Especial Mujeres 2009 – 2010
 
Descárgate el Especial Nuevas Tecnologías 2009 en PDF
Ir a :

En primera persona
Un día en la vida de una directiva y una presidenta


Sara Baeza e Inger Berggren son dos mujeres que han vivido diferentes épocas en España, y que hoy comparten una sociedad más igualitaria conseguida con mucho esfuerzo. Pero aún en la lejanía tienen una visión: desarrollarse como mujeres y trabajadoras, para estar felices y ajustarse a las necesidades de su familia pero sin renunciar a nada.

Jarea Satué

Sara asegura que hace “encaje de bolillos” para conseguir cuadrar la hora a la que sale de la oficina con llegar a casa para ver a su hija. Inger, “ahora tengo a mis hijos muy mayores y de momento no tengo nietos, y mi pareja comparte conmigo todas las tareas”, asegura vivir ahora muy tranquila, en comparación con los años posteriores a su llegada a España, 1985, en los que nuestro país gozaba de poca igualdad y ninguna medida para llevarla a cabo.

 

Parece ser que fue entre los años cincuenta y sesenta, cuando se produjo, tal vez por primera vez desde el comienzo del franquismo, “un ligero incremento” de la tasa de empleo femenino en España, que por aquella época era muy baja, según expone Jacinto Rodríguez Osuna en su artículo Evolución de la población activa, ocupación y paro en España 1976-1996.

Cuántas mujeres trabajaban en España se desconoce, pues no fue hasta el año 1976 cuando se empezaron a utilizar “cifras homologadas”, lo que permitió su posterior comparación y estudio. En el año 1982, la tasa de empleo femenino era del 32’8%, mientras, en Suecia, hacía 12 años que el porcentaje de madres que trabajaban rozaba el 50%.
 
Por aquel año, Sara tenía seis años, y todavía estaba lejos de convertirse en la mujer y madre trabajadora que es hoy. A sus 39, tiene una niña “preciosa”, está casada y es la directora de Comunicación de Adecco. Por la mañana es su marido quien lleva a la pequeña al colegio, porque ella entra a trabajar a las 9; las posibilidades de que tenga una comida de trabajo son tres de cuatro, y a las 7 de la tarde sale de la oficina para llegar a casa a ver y jugar con su hija antes de que se vaya a dormir: “Voy milimetrada, pero la verdad es que me da tiempo a todo. Cuanto más haces, más quieres hacer, a todo se acostumbra una”. Además, su marido comparte con ella las tareas del hogar, aunque cree que sigue imponiéndose la idea de “ayudar un poco”. Se turnan si hay que ir a recoger a la niña al colegio y ambos recogen en casa.

En otro país de Europa, Suecia, también en el 76, la hija de Inger estaba a punto de nacer y su hijo mayor ya tenía cuatro años. Posteriormente, en 1985,  se trasladó a vivir en España, donde tres años después creó el Banco Mundial de la Mujer, del que es su presidenta desde su fundación. Desde entonces no ha parado y celebra lo tranquila que es su vida ahora. Inger Berggren asegura haber sido muy afortunada, o “he escogido muy bien a mis maridos” –entre risas–, porque tanto su primer esposo como su actual pareja “han sabido y han hecho más cosas en casa que yo”. Con su primer marido, ambos se repartían las tareas de la casa: recoger, atender a los niños o cocinar, aunque confiesa que aprendió a cocinar con un libro de recetas… Inger entraba a trabajar a las 10 y llegaba a casa sobre las seis. Su marido entraba más temprano que ella y terminaba su jornada laboral sobre las dos. Entonces era él quien recogía a los niños.

Pero, además, también se repartirían la baja por maternidad y paternidad cuando naciera su hija. En aquellos años, las madres y padres suecos disfrutaban de 18 meses de baja por el nacimiento de cada uno de sus hijos ­-en la actualidad disponen de 96 semanas- y el tiempo de baja debía ser repartido entre ambos progenitores. Mientras, en España, hemos avanzado hasta disponer de 16 semanas. Sara opina que debería ser ya más habitual que más padres cogieran las bajas por paternidad, aunque de momento sólo dispongan de 15 días –no será hasta 2010 cuando se amplíe el permiso de paternidad a cuatro semanas-.

