Talento y altas capacidades: la cuestión de los niños superdotados

El concepto de niño superdotado no es algo nuevo, como tampoco lo es el interés y la preocupación sobre su educación. Todos, en algún momento, hemos escuchado esta expresión en los medios y sabemos algo, siquiera superficialmente, de la problemática asociada a estos escolares de talento y capacidades elevadas que en muchos casos no se cultivan por falta de una adecuada canalización educativa.

Esther Riobó Redacción Aprendemas - 17/11/2008

Talento y altas capacidades: la cuestión de los niños superdotados

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a una persona superdotada como aquella que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130. Se estima que un 2% de los niños reúnen los requisitos para ser considerados como superdotados.

 

Muchos expertos coinciden en que la edad adecuada para diagnosticar a un niño superdotado se sitúa entre los cuatro y ocho años de edad. Las principales características de estos pequeños son capacidades como adquirir y manejar una gran cantidad de información, excelente memoria, manejo de sistemas abstractos de símbolos, curiosidad intelectual, necesidad de estímulo intelectual y un largo etcétera. Además, suelen ser muy maduros en comparación con otros niños de su misma edad.

 

La creatividad parece ser también uno de los rasgos distintivos de la sobredotación o al menos, tal es la conclusión a la que el equipo del profesor Juan E. Jiménez, de la Facultad de Psicología de La Laguna, ha llegado tras el estudio realizado a 634 niños canarios de entre 1º y 4º de primaria. El análisis concluye que existe una relación entre las altas capacidades intelectuales y un grado alto de creatividad, si bien puede darse el caso de personas muy creativas que no presentan una capacidad extraordinaria.

 

Otros estudios respaldados por las modernas tecnologías de diagnóstico como las técnicas de neuroimagen muestran que a nivel biológico, existen diferencias en la organización cerebral de los superdotados. Las áreas de funcionamiento cerebral de alto nivel están especialmente desarrolladas en este tipo de personas, con especial incidencia en la corteza cerebral. Algunos resultados apuntan a que los grupos neuronales de la corteza prefrontal de estos niños son mucho más flexibles que en el resto de personas, lo que les permite desarrollar tareas nemotécnicas, comparativas o lógicas impropias de su edad.

 

Como nota curiosa, hay investigaciones que han concluido que los padres de estos niños suelen tender a ser personas cálidas y sensibles que permiten a sus hijos expresarse, son poco amigos de aplicar reglas rígidas y estimulan la creatividad con la lectura y los juegos.

 

La superdotación no se manifiesta de forma única ya que existen varios tipos de superdotados. El talentoso, por ejemplo, sería aquel que ostenta una capacidad muy destacada en una materia concreta, como la Lengua, las Matemáticas, la Música o las Artes Gráficas. El precoz muestra un desarrollo acusadamente temprano en un área determinada; los niños que empiezan a andar a los 9 meses en lugar de a los 12 o 15, como es lo habitual, estarían dando pruebas de un precocidad en el desarrollo motor. El niño prodigio, por otra parte, es aquel capaz de realizar una actividad totalmente fuera de lo común para su edad; tal sería el caso, universalmente conocido, de Mozart en su infancia. El genio, por último, que antiguamente se medía por poseer un coeficiente intelectual superior a 180, hoy se define como aquella persona capaz de lograr una obra genial, valga la redundancia, como combinación de su capacidad extraordinaria  y su compromiso con la actividad de que se trate.

 

La detección del talento

 

Uno de los grandes problemas a la hora de asumir la tarea de proporcionar una educación adecuada a estos niños radica en su identificación temprana. Según datos de un informe publicado en 2006 por el Centro de Investigación y Documentación Educativa del hoy Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, bajo el título Alumnos precoces, superdotados y de altas capacidades, el número de alumnos superdotados en el Estado español ascendía en el año 2000 a 300.000 alumnos, de los cuales tan solo se habían identificado 2.000. Traducido a términos porcentuales, eso supone que nada menos que el 99,4% de estos perfiles pasaron desapercibidos en las escuelas.

