| Especial Mujeres 2009 – 2010 | ||
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Jarea Satué
A los 16 años, la tasa neta de escolarización femenina de 2008 en el conjunto de enseñanzas superaba en casi seis puntos porcentuales a la masculina (90,6% en mujeres y 84,8% en varones) y a los 17 años la diferencia es aún mayor (81,1% en mujeres y 70,6% en varones). Así pues, no debe preocuparnos que los porcentajes de alumnas que estudian tengan que ser mayores que los de los chicos, porque ya lo son. Según un informe del Instituto de la Mujer, durante el curso 2006-07, las mujeres representan el 48,5% del alumnado matriculado en las enseñanzas obligatorias (Educación Primaria y ESO), porcentaje de participación menor que el del alumnado matriculado masculino debido a la estructura por sexo y edad de la población. Esta situación se invierte en las enseñanzas postobligatorias, donde la presencia de la mujer aumenta representando el 51,5% del alumnado de Bachillerato y Formación Profesional, especialmente debido a su mayor peso en el Bachillerato (54,7%), y tiene una participación del 54,2% en el alumnado correspondiente a Enseñanza Universitaria.
Para corregir estas desigualdades, el Ministerio que dirige Bibiana Aído ha firmado sendos convenios con FETE-UGT y el Ministerio de Educación con el objetivo de implementar una serie de medidas que promuevan la igualdad efectiva entre hombres y mujeres en todos los centros escolares (colegios, institutos y universidades). Aprender a que un colegio o instituto eduque en igualdad requiere distintas acciones, “cómo se deben distribuir los horarios, cómo organizar la participación, cómo incorporar un lenguaje no sexista. Además, se enseñará a los chicos cuáles han sido las mujeres más importantes de la historia, se concienciará sobre la violencia de género y se enseñará a cómo trabajar el tema de la imagen corporal sin que suponga para las mujeres un atentado contra la dignidad, como forma de prevención de trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia”, explica Luz Martínez, secretaria de Políticas Sociales de FETE-UGT. También en las universidades habrá programas específicos que contarán con la creación de los observatorios de Igualdad, como centro dinamizador de los planes de igualdad diseñados por todas las universidades. Antes de diseñar el plan se hará un diagnóstico de la situación concreta de la institución: qué ocurre, cuantas alumnas y alumnos hay según la rama de conocimiento, cuantos profesores y profesoras y su relación contractual con la universidad, cuanto personal de servicios, cargos de dirección por sexo, etc… Por el momento, un grupo de trabajo junto a la Unidad de Mujer y Ciencia está diseñando los indicadores de cada una de las universidades para tener un formato común y ver las necesidades de cada centro; “luego, se diseñarán los planes de intervención que puedan paliar los desajustes por género que nos muestran los diagnósticos que estamos analizando”, apunta Yolanda Aguado, profesora del departamento de Sociología I de la UNED. Desde FETE-UGT se apunta como problema el que muchos aspectos se dan por sabidos, pero que nunca hasta ahora se habían incluido en el currículo escolar. Para contrarrestar esta falta de información, sobre todo presente en los centros escolares de Primaria y Secundaria, se repartirá material de sensibilización para formar también al profesorado, además de al alumnado. Los materiales didácticos para estos últimos se han elaborado adaptados a las diferentes etapas educativas, incluyendo las etapas de infantil y primaria, “para que desde muy pequeños se eduquen en valores de género”.
Esa falta de educación favorece que, pese al aval que supone la Ley de Igualdad para el desarrollo paritario de la sociedad española, en muchas ocasiones, por costumbre, en materia de educación se actúe bajo la sombra de viejos estereotipos que hacen que los jóvenes no se relacionen en igualdad. De hecho, Yolanda Aguado es de la opinión de que no hay una percepción de los comportamientos machistas que se reproducen de manera constante en nuestra sociedad. “Lo más complicado es percibir los desequilibrios, y si no ves el problema cómo vas a ver las soluciones”, asegura. Yolanda da a entender que vivimos en una falsa idea de una sociedad igualitaria. “Los jóvenes de hoy no perciben la desigualdad porque han tenido las mismas oportunidades que sus compañeros a la hora de estudiar y de acceder a la universidad”. Es, sin embargo, conforme se avanza y se llega a la vida profesional cuando comienza a aparecer ese techo de cristal que ofrece unas cifras de mujeres en puesto de responsabilidad y gestión muy inferiores a las que ostentan sus compañeros varones. Es más, no sólo no perciben la desigualdad sino que repiten conductas y patrones propios de una sociedad patriarcal: “Seguimos viendo conductas repetitivas tanto a la hora de escoger un estudio universitario de una rama determinada como a nivel de conducta en su vida personal. Hablas con las jóvenes y son muchas las que piensan que son ellas las que deben ocuparse de la doble jornada. Los roles se mantienen”. La propia ministra de Igualdad, Bibiana Aído, instó en la presentación del I Foro Internacional de Juventud y Violencia de Género a que los jóvenes aprendan a identificar las relaciones desigualitarias. Sin embargo, no ha sido ni mucho menos en vano la lucha iniciada por multitud de colectivos, organizaciones e instituciones, públicas y privadas, a lo largo de los últimos diez años. Carmen Mañas asegura que en esta última década se ha conseguido que “toda la comunidad universitaria se manifieste con una postura clara y rotunda en contra de la violencia de género y a favor de la igualdad de oportunidades”. Con respecto a los resultados, asegura que los mejores resultados a corto plazo se han conseguido “en el desarrollo de la sensibilidad social. Hoy la lucha por la igualdad ha saltado de la agenda de los políticos a la agenda del trabajo y del desarrollo”. Concretamente en los resultados conseguidos a medio plazo, sitúa los logros de la docencia, “garantizando que la violencia de género y el abordaje de las relaciones de género asimétricas están presente en las aulas. A largo plazo la investigación desarrollada en estos diez años, recogida en nuestras publicaciones, pone de manifiesto la necesidad de seguir insistiendo en el conocimiento como vía fundamental que guíe la renegociación del espacio público y privado de las personas”. Más información:
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