Encontrarse con la sociedad española del año 85 fue “un shock”. Lo que más sorprendió a Inger fue que muy pocas mujeres trabajaban fuera de sus casas. “Venía de un país en el que estaba acostumbrada a que, incluso en la generación de sus padres, hombres y mujeres trabajaban por igual”, y recuerda la intranquilidad con la que vivía cuando sus hijos se ponían enfermos y debía salir del trabajo para recogerlos.

La diferente organización del trabajo, tanto el suyo como el de su marido, supuso para Inger un esfuerzo extra: “En Suecia era todo más sencillo, pues ahí tenía a mi familia que me ayudaba. Además, mi marido tenía más responsabilidad en el trabajo y no podía coger ni un día ni unas horas”. Los fines de semana, sin embargo, él se encargaba de muchas tareas de la casa, pero también los hijos de Inger asumían sus responsabilidades. “Mis dos hijos han ayudado mucho en casa, porque no había otra salida. Yo no tenía tiempo para planchar la ropa, y si querían ir con la ropa planchada tenían que aprenderlo, y aprendieron con siete u ocho años”, afirma con abrumadora normalidad. “Aunque también es verdad que en España se plancha mucho más que en Suecia”.

Inger ha visto evolucionar la sociedad española durante los últimos 25 años. El último informe Eurostat sitúa la empleabilidad de la mujer en un 59’1% en 2008. Asegura ver a muchos padres yendo a buscar a sus hijos a la guardería o al colegio, o haciendo la compra, “eso hace 20 años no lo veías”. Pero el concepto de corresponsabilidad todavía queda lejos. “En la mayoría de los casos, los hombres ‘ayudan un poco”.

Cuando habla de sus hijos, “no he visto a nadie que planche tan bien como mi hijo”, muestra una serenidad llena de confianza en los tiempos que vienen. Inger apela al aprendizaje individual -“Cuando me casé, no sabía cocinar, y me compré un libro de recetas y empecé con la A… y así lo han hecho mis hijos, y son grandes cocineros también. Hay que dejar que ellos solos… no puedes hacer todo por ellos. Hay muchos chicos que en sus casas no hacen sus camas ni recogen”- y también a que sean todos los miembros de una casa los que compartan las tareas. “Además, pueden empezar a planchar con ocho años perfectamente”.

Sara tiene una persona que le ayuda con el mantenimiento del hogar, que va a recoger a su hija al colegio y que está con la pequeña hasta que ella llega a casa. Una profesión, la nana o cuidadora, que en 2008 alcanzaba la cifra de 270.000 de empleados -el 94% mujeres, y más del 60% de origen extranjero- y que se va imponiendo, junto con la opción de dejar a los niños con los abuelos, como solución para conciliar la vida laboral y familiar. Sara asegura que una mayor flexibilidad del puesto y el horario de trabajo facilitaría mucho las cosas, el tan ansiado teletrabajo se resiste, pero cuando tiene trámites o asuntos que atender, lo hace según venga el día. Si tiene que resolver unos papeles intenta hacerlo antes de entrar a trabajar, o por Internet, o “va mi marido”. Aunque si todo se pone en contra, “es cierto que no tengo problema para salir un momento de la oficina para resolver una gestión personal. Luego, a lo mejor vas un poco más apurada, pero nunca he dejado nada si hacer”. 

A veces se plantea el que pudiera ir a recoger a su hija al colegio y pasar más tiempo con ella, o poder ir a verla a jugar a padel –“un día pude ir y se puso súper contenta, cómo no vas a planteártelo, es imposible”- pero Sara también intenta que esas dos facetas, de madre y trabajadora, estén plenas, “procuro que ella esté satisfecha con su vida y yo  con la mía, y si yo estoy bien, eso repercutirá positivamente en ella”. Por eso de donde más tiempo recorta al día es de su círculo social, aunque sus amigos están en la misma situación que ella, “por eso hemos quedamos para otras cosas, planes con niños”.

Sara es una férrea defensora de la igualdad efectiva, piensa que es bueno que una ley obligue a que los partidos políticos y las empresas cumplan la paridad. Esto, que hoy es necesario regular por ley, mañana ya no será visto como una obligación”. Sólo será algo normal.

Más información:



Evolución de la población activa

Adecco

Banco Mundial de la Mujer

Informe Eurostat

 

 
Descárgate el Especial Nuevas Tecnologías 2009 en PDF
Ir a :