coordinado por José A. Cuesta y Anxo Sánchez, del Grupo Interdisciplinar de Sistemas Complejos (GISC) y catedráticos de Matemáticas de la Universidad Carlos III de Madrid.
 
Además, se contó con la colaboración del programa Ciencia Viva del Gobierno de Aragón como organizador de todos los centros públicos participantes y de Hewlett Packard, la Obra Social de Ibercaja, el Ayuntamiento de Zaragoza, el Ámbito Cultural de El Corte Inglés y el Gobierno de Aragón como patrocinadores.
 
Los centros educativos participantes fueron Goya, Pedro de Luna, Miralbueno, Ramón Pignatelli, Miguel Servet, Jerónimo Zurita, Miguel Catalán, José Manuel Blecua, Andalán, Pablo Gargallo, Avempace, Francisco Grande Covián, Fundación San Valero, Luis Buñuel, Ramón y Cajal, Pablo Serrano, Azucarera, Liceo Europa, Teresiano del Pilar, Sansueña, O.D Santo Domingo de Silos, Sagrado Corazón, Escuelas Pías, Británico de Aragón, San Alberto Magno, El Pilar Maristas, La Salle Gran Vía, Pirámide, Sierra de Guara, Conde de Aranda, Bajo Cinca, Salvador Victoria, Matarraña, Zaurín, Biello Aragón, Gallicum, Río Arba, Rodanas, Ángel Sanz Briz, Valle de Jiloca, Benjamín Jarnés, , y el colegio Santa Rosa-Altoaragón.
 
 

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Más información:
 
Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza

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