 

Las oportunidades que un niño con altas capacidades intelectuales tiene para demostrar determinadas habilidades con frecuencia son muy limitadas en el ámbito de la enseñanza obligatoria. Esto implica que, desafortunadamente, un elevado número de jóvenes no terminará los estudios y un alto porcentaje no accederá a la universidad, a pesar de la paradoja de su capacidad para triunfar en ella con poco esfuerzo.

 

En palabras de Francisca Valle Lázaro, autora de un estudio en profundidad para la implementación de una Escuela de Talentos dirigida desarrollo curricular de superdotados "el hecho de no desarrollar sus capacidades, además de provocar frustración, repercute en la pérdida de talento a nivel nacional. Nuestro tejido empresarial tiene grandes dificultades para encontrar personas capaces de aportar nuevas ideas y conceptos. El fomento de la capacidad de los superdotados sin duda incidiría en el I+D español. El sistema de educación actual iguala a los niños a la baja y el proyecto de cambiar ese enfoque, aunque ambicioso, merece la pena".

 

La escasa preparación del profesorado en este ámbito es uno de los factores que incide en el bajo grado de localización de alumnos de altas capacidades ya que, si bien es cierto que existen herramientas adecuadas para el diagnóstico, no lo es menos que también se necesitan docentes capaces de implementarlas.

 

Una de las herramientas de mayor alcance que existen para la detección del talento y las altas capacidades es el Test SCAT (School and College Abilities). Esta prueba mide habilidades verbales y cuantitativas, proporcionando información esencial  a la hora de decidir sobre el tipo de formación más adecuada. El SCAT evalúa las habilidades y capacidades del alumno en relación con otros compañeros de la misma o mayor edad y puede utilizarse en combinación con otras pruebas.

 

La herramienta está diseñada para medir el aprendizaje acumulado y tiene dos partes, una verbal, que pondera la compresión de las palabras y las relaciones que entre ellas se establecen, y otra matemática, que consiste en la comparación de dos magnitudes matemáticas estableciendo si una es mayor, menor o igual que la otra o si no hay información suficiente para responder.

 

La evaluación, además, puede realizar en dos niveles. El in-level testing proporciona información sobre las habilidades del estudiante en relación con otros alumnos de su mismo curso. Suele ser la indicada cuando los resultados académicos de un estudiante son normales o buenos, pero no excepcionales. El above-level testing mide las capacidades del evaluado en relación con alumnos de cursos más avanzados y se recomienda en casos donde hay evidencias de habilidades excepcionales.

 

Otra de las ventajas de esta forma de evaluación es que permite conocer el nivel de competencia de todos los que la realizan, no sólo de los más capaces. La herramienta fue desarrollada por expertos del Educatinal Testing Service de la universidad de Princeton y es en la actualidad propiedad del CTY de la Universidad John Hopkins. En España, puede contratarse a través de CTY España.

 

Existen, asimismo, otros test como el de Stanford-Binet o la Escala Weschler de Inteligencia para niños. El primero de ellos fue realizado por Alfred Bidet, que diseñó un listado de preguntas clasificadas por rango de edad. La idea de base era que si el 75% de los niños de una determinada edad podía contestar con éxito a una pregunta en concreto, entonces se le atribuía una característica a esa edad. El principio que regía la prueba era por tanto el de edad mental. A pesar de que existe un debate sobre su validez, es una prueba que se ha utilizado en muchas ocasiones mostrando ser bastante fiable.

 

La Escala Weschler de Inteligencia para niños fue originariamente creada para evaluar la inteligencia en adultos, pero se modificó posteriormente para adaptarla a los niños. A diferencia del anterior, este test sigue un principio conductual, partiendo de la idea de que la inteligencia se manifiesta en la conducta por medio de la comprensión, el establecimiento de analogías, el manejo del lenguaje o el razonamiento aritmético. Es una prueba que pondera comportamientos verbales y manuales.